martes, 8 de septiembre de 2026

Después de Ítaca

 Ulises vuelve a Ítaca. Ha tardado veinte años, ha perdido compañeros, ha rechazado incluso la inmortalidad y por fin recupera su casa, su mujer, su hijo, su padre, su reino. Podría parecer un buen lugar para terminar la historia. Pero el tiempo no termina cuando termina la Odisea. Telémaco tendrá que hacer su vida, Laertes morirá, también Penélope, también Ulises. Y a este todavía le queda, según le anunció Tiresias, tomar un remo y caminar tierra adentro hasta encontrar hombres que no sepan siquiera qué es aquello que lleva al hombro.

Quizá Homero no necesite contarnos mucho más. Ulises hizo lo que estaba en su mano: salió de casa, atravesó el mundo, se equivocó, aprendió sus límites y regresó para ocupar de nuevo su lugar. También nosotros podemos cuidar a quienes queremos, construir un hogar, cumplir nuestras responsabilidades e intentar llegar a ser quienes estamos llamados a ser. Lo que no podemos es conseguir que quienes amamos permanezcan siempre a nuestro lado ni detener el tiempo cuando por fin hemos llegado a Ítaca. Hay un límite para nuestra voluntad y nuestro poder. Después, los dioses dirán.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Elegir los espejos

Desconfiamos de la opinión de los demás, y no nos faltan motivos. Hay miradas que deforman: unas nos hacen más pequeños de lo que somos; otras, por adulación o interés, nos devuelven una imagen demasiado favorecida. De ahí resulta tentador concluir que lo mejor es prescindir de los espejos y decidir por nosotros mismos quiénes somos. Pero tampoco parece una solución. Hay cosas de nosotros que precisamente nosotros somos los últimos en ver. A veces hace falta que alguien nos diga que estamos equivocados, que podemos dar más de nosotros mismos o, sencillamente, que somos mejores de lo que en ese momento creemos.

Quizá el problema no sea, entonces, dejar de mirarnos en los demás, sino aprender a elegir los espejos. No todas las miradas valen lo mismo. Hay personas que nos conocen, que nos quieren y que desean nuestro bien; personas que pueden decirnos la verdad sin necesidad de disminuirnos y corregirnos sin dejar de querernos.

Quizá parte de la sabiduría de la vida consista en conseguir rodearse de buena gente, incluso de personas mejores que nosotros, y tener la humildad suficiente para dejar que su mirada nos ayude a vernos mejor.

viernes, 28 de agosto de 2026

Si el otro fuera como yo quiero

A veces pensamos que nuestras relaciones serían mejores si pudiéramos cambiar algunas cosas de las personas que queremos. Y seguramente es verdad. Todos tenemos defectos y amar a alguien no significa pensar que todo en él está bien ni renunciar al deseo de que mejore. Pero hay una diferencia importante entre querer que alguien sea mejor y querer que sea como nosotros queremos. En el segundo caso, si pudiéramos llevar nuestro deseo hasta el final, quizá conseguiríamos una persona que pensara como nosotros, reaccionara como esperamos y nunca hiciera nada que pudiera decepcionarnos. Habríamos eliminado muchos problemas. Aunque no está claro que todavía quedara alguien al otro lado con quien encontrarnos.

Porque quizá el encuentro comienza precisamente allí donde el otro no coincide conmigo. Sus diferencias pueden irritarme, obligarme a esperar, poner a prueba mi paciencia y, en ocasiones, hacerme sufrir. Pero también pueden mostrarme cosas que yo no veía y obligarme a salir de mí mismo. Naturalmente, querer a alguien imperfecto no significa aceptar cualquier comportamiento ni dejar de ayudarle a cambiar. Significa reconocer que, mientras él cambia, acaso yo también tenga algo que aprender. Quizá una relación perfecta no sea aquella en la que conseguimos que el otro sea como queremos, sino aquella en la que ninguno de los dos necesita dejar de ser otro para poder encontrarse.

jueves, 27 de agosto de 2026

El precio de no sufrir

 Se repite a veces que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Hay algo verdadero en la frase: no elegimos muchas de las cosas que nos ocurren, pero sí podemos aprender a afrontarlas de maneras diferentes. Sin embargo, basta pensar en alguien a quien queremos para descubrir que la fórmula necesita algún matiz. Si a un hijo le va mal, sufrimos. No porque hayamos decidido equivocadamente nuestra actitud ante el dolor, sino porque su vida nos importa. Podríamos protegernos, ciertamente: tomar distancia, no implicarnos demasiado, procurar que lo que le ocurra no nos afecte. Quizá sufriríamos menos.

Pero pagaríamos un precio. Porque no solo nos hace vulnerables el dolor; también el amor. Querer a alguien significa aceptar que lo que le ocurra puede alegrarnos o herirnos, precisamente porque hemos decidido que su vida forme parte de la nuestra. La cuestión quizá no sea conseguir una existencia en la que nada pueda hacernos sufrir, sino aprender qué hacer con el sufrimiento cuando llega. Hay dolores que pueden evitarse cerrando puertas. El problema es que, a veces, al otro lado de esas mismas puertas estaba también el amor.

martes, 25 de agosto de 2026

¿Cuántos meses al año trabaja usted para el Estado?

 




¿Cuántos meses al año trabaja usted para el Estado?

Imagine que cada 1 de enero empezara a trabajar, pero durante los primeros meses del año no recibiera nada de lo que gana. Su salario, íntegro, iría destinado a pagar impuestos. Sólo después de haber satisfecho todas sus obligaciones fiscales comenzaría usted a trabajar para sí mismo.

La ficción tiene un nombre: Día de la Liberación Fiscal. Se trata de calcular qué día del año habríamos terminado de pagar todos los impuestos que soportamos si, en lugar de hacerlo poco a poco y de maneras diferentes, los concentrásemos al comienzo del año.

Lo que no elegimos




 

LO QUE NO ELEGIMOS

Sobre la libertad frente a lo dado

 

En el artículo anterior examinábamos una idea muy extendida: identificar la libertad con la capacidad de elegir entre opciones. Veíamos entonces que esa concepción, siendo verdadera en parte, resulta insuficiente. Porque elegir no consiste sólo en mantener abiertas posibilidades, sino también en dar forma a una vida mediante decisiones que cierran otras alternativas. Quedó así planteada una cuestión que es precisamente la que ahora vamos a abordar: ¿qué ocurre con aquello que no elegimos?

No todo en la vida se presenta como una opción.

sábado, 22 de agosto de 2026

Prepararnos para vivir

 



Prepararnos para vivir

Pasamos buena parte de nuestra vida preparándonos para cosas que todavía no han ocurrido.

Estudiamos pensando en un trabajo futuro, ahorramos un dinero que podríamos gastar hoy, cuidamos nuestro cuerpo para una vejez que quizá tarde muchos años en llegar.

Parece razonable.

Pero también conocemos personas que han pasado tanto tiempo preparándose para vivir que, cuando finalmente levantan la cabeza, descubren que la vida era precisamente aquello que estaba sucediendo mientras se preparaban.