Puedes leer mucho… y no entender nada
Vivimos
rodeados de libros.
Y, sin embargo,
hay algo que no encaja.
Puedes leer 50
libros al año… y seguir siendo la misma persona.
Blog de Manolo Ballester. Literatura para todos los bolsillos intelectuales
Vivimos
rodeados de libros.
Y, sin embargo,
hay algo que no encaja.
Puedes leer 50
libros al año… y seguir siendo la misma persona.
Disfrutar, gozar lo máximo posible. ¿Quién no suscribiría ese objetivo? «Coged las rosas mientras podáis; Pflückt die Rosen, solange ihr könnt», Gaudeamus […] iuvenes dum sumus, que dirían los universitarios.
Disfrutar primaveralmente, cogiendo las flores y frutos
mientras seamos jóvenes, que ya en el atardecer de la vida, la cosa será otra,
quizá.
A esta trivialidad se añade otra evidencia que cambia de
nivel nuestras expectativas:
«no hay felicidad sin sacrificio; kein Glück ist ohne Opfer»,
(Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, II, 91).
Hay discusiones
que no se pueden ganar.
Ocurre con frecuencia en política. Y ocurre, sobre todo, cuando el conflicto no gira en torno a los hechos… sino en torno a las palabras.
No hace falta
perder a alguien para que todo se rompa.
Basta con dejar
de verlo como único.
Hay una forma de mentira que no necesita engañar a nadie.
Basta con que nos convenza a nosotros mismos. Y eso es lo inquietante, porque
aquí no hay nadie más a quien convencer.
Y sin embargo, el engaño ocurre.
Pocas historias lo muestran con tanta claridad como una fábula bien conocida: La zorra y las uvas.
Hay situaciones
curiosas que todos hemos experimentado alguna vez. Algo ocurre delante de
nosotros, todos lo vemos, es evidente… y sin embargo nadie dice nada. No porque
sea complicado, sino porque nadie quiere ser el primero en señalarlo.
Los ingleses tienen una expresión muy gráfica para describir esto: the elephant in the room, el elefante en la habitación. Un problema enorme, visible para todos, pero del que nadie habla.
En una conversación
reciente en Tinta y Caos, el filósofo Juan Manuel Burgos abordó una
cuestión fundamental de la antropología filosófica: la diferencia entre individuo
y persona.
A primera vista puede parecer una distinción menor. Sin embargo, de ella depende en gran medida cómo entendemos al ser humano, la libertad, la sociedad y el sentido de nuestras relaciones.