Hay una idea
profundamente moderna que apenas solemos cuestionar.
Pensamos que
una vida lograda es una vida exitosa. Alcanzar nuestros objetivos, desarrollar
nuestro talento, ocupar puestos de responsabilidad, obtener reconocimiento. Si
todo eso llega, suponemos que también llegará la felicidad.
Sin embargo, la
literatura lleva miles de años advirtiéndonos de que las cosas no son tan
sencillas.
Se puede
triunfar... y fracasar al mismo tiempo.
Dos vencedores de Troya
Homero nos
presenta dos grandes vencedores de la guerra de Troya.
Agamenón y
Ulises.
Ambos
participan en la misma expedición. Ambos derrotan a los troyanos. Ambos
regresan a casa convertidos en héroes.
Sin embargo,
sus destinos no podrían ser más distintos.
Agamenón vuelve
para morir asesinado en su propio hogar.
Ulises regresa
después de un largo viaje y, tras muchas pruebas, consigue recuperar su casa,
su esposa, su hijo y su reino.
Los dos
alcanzaron el éxito.
Solo uno
encontró verdaderamente un hogar.
El error de confundir poder con
autoridad
Quizá el
problema sea que solemos identificar el liderazgo con el poder.
Pensamos que
liderar consiste en mandar, decidir, imponer o conseguir resultados.
Pero existe
otra forma de autoridad.
No nace del
cargo.
Nace de la
capacidad de hacer crecer a quienes nos rodean.
El poder puede
conseguir obediencia.
La autoridad
consigue confianza.
Y esa
diferencia termina afectando no sólo al trabajo, sino también a la familia, a
la amistad y, en definitiva, a toda la vida.
El éxito tiene límites
Hay muchas
cosas que podemos conseguir mediante esfuerzo.
Podemos
aprender un oficio.
Levantar una
empresa.
Construir una
casa.
Ganar una
guerra.
Pero existen
bienes que nunca podremos fabricar.
No podemos
obligar a nadie a confiar en nosotros.
No podemos
imponer una amistad.
No podemos
decretar el amor.
No podemos
conquistar un hogar.
Esos bienes
sólo pueden recibirse.
Y quizá por eso
el verdadero éxito no consista únicamente en alcanzar metas, sino en llegar a
ser una persona capaz de acoger y de ser acogida.
La pregunta decisiva
Las grandes
obras literarias rara vez nos preguntan cuánto hemos conseguido.
Nos preguntan quién
nos espera cuando regresamos.
Qué relaciones
hemos construido.
Qué clase de
persona hemos llegado a ser.
Tal vez esa sea
la verdadera diferencia entre Agamenón y Ulises.
No que uno
venciera y el otro también.
Sino que uno
volvió a una casa.
Y el otro
volvió a un hogar.
Si prefieres
escuchar esta reflexión desarrollada a partir de Homero y de mi conversación
con Javier Barraca sobre liderazgo, autoridad y la vuelta al hogar, puedes
verla aquí:


