Solemos pensar que las grandes manipulaciones humanas triunfan únicamente por la habilidad de quienes las ejercen. Sin embargo, los viejos relatos sugieren algo más inquietante: ninguna melodía logra arrastrar completamente a un hombre o a una sociedad si no encuentra previamente alguna grieta interior.
Por eso las épocas de cansancio espiritual son especialmente vulnerables. Cuando se debilita el sentido del hogar, de la verdad, de la responsabilidad o de la belleza, aumenta enormemente el poder de atracción de ciertas promesas. Entonces basta una melodía adecuada: éxito inmediato, reconocimiento, consumo, salvación política, placer sin límites o simple evasión. Y quizá el verdadero peligro no consista tanto en la existencia de flautistas como en llegar a desear profundamente ser arrastrados.
