Manzoni: Experiencia, tiempo y eternidad
Manuel Ballester
Las sociedades humanas son un continuo bullir: hay guerras,
progresos y retrocesos. Hay civilizaciones que fueron pujantes y hoy yacen bajo
las arenas del desierto o las lianas de una jungla. Y está, también, nuestro
mundo, nuestro tiempo. Y nosotros.
Los historiadores recogen los grandes acontecimientos e
intentan explicar por qué ocurre lo que ocurre, intentan expresar mediante
conceptos ese flujo y reflujo. Pensemos en intentos notables como Arnold J.
Toynbee (Estudio de la historia),
Giambattista Vico (Scienza nuova) o Hegel
(Lecciones sobre la Filosofía de la
Historia Universal, así como Fenomenología
del Espíritu).
Alessandro Manzoni (1785-1873) se hace eco de la época en que sitúa su relato. Hace, incluso, unas consideraciones en torno al sentido de la historia. Sitúa la narración en una época a la que dedica explícitamente algunos capítulos. Pero su novela histórica Los novios (I promessi sposi, 1827) supone un giro radical respecto al planteamiento que hemos indicado.
