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viernes, 17 de abril de 2026

Gozar es fácil, ser feliz no

Disfrutar, gozar lo máximo posible. ¿Quién no suscribiría ese objetivo? «Coged las rosas mientras podáis; Pflückt die Rosen, solange ihr könnt», Gaudeamus […] iuvenes dum sumus, que dirían los universitarios.

Disfrutar primaveralmente, cogiendo las flores y frutos mientras seamos jóvenes, que ya en el atardecer de la vida, la cosa será otra, quizá.

A esta trivialidad se añade otra evidencia que cambia de nivel nuestras expectativas:

«no hay felicidad sin sacrificio; kein Glück ist ohne Opfer»,

(Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, II, 91).

 

Son trivialidades, sí. Obviedades, claro. Pero conviene recordarlas: olvidamos con facilidad.

martes, 25 de febrero de 2025

Asombro y ética: Redescubriendo la maravilla en "Ortodoxia" de Chesterton

 


A propósito de Ortodoxia, V

 

Manuel Ballester

 

La maravilla de la vida plena

En un mundo lleno de ruido y confusión, las palabras de Chesterton resuenan como un faro de claridad y asombro.

En nuestro análisis de Ortodoxia de Gilbert Keith Chesterton, hemos descubierto cómo su crítica incisiva a las creencias modernas revela un mundo maravilloso y lleno de posibilidades para alcanzar la felicidad.

Desafíos de la autosuficiencia

En el primer capítulo examinamos la idea de que la vida plena es un derecho que todos compartimos. En el segundo capítulo profundizamos en la insensatez de confiar ciegamente en uno mismo, destacando que la verdadera cordura radica en reconocer nuestras limitaciones. Luego, en el tercer capítulo, exploramos el peligro de un pensamiento fragmentado. Este tipo de pensamiento ignora la conexión intrínseca entre las ideas y la realidad.

miércoles, 16 de octubre de 2024

Ser Adulto: Entre la Independencia y la Gratitud

 


Ser adulto implica adquirir la capacidad de gestionar la propia vida, tomar decisiones por uno mismo y dirigir el propio camino. En otras palabras, la madurez va de la mano de la independencia y de la habilidad para cumplir los propios objetivos.

Por el contrario, la infancia está marcada por la necesidad del otro, por la dependencia. Esto nos coloca en una constante deuda, o dicho de otro modo, en un estado permanente de gratitud y apertura.

Algo de esto le entiendo a Chesterton cuando dice que


"La prueba de la felicidad es la gratitud;
The test of all happiness is gratitude; and I felt grateful, though I hardly knew to whom.",

Chesterton, Ortodoxia, IV: Ética en el país de los elfos.

martes, 18 de junio de 2024

La insensatez de creer en sí mismo

 

A propósito de

 

 

Ortodoxia 2:



La insensatez de creer en sí mismo

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

Lo que todos queremos, radicalmente, es una vida plena, feliz. Por otra parte, el mundo, nuestro mundo, es maravilloso. Es un paraíso que contiene lo que necesitamos para ser felices.

Esto es, en síntesis, lo que Chesterton dejó establecido en el primer capítulo de Ortodoxia (In Defence of Everything Else; En defensa de todo lo demás) sobre el que escribimos en el número anterior de Letras de Parnaso.

Tomamos impulso en esa tesis para sorprendernos con el título del segundo capítulo: The Maniac que, si bien admite diversas traducciones al español (maniático, demente, loco, lunático), al final hablamos de gente cuyo lugar es el manicomio.

jueves, 21 de diciembre de 2023

Dicha y desdicha

Cómo nos sentimos depende tanto de la situación real concreta cuanto del modo en que la vivamos (en función de las expectativas, por ejemplo). Rilke, quizá, diría que depende tanto del mundo (Welt) como de la interpretación del mundo (gedeuteten Welt).

Y algo de esto le entiendo a Houellebecq cuando dice que

«la desgracia sólo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 245

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Realidad y felicidad

En la vida siempre hay sufrimiento, dificultades, contrariedades. No es lo único ni lo mejor de la existencia, pero ahí está.

No obstante hay quien, de espaldas a la evidente realidad, concibe la vida como una gozosa travesía en una apacible tarde de primavera. Y, por eso, cuando el curso de nuestra vida nos pone en contacto con la realidad, parece como que se acaba la fiesta de la vida.

