No siempre es que la vida vaya mal. A veces, lo que ocurre es más difícil de ver: hay cosas que nos pasan… y no sabemos cómo vivirlas.
Están ahí, pero no terminan de encajar. No porque sean extraordinarias, sino porque no sabemos qué hacer con ellas, cómo integrarlas, cómo darles sentido.
Y entonces aparece una forma extraña de desorientación: no falta nada, pero algo no está en su sitio.
Quizá por eso no basta con vivir. Hace falta, en algún momento, entender lo que se vive. Como señala Boris Cyrulnik, la función de la narración no es tanto curar como hacer posible la habitabilidad de la propia vida.
Porque una vida que no se entiende… es difícil de vivir.


