Cojeando por el camino de la eternidad
Manuel Ballester
Estos días se cumplen los 500 años de un proceso iniciado
durante la batalla por la toma de Pamplona a manos de tropas francesas. El 21
de mayo de 1521 una bala de cañón golpeó a un soldado fracturándole gravemente
una pierna y dejando herida la otra.
Hubo más heridos de uno y otro bando. Pero los siglos pasaron y sólo Iñigo López, el menor de la casa de Loyola, se alza sobre su tiempo y sigue vigente en la actualidad. Es cierto que todos somos hijos de nuestro tiempo pero también es cierto que Cronos devora a sus hijos, salvo que alguno de ellos sea como Zeus y supere al tiempo. Iñigo encontró la clave y entró, cojeando pero por la puerta grande, en el camino de la eternidad.