Quizá por eso Houellebecq escribe de su personaje que

«iba a cumplir 15 años, y se había acabado para él el tiempo de la felicidad»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 184

jueves, 2 de noviembre de 2023

Pensar la felicidad

A veces sentimos que la vida no nos llena, no colma nuestras expectativas.

Se ve que podemos llevar la vida de otro modo, mejor, más noble y lleno de grandeza.


Algo de esto le entiendo a Hegel cuando dice que

«Cada filosofía no presenta otra cosa que el modo como construye la suprema felicidad como idea»,

Hegel, Glauben und Wissen, 5, vers. Vicente Serrano, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000, 57.

martes, 24 de octubre de 2023

Añoranza y destino

El hombre es un ser complejo, sorprendente.

Frecuentemente insatisfecho con el mundo y la vida. Quizá porque su vida y su mundo no dan todo lo que él espera.

O sí pero no supo verlo; y lo añora. Entonces la vida no es dicha sino melancolía. Echa de menos lo que fue o pudo haber sido y pierde la oportunidad de construir un futuro grande con lo que hay a la mano.

Algo de esto le entiendo a Houellebecq cuando uno de sus personajes

«encontró una foto tomada en su escuela primaria de Charny; y se echó a llorar. El niño, sentado ante el pupitre, tenía un libro de clase abierto en las manos. Miraba al espectador sonriendo, lleno de alegría y valor; y este niño, por incomprensible que pareciese, era él»,

Houellebecq, Las partículas elementales, I, 3

viernes, 22 de septiembre de 2023

Alcanzar la felicidad

Cada uno vive en el mundo que el que es capaz de pensar. 

Y eso se concreta, por ejemplo, en lo que dice Hölderlin:

«En el habla de los criados, ser feliz significa tener sueño;

Glüklich seyn, heisst schläfrig seyn im Munde der Knechte»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, 49-50.


jueves, 7 de septiembre de 2023

La grandeza del camino

A poco que pensemos, nos damos cuenta de que tenemos enormes posibilidades.

Quizá por eso nuestra realidad es siempre deficitaria.

Por eso algunos optan por deprimirse (y llamarse realistas), otros por no mirar la realidad (y llamarse idealistas).

Otros toman conciencia de que hemos conseguido algo pero podemos más, siempre más.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice:

«¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña, un mendigo cuando reflexiona, y cuando se le acaba el entusiasmo, se queda ahí, como un hijo mal engendrado al que su padre ha echado de casa, y mira los pobres centavos con que la compasión alivió su camino.

O ein Gott ist der Mensch, wenn er träumt, ein Bettler, wenn er nachdenkt, und wenn die Begeisterung hin ist, steht er da, wie ein misrathener Sohn, den der Vater aus dem Hause stiess, und betrachtet die ärmlichen Pfennige, die ihm das Mitleid auf den Weg gab»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, 26.

lunes, 15 de mayo de 2023

La moda y la vida

Se oye decir que hoy ya no se hacen las cosas como antes: las relaciones entre la gente (sociales, sexuales) se plantean de otro modo.

Y ser moderno es hacer lo que se hace hoy, aunque parezca una tautología.

¿Qué tal nos va a los modernos, a los que hacen lo que “se” hace?
¿Bien, mejor que antes? Entonces, sigamos, que vamos bien. Pero sigamos porque vamos bien, no porque lo haga todo el mundo.

martes, 11 de abril de 2023

La leyenda del santo bebedor

 



 

 

La leyenda del santo bebedor

 

 

En cierto sentido, la vida y la obra de Josep Roth (1894-1939) están marcadas por el dolor y el desarraigo. Vio cómo su tierra natal (el imperio austrohúngaro) desaparecía de Europa. Judío converso al cristianismo sufrió las consecuencias del ascenso del nacional socialismo. Su mujer sufría una enfermedad mental y fue asesinada en aplicación de las leyes eugenésicas impulsadas por esa ideología. Por otra parte, tuvo que trasladarse de una ciudad a otra (Berlín, Viena, Ámsterdam, Ostende) hasta París. Tuvo también que contemplar la quema pública de las obras que le habían consagrado como uno de los mayores escritores centroeuropeos del siglo.

