A veces pensamos que el problema consiste en no conseguir lo que deseamos. Sin embargo, la experiencia enseña algo más complejo. Muchas veces obtenemos aquello que anhelábamos y descubrimos que viene acompañado de dificultades que no habíamos previsto.
Un ascenso puede traer preocupaciones nuevas. Una casa puede convertirse en una fuente de problemas. Incluso los mayores bienes de la vida suelen ir acompañados de responsabilidades, renuncias y esfuerzos.
Quizá la madurez consista en comprender que los bienes auténticos no son perfectos. No porque sean malos, sino porque forman parte de una realidad que siempre mezcla alegría y carga, don y tarea.
He reflexionado sobre estas cuestiones a propósito de La pata de mono, de W. W. Jacobs:
