sábado, 28 de marzo de 2026

La zorra y las uvas: la mentira que nos contamos a nosotros mismos

 



La zorra y las uvas: la mentira que nos contamos a nosotros mismos

 

 

 

Hay una forma de mentira que no necesita engañar a nadie. Basta con que nos convenza a nosotros mismos. Y eso es lo inquietante, porque aquí no hay nadie más a quien convencer.

Y sin embargo, el engaño ocurre.

Pocas historias lo muestran con tanta claridad como una fábula bien conocida: La zorra y las uvas.

sábado, 21 de marzo de 2026

El emperador está desnudo: la mentira que todos ven

 




El emperador está desnudo: la mentira que todos ven

 

 

Hay situaciones curiosas que todos hemos experimentado alguna vez. Algo ocurre delante de nosotros, todos lo vemos, es evidente… y sin embargo nadie dice nada. No porque sea complicado, sino porque nadie quiere ser el primero en señalarlo.

Los ingleses tienen una expresión muy gráfica para describir esto: the elephant in the room, el elefante en la habitación. Un problema enorme, visible para todos, pero del que nadie habla.

domingo, 15 de marzo de 2026

Individuo o persona: una pregunta clave para entender al ser humano

 



 


Individuo o persona: una pregunta clave para entender al ser humano

 

En una conversación reciente en Tinta y Caos, el filósofo Juan Manuel Burgos abordó una cuestión fundamental de la antropología filosófica: la diferencia entre individuo y persona.

A primera vista puede parecer una distinción menor. Sin embargo, de ella depende en gran medida cómo entendemos al ser humano, la libertad, la sociedad y el sentido de nuestras relaciones.

sábado, 7 de marzo de 2026

El sentido común: lo que mantiene unido el mundo

 




  

El sentido común: lo que mantiene unido el mundo

 

Decimos con frecuencia: “eso es de sentido común. Lo decimos como si el sentido común fuese algo evidente, estable, casi incuestionable. Sin embargo, basta mirar un poco hacia atrás para descubrir algo curioso: el sentido común cambia.

Lo que parecía evidente hace cincuenta años hoy puede resultarnos extraño. Y lo que hoy nos parece indiscutible quizá dentro de unas décadas ya no lo sea. Entonces surge la pregunta: ¿qué es exactamente el sentido común?

¿Es lo que piensa la mayoría?

¿Es una especie de hábito colectivo?

¿O se trata de algo más profundo?

 

El sentido común según Aristóteles

Para aclarar la cuestión conviene retroceder hasta Grecia. Aristóteles utiliza la expresión koiné aisthesis, que solemos traducir como “sentido común”. Pero en el filósofo griego esta idea no se refiere todavía a opiniones o comportamientos humanos.

Tiene que ver con la percepción.

Nuestros sentidos captan datos distintos de la realidad: el color lo percibimos con la vista, el sonido con el oído, el movimiento con otros sentidos. Pero en nuestra experiencia cotidiana esos datos no aparecen aislados. Hay algo que los integra.

Gracias a esa integración podemos decir: esto es un perro.

El sentido común, en este primer nivel, es precisamente esa capacidad de unificar los datos dispersos de la experiencia.

Los datos por sí solos son fragmentos. El sentido común construye con ellos un mundo coherente.

 

El saber que sostiene el juicio

Pero hay un elemento más.

Para poder integrar esos datos necesitamos un saber previo. Si vemos un animal desconocido quizá podamos describir su tamaño o su color, pero no sabremos qué es exactamente.

El sentido común se apoya en la experiencia acumulada.

Por eso ocurre algo muy interesante: quien sabe más ve más.

Donde unos ven simplemente un perro, otros ven un perro amistoso o un perro peligroso. Los datos son los mismos. Lo que cambia es la comprensión que los integra.

El sentido común, por tanto, no es sólo una facultad psicológica. Es también una sabiduría heredada, una sedimentación de experiencia que recibimos de quienes nos precedieron.

Aprendemos a movernos en el mundo porque alguien nos ha enseñado antes cómo hacerlo.

 

El sentido común cambia con el tiempo

Esa sabiduría compartida no es idéntica en todas las épocas.