Incluso en el auge de su éxito profesional y literario, quizá el desarraigo, la posibilidad del derrumbe haya sido acompañante habitual de Roth. Y quizá por eso su narrativa exhibe de un modo tan ligero como certero el ambiente que respira Europa en esa época. Y, quizá, también hoy.

sábado, 22 de enero de 2022

Chesterton: Ortodoxia, cordura y alegría

 




Chesterton: Ortodoxia, cordura y alegría

 

Manuel Ballester

 

El mundo es, en cierto sentido, nuestra casa. Incluso si lo pensamos como algo ordenado (cosmos) y bonito (cosmético), como hacen los griegos. El mundo es nuestra casa incluso si lo llamamos creación, como hacen los cristianos.

No estamos totalmente a gusto en nuestra casa. Percibimos que aún falta algo. Hay algo indefinible que nos hace sentirnos en casa, sí; pero no en el hogar. Chesterton (1874-1936) formula esta cuestión así: «aun estando en casa, venía a visitarme la nostalgia».

viernes, 31 de diciembre de 2021

Placer y felicidad

Está bien estar en una situación agradable, sentirse a gusto. Eso es normal. A todos nos gusta que las cosas vayan bien. Pero hay quien se irrita cuando las circunstancias cambian. Parece que depende de cómo vayan las cosas.

Sentirse feliz tiene que ver, al margen de que las circunstancias sean o no agradables, con saberse en el sitio y la actitud adecuada.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Juez en causa propia

Juzgar con acierto es difícil.

Se dice que “nadie es buen juez en causa propia”. ¿Qué causa más propia puede haber que nuestra plenitud, nuestra grandeza, nuestra felicidad?

Para juzgar hay que conocer el asunto (como el buen catador saborea el vino) y que no haya circunstancias que distorsionen.

A esto último se alude cuando se dice que nadie es buen juez en causa propia: a la facilidad con que nos dejamos llevar por pasiones o intereses.

Si lo entiendo bien, a la necesidad de conocer aquello sobre lo que se juzga se refiere Chesterton cuando afirma que “no pueden ser los mejores jueces en punto a las relaciones de la religión con la felicidad quienes, por propia confesión, no disfrutan de la una ni de la otra”,

Chesterton, Ortodoxia

jueves, 4 de marzo de 2021

Zorbas, el gato

 


Zorbas, el gato

 Historia de una gaviota y el gato… 03

 

Manuel Ballester

 

 

No es ningún secreto que en esta historia en la que estamos hay un gato y una gaviota, por lo menos. En el capítulo primero aparecen gaviotas; en el segundo, un gato.

Presentar a los personajes antes de que se desarrolle la acción es un proceder de buen escritor.

En este capítulo se presenta Zorbas. Es un gato grande, negro y gordo.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Ciencia y anhelo de felicidad

Cuando una cosa realiza su función, y era eso precisamente lo que se esperaba, todo parece estar bien.

El problema es cuando le pedimos peras al olmo. Algo de esto nos pasa con la ciencia, si entiendo bien a Le Bon.

Ahí lo dejo. Por si interesa:

La ciencia «ha prometido la verdad o, al menos, el conocimiento de las relaciones que nuestra inteligencia puede captar ; no nos ha prometido jamás ni la paz ni la felicidad;

Elle nous a promis la vérité, ou au moins la connaissance des relations que notre intelligence peut saisir ; elle ne nous a jamais promis ni la paix ni le bonheur», Psychologie des foules.

sábado, 26 de septiembre de 2020

 


La vida dichosa, entre la tristeza y la felicidad

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

Françoise Sagan (1935-2004) obtuvo celebridad con la novela Buenos días, tristeza (1954) que pronto fue llevada al cine por Otto Preminger (1958). Sagan es una excelente narradora que cautiva con un estilo directo, agudo, descuidado, propio de una fiesta elegante.

La obra se abre con unos versos del poema La vie immédiate (Paul Éluard, 1932) que son tremendamente significativos en cuanto que la “vida inmediata” es el ambiente en que se mueven los personajes de Sagan. Se trata de un estilo de vida articulado sobre lo agradable. Así comienza la obra:

«Aquel verano yo tenía diecisiete años y era completamente feliz. Los “otros” eran mi padre y Elsa, su amante». Pronto reciben la visita de Anne, una antigua amiga de la difunta madre de la narradora (Cécile). Los personajes encarnan dos modos de vida, dos sentimientos vitales básicos: el “nuestro” (padre e hija), la vida inmediata caracterizada por la superficialidad o mundanidad, y el que representa Anne, una “femme de tête”, una mujer sensata.

Céline percibe pronto que Anne pudiera estar enamorada de su padre. En cierto sentido, la obra puede leerse como la rebelión de una consentida ante una aspirante a madrastra. Pero es, también, algo más hondo en cuanto que permite contraponer ambos modos de entender y sentir la vida.

Con elegancia, sin estridencias, Anne va mostrando la insustancialidad de la vida inmediata. Así lo ve Céline: «Vislumbré […] una vida equilibrada de pronto por la inteligencia, el refinamiento de Anne, esa vida que le envidiaba». Céline se ilusiona. Ve viable un nivel de existencia cualitativamente superior. Anne les convertiría en dos personas civilizadas, bien educadas y… felices «porque Anne nos haría ser felices».

Céline se siente atraída por ese estilo de vida superior pero ve también que tendrá que esforzarse para vivir así. Porque mientras que la vida inmediata disfruta pasivamente de los placeres sencillos que se ponen a su alcance, la felicidad que Anne propone supone una actitud activa. Céline decide entonces que la grandeza le viene grande y dedica sus esfuerzos a alejar a Anne y su padre. Por el camino proporciona interesantes puntualizaciones. Veamos alguna de ellas.

«Mi padre y yo, para estar interiormente tranquilos, necesitábamos la agitación exterior», dice Céline. La calma puede hacer consciente de la insuficiencia de ese gozoso estilo de vida ¿acaso vivir gozosamente no es la inconsciente aspiración de toda vida animal? ¿acaso no puede, no debe, el hombre aspirar a algo más? Anne irrumpe en esa vida inmediata mostrando su insuficiencia y la posibilidad de una vida mejor, plenamente humana, con una alegría lograda conscientemente. Una vez se ha entendido esto, la vida inmediata no será ya la inconsciencia animal sino fruto de una opción: «no se trata ya de hallar una respuesta sino de esperar a que la cuestión deje de plantearse» (Dans un mois, dans un an).

Quien vive la vida inmediata aspira a llenar su vida de amantes que van sucediéndose, de encuentros sexuales galantes, mundanos y episódicos en el clima de «un desenfadado cinismo sobre las cosas del amor». Pero ese enfoque vital tiene un coste: Agitarse tras los amores, sin hallar el amor. Recibir pasivamente placeres, pero sin conquistar activamente su felicidad. Permanecer en la superficie de las cosas y de su vida sin lograr extraer la riqueza que anhela y presiente. En definitiva, permanecer solo, aburrido, sin esperanza porque hay una negativa a afrontar las exigencias que lo humano comporta. Y hay, por eso mismo, una traición a lo que significa ser persona, a lo en el fondo somos.

Anhelamos el amor. Hemos de hacernos capaces de amar. Hemos de hacernos dignos de nuestra mejor posibilidad que, lo sabemos, no es solitaria. Porque el amor remite al amado. Porque el hombre es un ser de encuentro, un nudo de relaciones. La mirada amorosa es una clave importante; así lo recoge Sagan cuando señala que «habría que ser amado y amarse muy cálidamente a sí mismo para ser feliz» (Un certain sourire).

 

Publicado en Aleteia el 6 de septiembre de 2020 :

https://es.aleteia.org/2020/09/06/la-felicidad-verdadera-no-es-solo-un-don-es-una-conquista-personal/

 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Fahrenheit 451, el desafío moderno

 Fahrenheit 451 – Pep Boatella


Fahrenheit 451, el desafío moderno

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

Ray Bradbury (1920-2012) se define a sí mismo como un “un escritor apasionado, no intelectual, lo que quiere decir que mis personajes tienen que adelantarse a mí para vivir la historia. Si mi intelecto los alcanza demasiado pronto, toda la aventura puede quedar empantanada en la duda y en innumerables juegos mentales”.

En Fahrenheit 451 (1953) se transparenta el carácter de su autor: es una narración ágil, viva, se dirige de un modo raudo y vibrante hacia las cuestiones esenciales. Vale la pena leer el Postfacio a Fahrenheit 451 donde transmite la trepidación con que la escribió: alquilando una máquina de escribir por horas, yendo y viniendo a la biblioteca para localizar citas,… Hay también un trabajo previo, de maduración, pero el texto final, el relato que nos ha llegado, surge a borbotones.

