Aplastad al infame, écrasez
l’infâme!, repetía Voltaire. Y ahí el infame era, claramente, la Iglesia.
Me gusta ese antiguo alumno de los jesuitas. Voltaire era
una figura de la conciencia liberal: innovador, rebelde, inconformista. Y
revoltoso. De hecho, parece que elaboró su pseudónimo recolocando las sílabas
de esta última palabra: re-vol-tai;
aunque hay otras interpretaciones que no son del caso. Si los jesuitas hubiesen
aplicado la pedagogía de la
Logse en vez de a Voltaire nos habríamos enfrentado a un
inadaptado hiperactivo. Pero, como dice sabiamente Pennac en Como una novela: “qué bien se educaba
cuando no sabíamos pedagogía”. Por eso, parafraseando a Alberti,
