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jueves, 28 de septiembre de 2017

Torpeza del especialista

Hay gente inteligente, que sabe lo que sabe y sabe también que “hay más cosas en el cielo y en la tierra” de las que puede abarcar. Y que cada sector de la realidad responde a sus propias leyes. Y que reconocernos ignorantes de ciertos ámbitos nos hace mejores personas y nos enseña a reconocer que otros son mejores.
Y hay gente que no es inteligente. De los peores, el soberbio especialista. Y Ortega explica por qué, si lo entiendo bien. Ahí lo dejo. Por si interesa:


«este es el comportamiento del especialista. En política, en arte, en los usos sociales, en las otras ciencias tomará posiciones de primitivo, de ignorantísimo; pero las tomará con energía y suficiencia, sin admitir —y esto es lo paradójico— especialistas de esas cosas. Al especializarlo, la civilización le ha hecho hermético y satisfecho dentro de su limitación; pero esta misma sensación íntima de dominio y valía le llevará a querer predominar fuera de su especialidad. De donde resulta que aun en este caso, que representa un máximum de hombre cualificado —especialismo— y, por lo tanto, lo más opuesto al hombre-masa, el resultado es que se comportará sin cualifícación y como hombre-masa en casi todas las esferas de vida».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

martes, 26 de septiembre de 2017

Especialistas y sabios

Es difícil trazar límites.
Porque siempre hay más, más realidad y más deseo (de cosas, de saber…).
Por eso quien no sólo acepta los límites sino que se complace en ellos, tiene algo de extraño. Que esa anomalía sea para lograr mayor eficacia dentro de un ámbito (límite) concreto, es comprensible. Que el experto ignore que lo que logra en ese ámbito no tiene por qué valer fuera de esos límites, es ignorancia. Peligrosa ignorancia, a veces.

Algo de esto le entiendo a Ortega. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«antes los hombres podían dividirse, sencillamente, en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías. No es sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es «un hombre de ciencia» y conoce muy bien su porciúncula de universo»,


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Aires nuevos en los institutos



Aires nuevos en los institutos




Manuel Ballester


Hay cosas tan evidentes, tan obvias, que parece mentira que no las veamos hasta que alguien las señala. Después, sí, para siempre claras y todos de acuerdo.

Recuerdo, pongo por caso, siendo yo estudiante en el instituto Floridablanca a un profesor de hablar sosegado que aprovechaba las pausas en la explicación para echar una caladita a uno de los varios cigarros que caían a lo largo de la clase. Los que tienen una cierta edad recordarán eso, recordarán cuando el humo parecía no molestar, ni ser perjudicial para la salud, ni nada. Increíble, ¿verdad?

Quiero señalar un par de evidencias de este tipo.