Se trata de una novela distópica o, lo que es lo mismo, una descripción de una sociedad sometida a un poder total, totalitario. Un Estado que es fin y, por eso, reduce a los individuos a meros engranajes. La tensión entre Estado e individuo y el preocupante surgimiento de la masa como categoría social ha cristalizado en el auge de distopías. Ejemplos de ello son 1984 de Orwell o Un mundo feliz de Huxley.

Lo que distingue a las sociedades distópicas citadas es el mecanismo que emplea el Estado para anular al individuo.

En el caso de Fahrenheit 451 los libros juegan un papel central. Cuando el progreso técnico ha logrado hacer imposible los incendios, los bomberos reorientan su actividad y se dedican a perseguir a los a-sociales que tienen la osadía de esconder libros.

Estamos ante una sociedad cuyo objetivo es, como ocurre literalmente en la obra de Huxley, hacer felices a sus ciudadanos: “¿Qué queremos en este país por encima de todo? Ser felices, ¿no es verdad? ¿No lo has oído centenares de veces? “Quiero ser feliz”, dicen todos. Bueno, ¿no lo son? ¿No los entretenemos, no les proporcionamos diversiones? Para eso vivimos, ¿no es así? Para el placer, para la excitación. Y debes admitir que nuestra cultura ofrece ambas cosas, y en abundancia”. Felicidad como sinónimo de diversión, placer y excitación. Quien lee libros rompe la satisfacción global ya que podría cuestionarse esa idea de felicidad, podría descubrir que no es eso lo que él quiere, podría descubrir otras ideas (¿mejores?) de felicidad.

No se trata (sólo) de que quien lee objeta a la marcha general de la sociedad. Se trata de que recobra algo que ese modelo totalitario de sociedad le ha quitado al individuo: el contacto con la realidad, el reconocimiento de sí mismo. Así lo descubre el protagonista: “La felicidad importa mucho. La diversión es todo. Y sin embargo allí estaba yo diciéndome a mí mismo: “No soy feliz, no soy feliz” […] Tenemos lo necesario para ser felices y no lo somos. Algo falta”. Ese es el momento en que el individuo descubre que, aunque el Estado le dice que tiene todo lo necesario para ser feliz, él descubre que su auténtica realidad no puede establecerse ni comprenderse desde esas categorías.

El debate es amplio. No enfrenta sólo al individuo frente al Estado. También atañe a la realidad, la verdad, la experiencia, la felicidad. Por eso, el garante de ese Estado, el jefe de los bomberos “pertenece al grupo de los más peligrosos enemigos de la verdad y de la libertad, el sólido y terco rebaño de la mayoría. Oh, Dios, la terrible tiranía de la mayoría”.

No es que cualquier idea, por el simple hecho de estar publicada en un libro, merezca la pena. Hay que tener criterio para encontrar los buenos libros de los buenos autores porque “los buenos escritores tocan a menudo la vida. Los mediocres la rozan rápidamente”.

El tono de la obra es optimista. Señala los grandes problemas, las grandes tensiones, el riesgo de totalitarismo que se cierne sobre Occidente desde el siglo pasado. Pero indica también líneas de escape, vías de resistencia, orientaciones y sugerencias que merecen ser atendidas.

Porque, aunque un sistema impulsado por gentes sin alma o con “almas tristes” persiga la sumisión de las voluntades, el sometimiento de la libertad y la personalidad, “eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa”.

 

Publicado en Aleteia el 24 de Julio de 2020:

https://es.aleteia.org/2020/07/24/fahrenheit-451-el-desafio-moderno/


miércoles, 25 de abril de 2018

Vivir y viajar


Es un tópico la imagen de la vida como un viaje y, por tanto, ver al hombre como un peregrino.
Aunque el peregrino no es el único que va de aquí para allá. También hay turistas. Y vagabundos. Que no es lo mismo.

Quizá por eso Alinsky dice lo que dice, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Hemos olvidado de dónde venimos, no sabemos dónde estamos y tememos hacia dónde nos dirigimos. Asustados, damos la espalda a la gloriosa aventura de la búsqueda de la felicidad, buscando una seguridad ilusoria en una sociedad ordenada y estratificada»,
Alinsky, Tratado para radicales.