Puedes tener trabajo, rutina, objetivos… todo en orden. Y, sin embargo, sentirte desorientado.
Porque eso responde a muchas cosas, pero no a
todas.
Hay algo en el ser humano que no se conforma con
funcionar. Algo que pide más que estabilidad, más que seguridad, más que
cumplimiento.
Hölderlin lo vio con claridad: «todo ser
viviente aspira a más que a alimento diario».
Y ese “más” —difícil de precisar— es lo que,
cuando falta, deja a la vida sin dirección.