Pensemos en Telémaco, el hijo de Ulises. Para un joven griego de la Antigüedad, formarse significaba prepararse para combatir, gobernar y hablar en la asamblea. Ese era el modo razonable de convertirse en adulto.

Hoy aconsejamos algo distinto a nuestros hijos: estudiar, formarse, encontrar un trabajo, situarse en la vida.

En ambos casos hablamos de sentido común. Pero es evidente que el contenido del sentido común ha cambiado.

El sentido común evoluciona lentamente, al ritmo de la experiencia histórica de las comunidades humanas.

 

Cuando el sentido común se queda corto

Sin embargo, la modernidad introduce una dificultad nueva.

El sentido común actual suele decirnos que una vida lograda consiste en estudiar, trabajar, integrarse en la sociedad y cumplir nuestras responsabilidades.

Pero la literatura a veces revela que esa integración puede ser insuficiente.

Kafka lo muestra de manera magistral en La metamorfosis. Gregor Samsa ha hecho todo lo que se espera de él: trabaja, sostiene a su familia, cumple con su deber. Y, sin embargo, un día despierta convertido en un insecto.

La imagen es brutal, pero apunta a algo inquietante.

Quizá una vida puramente funcional —trabajar, producir, sostener el sistema— no basta para ser plenamente humano. Quizá el sentido común de nuestra época ha reducido la vida a un mecanismo eficiente, pero incompleto.

 

La batalla por el sentido común

Hay todavía un problema mayor.

Durante siglos el sentido común cambió de forma orgánica, lentamente, a través de la experiencia colectiva. Pero en el mundo moderno se ha descubierto que ese marco puede ser diseñado.

Antonio Gramsci habló de la hegemonía cultural: el lugar donde se decide qué es lo que la sociedad considera razonable.

George Orwell imaginó en 1984 un mundo donde incluso las evidencias más básicas podían ser alteradas. Allí el poder podía obligar a aceptar que 2 + 2 son 5.

No porque los datos hayan cambiado, sino porque el marco desde el que los interpretamos ha sido manipulado.

En ese momento el sentido común deja de brotar de la experiencia compartida y pasa a ser administrado, manipulado.

Y cuando eso ocurre el mundo empieza a fragmentarse.

 

Recuperar el contacto con la realidad

¿Hay salida?

Quizá la tarea no sea inventar un nuevo sistema de ideas. Quizá sea algo más sencillo y más exigente: volver a la realidad.

Volver a escuchar a quienes saben de aquello sobre lo que hablan. Distinguir entre quien tiene experiencia y quien sólo repite consignas.

Si el sentido común es lo que mantiene unido el mundo, entonces nuestra tarea consiste en reconstruir esa unidad a partir de la experiencia real.

Porque cuando esa unidad se pierde, el mundo no desaparece. Siguen existiendo palabras, opiniones, discursos.

Pero ya no hay mundo compartido.

Ya no hay sentido.

 

 

🎥 Este artículo desarrolla las ideas del siguiente vídeo del canal Tinta y Caos:


https://youtu.be/xnxrn7jrDME


Si te interesa explorar cómo la literatura nos ayuda a comprender la vida, puedes suscribirte al canal o compartir este artículo.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Cuando el dato no basta

 




Cuando el dato no basta

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

Hay épocas en las que abundan los datos y escasea la comprensión. Se publican estadísticas, se desclasifican documentos, se acumulan cifras que describen con creciente precisión lo que ocurrió.

Pero saber más no equivale necesariamente a entender mejor. Quien ha sufrido fiebre, vómitos y dolor de cabeza sabe que los síntomas, por evidentes que sean, no constituyen todavía un diagnóstico: una indisposición pasajera y un embarazo pueden compartir señales, y no significan lo mismo. También en la vida económica acumulamos cifras, indicadores y proyecciones. Pero el dato, por preciso que sea, no sustituye al juicio que lo interpreta.

sábado, 28 de febrero de 2026

El error de querer empezar desde cero

 




El error de querer empezar desde cero

Niño, hijo y la crisis moderna de la identidad

 

 

 

Una de las ideas que define buena parte de la modernidad es esta: podemos empezar desde cero. No debemos nada a nadie. Somos nuestro propio origen: somos lo que decidimos y hacemos con nuestra vida.

Pero cuando uno se piensa como origen absoluto, deja de reconocerse como hijo. Y cuando deja de reconocerse como hijo empieza a pensarse sólo como niño: alguien que comienza, juega, inventa, pero que no recibe nada ni debe nada. En esa diferencia se juega buena parte de nuestra crisis cultural.

viernes, 27 de febrero de 2026

Entre la intuición y la claridad. Una lectura de El espiritismo y la creación poética, de Jon Aizpúrua

 




Entre la intuición y la claridad.

una lectura de El espiritismo y la creación poética, de Jon Aizpúrua

 

 

Leer El espiritismo y la creación poética de Jon Aizpúrua es adentrarse en una obra que, bajo el ropaje de antología literaria, se presenta también como una propuesta de visión del mundo. No se trata sólo de seleccionar textos poéticos vinculados a la sensibilidad espiritista: se trata de reivindicar el espiritismo como clave de lectura, e incluso de producción, de la poesía. En este sentido, el autor, reconocido en el ámbito espiritista por obras anteriores como Los fundamentos del espiritismo, nos ofrece un texto ambicioso, documentado y escrito con evidente entusiasmo.

sábado, 21 de febrero de 2026

La trampa del voluntarismo

 




La trampa del voluntarismo

Una conversación sobre acción, disponibilidad y libertad

 

 

En una conversación reciente con Juan Manuel Sara —traductor y profundo conocedor del teólogo Hans Urs von Balthasar y de la mística suiza Adrienne von Speyr— apareció una frase que, más allá de su contexto religioso, tiene un alcance sorprendentemente humano.

La frase era esta:

No se trata de hacer la voluntad de Dios, sino de dejar que en nosotros se haga la voluntad de Dios.

Puede sonar a matiz teológico. Pero en realidad encierra una cuestión que nos afecta a todos: ¿vivimos imponiendo nuestra voluntad… o dejando espacio para que algo verdadero acontezca en nosotros?

miércoles, 18 de febrero de 2026

Sin canon, leeríamos a Pepe Butano en vez de a Cervantes. Gabriel Insausti en Tinta y Caos

 




 Gabriel Insausti en Tinta y Caos: leer despacio en tiempos de prisa

 

Dejo en el canal de YouTube una conversación larga y sin prisas con el poeta, traductor y profesor Gabriel Insausti. Una tertulia en la que el tiempo pasa volando porque Gabriel habla claro, con humor y sin concesiones.

Alguno de los hilos que fuimos desenredando:

El drama de la lectura en España

Tres de cada diez chicos de quince años no entienden un texto sencillo (dato PISA que duele). En la universidad la cosa no mejora mucho: los alumnos llegan sin hábito lector y, lo que es peor, sin la menor familiaridad con la tradición. Sin tradición no hay alusiones, sin alusiones no hay humor ni poesía. Un chiste sobre Béquer cae en el vacío.

Canon sí, gracias

Insausti defiende el canon sin complejos: «Hace falta un canon aunque sólo sea para derribarlo». Derribarlo del todo nos deja perdidos entre 5.853 películas en Netflix o entre miles de novedades editoriales. Y cuando se derriba todo, al final mandan los que tienen más megáfono. Resultado: «Acabamos leyendo a Pepe Botella en vez de a Cervantes».

Bestsellers vs worstsellers

Su frase estrella: «Yo apuesto por los worstsellers». Libros que venden cuatro ejemplares en su época pero que aguantan siglos porque están bien construidos. Moby Dick, El gran Gatsby o la poesía de Emily Dickinson fueron worstsellers en su momento. Los bestsellers, en cambio, envejecen a la velocidad de la moda.

Traducción, amor y amenaza de la IA

Gabriel lleva años traduciendo por encargo (Alice McDermott, Carice Davis) y, sobre todo, por amor: Coleridge, Edward Thomas, los poetas de la Gran GuerraCuando hablamos de la inteligencia artificial, suspira y suelta la frase: «Menos mal que para mí la traducción es una ocupación secundaria… porque si tuviera que vivir exclusivamente de esto, con lo que se nos viene encima, ya me habría arrancado los pocos pelos que me quedan». La inteligencia artificial le preocupa (y mucho) en la traducción técnica y comercial, menos en la literaria… por ahora.

