Azorín, modernidad y
voluntad
Manuel Ballester
El año
1902 conoció la publicación de cuatro novelas destacables: Sonata de otoño (Valle-Inclán), Amor
y pedagogía (Unamuno), Camino de
perfección (Pío Baroja) y La voluntad
(Azorín). Buena parte de las dos últimas transcurren en Yecla.
En el
presente texto nos centraremos en La
voluntad. El autor firma como José Martínez Ruíz. El personaje central es
Antonio Azorín, todo un símbolo; de su época, de su generación, del modo de ver
el mundo de su autor; de ahí que más adelante Azorín sea adoptado como
seudónimo. Incluye la novela una serie de cartas de gran interés dirigidas a
Pío Baroja.
En La voluntad late el espíritu de la generación del 98, la sombría concreción española del pensamiento típico de la modernidad. Sus personajes respiran el aliento de Schopenhauer o Nietzsche, que es tanto como decir que por sus páginas late una comprensión de la vida humana construida desde la singularidad. Porque si la razón nos hace vivir un mundo común (lo que el pensamiento entiende lo entiende para todo ser pensante), respecto a la impulsividad y la afectividad (a la voluntad, en suma) ocurre que cada uno tiene la suya.