Mi trabajo se sitúa en
un territorio donde la filosofía, la literatura y la vida humana se encuentran
no sólo para ser analizadas, sino para ser vividas y gozadas.
Mi mirada parte de la
convicción —profundamente platónica— de que el pensamiento es un camino
compartido: una búsqueda de la verdad en compañía, una conversación que se
prolonga a través de los siglos entre autores, lectores y amigos.
Aquí quiero explicar, de manera sencilla, cómo
entiendo esa tarea.
Y, para orientarnos, propongo un pequeño mapa: tres grandes ejes que dan forma a mi manera de mirar.
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