¿Por qué sigue habiendo poesía?

Porque hay mucha soledad y porque mucha gente no encuentra con quién hablar de verdad. La poesía funciona como un mensaje retardado, un WhatsApp que se entrega dentro de cien años. Y, en el mejor de los casos, abre una puerta hacia lo permanente, hacia lo que no cabe en stories ni en tuits.

Recomendación final

Un libro magnífico y casi secreto: Dios ha nacido en el exilio de Vintilă Horia. El diario ficticio de Ovidio en su destierro a orillas del Mar Negro, cuando empieza a oír rumores de un nuevo dios nacido también lejos de Roma. Ganó el Goncourt y se lo retiraron por el pasado político del autor. Merece ser rescatado.

 

La frase con la que Gabriel cerró la entrevista y que me acompaña desde entonces:

«La literatura no es un modo de no vivir, como algunos creen; es un modo de vivir más ricamente».

 

Dejo enlace al vídeo completo:

https://youtu.be/CdL5eO72QQo


martes, 17 de febrero de 2026

¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (2/2)

 

¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (2/2)

Gracia, intercesión y segunda oportunidad

(Segunda parte del artículo. Tras recorrer los primeros peldaños del amor —fascinación, aventura y transformación—, nos detenemos ahora en su forma más alta.)

 

 

Si el amor puede invitar a la transformación pero no imponerla, parecería que todo concluye donde el hombre decide quedarse.

Así ocurre en el Don Juan de Tirso de Molina o en el Don Giovanni de Mozart: el que no se transforma, cae. El juicio es implacable.

Pero Zorrilla se atreve a abrir una puerta que los otros cierran.

lunes, 16 de febrero de 2026

¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (I/2)

 




¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (I)

De la fascinación a la transformación

(Primera parte de un artículo en dos entregas. En esta sección recorremos los primeros peldaños de lo que podría llamarse “la escalera del amor”. En la segunda parte abordaremos su forma más alta: la gracia y la salvación.)

 

 

 

Hay una idea del amor que nos resulta muy cómoda.

El amor como emoción agradable. Como confirmación del propio valor. Como lugar donde me dicen que soy suficiente.

El amor como “cuchi-cuchi”, en suma.

Pero la literatura seria va más allá. En las obras que hemos recorrido en Tinta y Caos aparece otra cosa: una escalera. Un ascenso exigente que va desde la fascinación romántica hasta una pregunta más honda: ¿puede el amor salvarnos?

jueves, 12 de febrero de 2026

La caricia. Silencio, claridad y presencia

 




La caricia. Silencio, claridad y presencia

 

Acariciar tiene que ver con tocar. Es mucho más, desde luego, pero empieza por el tacto y el contacto.

A simple vista, el tacto parece el más humilde de los sentidos. No tiene la distancia luminosa de la vista ni la nobleza del oído, tan unido a la palabra. Es inmediato, corporal, cercano; algo que compartimos con los animales. Y quizá por eso mismo sea el más esencial.

Aristóteles lo dice sin rodeos: puede haber seres vivos sin vista o sin oído, pero ninguno sin tacto. Sin tacto no hay vida animal. Y en nosotros, cuando el tacto se apaga —cuando ya no hay caricia—, la relación se enfría, la presencia se debilita y la vida pierde algo profundamente humano.

Sentir, nos recuerda Aristóteles, no es actuar, sino dejarse tocar. Un color, un sonido, un olor llegan desde fuera y nos alcanzan. Pero no basta con recibir: el aire y la piedra también reciben colores y sonidos, y no por eso ven ni oyen. Sentir requiere algo propio del viviente: una respuesta que transforma lo recibido. En esa transformación ya hay un primer conocimiento, aunque sea pasivo, receptivo. Porque la pura pasividad no conoce; sólo sufre. Lo mismo ocurre en el pensamiento. No todo lo que pasa por la mente se convierte en idea clara. Puede haber intuiciones, presentimientos, algo que ronda, pero mientras no lo hagamos nuestro, no es todavía saber.

