miércoles, 3 de junio de 2026

No es la IA, sino nosotros

 

No es la IA, sino nosotros

 

 

Manuel Ballester

 

Confieso que cuando empecé a ver referencias a Magnifica humanitas pensé: “ya está aquí otro documento sobre inteligencia artificial”. Y, francamente, experimenté cierto cansancio anticipado.

Llevamos años siendo bombardeados con titulares sobre IA: riesgos, productividad, regulación, amenazas laborales, algoritmos y promesas de salvación tecnológica. Uno termina sospechando que la cuestión central de nuestro tiempo consiste simplemente en fabricar herramientas cada vez más potentes.

Pero entonces hice lo que conviene hacer con cualquier texto serio: empezar por el principio. Primero el título. Después el índice. Y sólo luego entrar en el contenido.

Ahí apareció la sorpresa.

martes, 2 de junio de 2026

Lo que sólo puede recibirse

Hay cosas que podemos hacer por nosotros mismos y cosas que no. Podemos aprender un oficio, adquirir conocimientos o desarrollar determinadas capacidades. Pero nadie puede darse a sí mismo la amistad, el amor o el reconocimiento. Son realidades que sólo pueden recibirse.

Los antiguos llamaban a eso gratia: gracia. Un don, un regalo, algo que llega gratuitamente y alegra el corazón. Precisamente por eso no puede conquistarse, adquirirse ni dominarse; sólo puede recibirse. Tal vez por eso la soledad dolorosa nos hiere. No estamos hechos únicamente para existir, sino también para ser acogidos. La gran pregunta no es si podemos vivir solos, sino qué lugar ocupamos en el mundo y a qué merece la pena pertenecer. He reflexionado sobre esta cuestión a propósito de El castillo de Kafka en este vídeo:

https://youtu.be/rkX-nMMIFmU

lunes, 1 de junio de 2026

La necesidad humana de ser acogidos

 Vivimos en una época que exalta la autonomía. Nos gusta pensar que cada uno construye su vida desde sí mismo, que basta el esfuerzo, la conciencia o la voluntad para encontrar nuestro lugar en el mundo. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece sugerir algo distinto. Nadie se da la vida a sí mismo, nadie aprende a hablar solo, nadie crece sin recibir ayuda. Hay cosas que podemos hacer por nosotros mismos y hay otras, quizá las más importantes, que sólo podemos recibir: la acogida, el reconocimiento, la amistad, el amor o la pertenencia a una comunidad.

Por eso siguen resultando tan actuales obras como El castillo de Kafka. Más allá de la crítica a la burocracia o a las instituciones, la novela plantea una pregunta profundamente humana: ¿existe un lugar para mí? ¿Basta con actuar, trabajar y esforzarse, o necesitamos también ser recibidos? Quizá la cuestión decisiva no sea cómo llegar a ser completamente independientes, sino a qué merece la pena pertenecer. Si te interesa esta reflexión, puedes ver el vídeo completo aquí:


https://youtu.be/rkX-nMMIFmU

sábado, 30 de mayo de 2026

Kafka y El castillo: el sistema perfecto que no tiene sitio para ti

 



 


 

 

Kafka y El castillo: el sistema perfecto que no tiene sitio para ti

 

Hay una escena muy curiosa en El castillo de Kafka.

El protagonista, K., ha llegado a un pueblo porque dice haber sido contratado para trabajar como agrimensor. Después de muchas dificultades y gestiones consigue hablar con el alcalde. El alcalde revisa los archivos del castillo y, efectivamente, encuentra una carta en la que se menciona al agrimensor.

Pero añade algo importante: en realidad no se necesita ningún agrimensor.

viernes, 29 de mayo de 2026

Tipos de manipuladores

Hay manipuladores oportunistas y manipuladores degradadores.

Los primeros aparecen cuando una sociedad ya está cansada, desorientada o debilitada, y saben aprovechar esa fragilidad. Los segundos son más inquietantes: contribuyen antes a erosionar vínculos, destruir referencias, fomentar dependencia o vaciar de sentido la vida colectiva… para después ofrecer la melodía que promete salvar precisamente del vacío que ellos mismos han ayudado a crear.

Pero incluso entonces, el problema decisivo sigue siendo Hamelín. Porque ninguna melodía triunfa del todo si no encuentra algo roto en quienes la escuchan. Tal vez por eso la vieja leyenda del Flautista sigue resultando tan perturbadora siglos después. Sobre esa inquietante historia he reflexionado en este vídeo:


https://youtu.be/121aZ5csCVc

miércoles, 27 de mayo de 2026

La melodía y la grieta interior

Solemos pensar que las grandes manipulaciones humanas triunfan únicamente por la habilidad de quienes las ejercen. Sin embargo, los viejos relatos sugieren algo más inquietante: ninguna melodía logra arrastrar completamente a un hombre o a una sociedad si no encuentra previamente alguna grieta interior.

Por eso las épocas de cansancio espiritual son especialmente vulnerables. Cuando se debilita el sentido del hogar, de la verdad, de la responsabilidad o de la belleza, aumenta enormemente el poder de atracción de ciertas promesas. Entonces basta una melodía adecuada: éxito inmediato, reconocimiento, consumo, salvación política, placer sin límites o simple evasión. Y quizá el verdadero peligro no consista tanto en la existencia de flautistas como en llegar a desear profundamente ser arrastrados.

martes, 26 de mayo de 2026

Ulises, las sirenas y la pérdida del hogar

En la Odisea, Ulises no vence a las sirenas porque sea inmune a su canto. Al contrario: sabe perfectamente que también él puede sucumbir. Por eso necesita atarse al mástil y pide a sus compañeros que no lo liberen aunque lo suplique desesperadamente. Hay en Homero una intuición muy profunda: la libertad no consiste en obedecer cualquier deseo, sino también en reconocer que existen melodías capaces de arrastrarnos y que, a veces, necesitamos límites, memoria y ayuda de otros para no perdernos.

Pero quizá hay algo todavía más importante: Ulises puede resistir a las sirenas porque existe Ítaca. Existe un hogar al que regresar, una dirección, un sentido. Las sirenas son peligrosas precisamente porque apartan del camino.
Tal vez por eso la modernidad resulta tan inquietante. En el Ulises de Joyce, Bloom parece ya un hombre sin verdadera Ítaca: deriva entre estímulos, deseos y melodías en un mundo donde el hogar mismo se ha vuelto ambiguo. Y cuando desaparece el horizonte, las sirenas dejan de ser un desvío para convertirse en refugio.

 Algo de esta cuestión aparece también en el reciente vídeo sobre El Flautista de Hamelín:
https://youtu.be/121aZ5csCVc