Por eso ni el puro sentir ni el puro pensar alcanzan a explicar lo que pasa en una caricia.

Acariciar no es sólo tocar para explorar o manipular. En la caricia el tacto no busca información: busca hacerte sentir que estoy aquí. Y lo decisivo es que el centro no soy yo, el que acaricia, sino tú, el que recibe. La caricia puede ser placentera para quien la da, pero no nace de una necesidad propia, sino de una atención dirigida al otro. No transmite datos; simplemente comparece. A través del cuerpo, la persona entera se hace presente.

Pedro Salinas lo captó con una precisión que no necesita explicación: «¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres

La caricia no compite con el silencio ni con la palabra clara. Pertenece a otro registro. Dice, sin decir: estoy aquí. Y también: no estás solo. Por eso no es un contacto funcional ni un resto de instinto.

Es un uso humano del tacto, lleno de reconocimiento y presencia.

En los animales hay contactos que cumplen funciones vitales o sociales: aseo, calma, protección. La caricia humana, en cambio, puede suspender toda función. No sirve para algo; sirve a alguien. No obedece a la necesidad, sino a la relación. Y se distingue claramente de cualquier gesto que, bajo su nombre, en realidad apropia, reduce o instrumentaliza al otro.

En el ser humano, la vista y el oído ganan terreno; el olfato retrocede. La voz y la palabra se vuelven centrales. Por eso la caricia puede ir acompañada de palabras, y cuando lo hace, tacto y voz dicen lo mismo: presencia ofrecida.

Conocer, sea con los sentidos o con la mente, siempre implica cierta apropiación: hacer propio un color, una idea. La caricia pertenece al orden contrario: no es apropiación, es donación. El otro no es objeto de una acción, sino destinatario de una entrega. Al acariciar no conocemos: amamos. Y amar es ponerse entero al servicio del otro, corporal y anímicamente, diciéndole —con o sin palabras— que estoy aquí, a tu disposición, que no estarás solo.

No se trata de que yo conozca algo nuevo sobre ti, sino de que tú sepas, con toda certeza, que te amo, que estoy aquí para ti, que nunca estarás solo.

En esa entrega se encuentra la forma más sencilla y más exigente del amor: confianza absoluta, seguridad plena. Vaciarse de uno mismo para abrirse del todo a quien se ama.

Rubén Darío lo expresó sin necesidad de teoría: «¡Cuánto calienta al alma una frase, un apretón de manos a tiempo!».

Calentar el alma no oscurece el pensamiento; lo acompaña mientras madura. El silencio sólo empobrece cuando pretende saber más de lo que sabe. Cuando se deja habitar por un gesto que simplemente dice “estoy aquí”, deja de ser vacío. Se vuelve presencia. Se vuelve plenitud.




Publicado en la Sección "Entusiasmo por la realidad" de la revista Letras de Parnaso, Año XII (II Etapa), nº 96 (Febrero 2026), ISSN 2387-1601, pp. 46-47:

 


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sábado, 7 de febrero de 2026

Cyrano: El amor que no pide nada

 




Cyrano: El amor que no pide nada

 

 

 

Cyrano de Bergerac se estrenó en 1897, en una época en que el teatro realista dominaba la escena europea. En ese contexto, Edmond Rostand recuperó el verso, la emoción y el heroísmo, pero no desde una ingenuidad romántica, sino con lucidez y profundidad. Su obra no ignora el amor apasionado, pero lo pone a prueba.

No repite el esquema típico del yo enamorado que exige ser amado. Propone otra figura: alguien que, sin renunciar al amor romántico, lo habita desde lo hondo… y lo lleva hasta su conclusión lógica: más allá de sí mismo.

 

sábado, 31 de enero de 2026

El canto del gallo: símbolo de vigilia, traición y despertar

 




 

El canto del gallo: símbolo de vigilia, traición y despertar

 

 

 

El mundo no sólo contiene símbolos: es simbólico. Y a veces no hay que mirar demasiado alto para descubrir lo sagrado. Basta con escuchar a un gallo.

Y quien no percibe la dimensión simbólica de lo cotidiano, no sólo se pierde los símbolos, sino aquello a lo que los símbolos remiten: esa parte honda, vibrante y vertiginosa de la realidad.

¿Por qué el gallo?

sábado, 24 de enero de 2026

El exilio interior: Kafka, Camus y Kavafis

 



El exilio interior: Kafka, Camus y Kavafis

Un viaje a la raíz moderna del desarraigo

 

 

A lo largo de la historia, el ser humano ha experimentado la pérdida, el desarraigo, la sensación de no pertenecer. Pero hay algo radicalmente nuevo en el desarraigo moderno: ya no se trata sólo de haber sido expulsados de un lugar físico, sino de haber perdido la estructura entera que daba sentido a ese lugar.

Durante siglos, las personas vivieron en un mundo con un orden compartido. Existía un “cosmos” que daba sentido a las cosas: la familia, la comunidad, la tradición, incluso la naturaleza tenían un lugar claro en un conjunto mayor. Pero en la modernidad, ese cosmos se ha disuelto. Ya no sabemos desde dónde mirar ni hacia dónde ir. Hemos dejado de habitar un mundo lleno de sentido para pasar a vivir en un espacio neutro, sin dirección, donde el yo se convierte en un sujeto aislado, frágil, flotante.

Este vídeo es un intento de explorar esa herida a través de tres autores que encarnan distintas formas de ese exilio interior:

sábado, 17 de enero de 2026

Quererse bien: el amor propio en la literatura


 



Quererse bien: el amor propio en la literatura

Emma Bovary, Dorian Gray, el Principito, Narciso, Jane Eyre... y nosotros

 

 

Oímos hablar de autoestima, de cuidarse, de amor propio, pero también de narcisismo y egoísmo. ¿Qué significa realmente quererse a sí mismo? ¿Ponerse por delante, cuidarse más, exigirse más, consentirse…?

Querer y quererse suena bien, pero no es algo mágico.

No basta con querer: ni quererse, ni querer al otro, porque puede ocurrir que queramos mal, que queramos de modo inadecuado.

La literatura está llena de personajes que lo hacen bien y que lo hacen mal. Y en ellos podemos ver con una claridad que a veces la vida no nos permite.

Porque si la literatura sirve para algo, quizás es para esto: para mirar y vernos con claridad, para mirar lo humano desde fuera, como quien reconoce las cosas en un espejo.

 

viernes, 9 de enero de 2026

Dios ha nacido en el exilio. Vintila Horia y la revelación en los márgenes

 





Dios ha nacido en el exilio.

Vintila Horia y la revelación en los márgenes

 

 

 

El exilio suele pensarse como una pérdida: de tierra, de lengua, de pertenencia. Pero en la novela Dios ha nacido en el exilio, el escritor rumano Vintila Horia se atreve a darle la vuelta. ¿Y si el exilio, más que un castigo, fuese una revelación?

Horia imagina el diario perdido de Ovidio, el poeta romano, durante los ocho años que pasó desterrado en Tomis, una ciudad bárbara situada en los márgenes del Imperio. A través de una prosa íntima y llena de grietas, Ovidio va dejando atrás su nostalgia y su grandeza para enfrentarse, sin máscaras, a sí mismo.

sábado, 3 de enero de 2026

Caperucita Roja: el cuento que cambió muchas veces (y un lobo que no cambia nunca)

 




Caperucita Roja: el cuento que cambió muchas veces (y un lobo que no cambia nunca)

 

 

 

El cuento ha cambiado con los siglos, las versiones, los intérpretes. Pero el lobo, no.

Una niña se adentra en el bosque. Lleva una capa roja. En algunas versiones, come carne humana sin saberlo; en otras, se mete en la cama con el lobo y escapa sola. En otras, la rescata un cazador. Pero hay algo que se mantiene inalterable en todos los relatos: el lobo.

¿Qué tiene este cuento que ha sobrevivido a los siglos, que ha sido contado, recontado, censurado, endulzado, y aún hoy sigue inquietándonos?