sábado, 31 de enero de 2026

El canto del gallo: símbolo de vigilia, traición y despertar

 




 

El canto del gallo: símbolo de vigilia, traición y despertar

 

 

 

El mundo no sólo contiene símbolos: es simbólico. Y a veces no hay que mirar demasiado alto para descubrir lo sagrado. Basta con escuchar a un gallo.

Y quien no percibe la dimensión simbólica de lo cotidiano, no sólo se pierde los símbolos, sino aquello a lo que los símbolos remiten: esa parte honda, vibrante y vertiginosa de la realidad.

¿Por qué el gallo?

sábado, 24 de enero de 2026

El exilio interior: Kafka, Camus y Kavafis

 



El exilio interior: Kafka, Camus y Kavafis

Un viaje a la raíz moderna del desarraigo

 

 

A lo largo de la historia, el ser humano ha experimentado la pérdida, el desarraigo, la sensación de no pertenecer. Pero hay algo radicalmente nuevo en el desarraigo moderno: ya no se trata sólo de haber sido expulsados de un lugar físico, sino de haber perdido la estructura entera que daba sentido a ese lugar.

Durante siglos, las personas vivieron en un mundo con un orden compartido. Existía un “cosmos” que daba sentido a las cosas: la familia, la comunidad, la tradición, incluso la naturaleza tenían un lugar claro en un conjunto mayor. Pero en la modernidad, ese cosmos se ha disuelto. Ya no sabemos desde dónde mirar ni hacia dónde ir. Hemos dejado de habitar un mundo lleno de sentido para pasar a vivir en un espacio neutro, sin dirección, donde el yo se convierte en un sujeto aislado, frágil, flotante.

Este vídeo es un intento de explorar esa herida a través de tres autores que encarnan distintas formas de ese exilio interior:

sábado, 17 de enero de 2026

Quererse bien: el amor propio en la literatura


 



Quererse bien: el amor propio en la literatura

Emma Bovary, Dorian Gray, el Principito, Narciso, Jane Eyre... y nosotros

 

 

Oímos hablar de autoestima, de cuidarse, de amor propio, pero también de narcisismo y egoísmo. ¿Qué significa realmente quererse a sí mismo? ¿Ponerse por delante, cuidarse más, exigirse más, consentirse…?

Querer y quererse suena bien, pero no es algo mágico.

No basta con querer: ni quererse, ni querer al otro, porque puede ocurrir que queramos mal, que queramos de modo inadecuado.

La literatura está llena de personajes que lo hacen bien y que lo hacen mal. Y en ellos podemos ver con una claridad que a veces la vida no nos permite.

Porque si la literatura sirve para algo, quizás es para esto: para mirar y vernos con claridad, para mirar lo humano desde fuera, como quien reconoce las cosas en un espejo.

 

viernes, 9 de enero de 2026

Dios ha nacido en el exilio. Vintila Horia y la revelación en los márgenes

 





Dios ha nacido en el exilio.

Vintila Horia y la revelación en los márgenes

 

 

 

El exilio suele pensarse como una pérdida: de tierra, de lengua, de pertenencia. Pero en la novela Dios ha nacido en el exilio, el escritor rumano Vintila Horia se atreve a darle la vuelta. ¿Y si el exilio, más que un castigo, fuese una revelación?

Horia imagina el diario perdido de Ovidio, el poeta romano, durante los ocho años que pasó desterrado en Tomis, una ciudad bárbara situada en los márgenes del Imperio. A través de una prosa íntima y llena de grietas, Ovidio va dejando atrás su nostalgia y su grandeza para enfrentarse, sin máscaras, a sí mismo.

sábado, 3 de enero de 2026

Caperucita Roja: el cuento que cambió muchas veces (y un lobo que no cambia nunca)

 




Caperucita Roja: el cuento que cambió muchas veces (y un lobo que no cambia nunca)

 

 

 

El cuento ha cambiado con los siglos, las versiones, los intérpretes. Pero el lobo, no.

Una niña se adentra en el bosque. Lleva una capa roja. En algunas versiones, come carne humana sin saberlo; en otras, se mete en la cama con el lobo y escapa sola. En otras, la rescata un cazador. Pero hay algo que se mantiene inalterable en todos los relatos: el lobo.

¿Qué tiene este cuento que ha sobrevivido a los siglos, que ha sido contado, recontado, censurado, endulzado, y aún hoy sigue inquietándonos?

sábado, 27 de diciembre de 2025

Lo que queda al final

 



Lo que queda al final

10 voces para cerrar el año

 



A lo largo de 2025, en Tinta y Caos, hemos tenido el privilegio de conversar con diez personas extraordinarias. Filósofos, escritores, psicólogos, pedagogos, traductores… Diez miradas diversas, pero unidas por una misma convicción: que la palabra bien dicha puede abrir espacio al sentido.

Al final de cada conversación, hicimos la misma pregunta:
¿Qué te gustaría que quedara en la cabeza y en el corazón de quien te ha escuchado?

martes, 16 de diciembre de 2025

El niño mimado y la barbarie con cara de Barbie

 



 

 

 

El niño mimado y la barbarie con cara de Barbie

 

 

El niño mimado y el mundo roto

El niño mimado cree que todo le es debido.

Desde esa convicción, todo lo que haga carece de verdadera importancia: si transgrede normas, tiene derecho a hacerlo; si rompe algo, “papá” lo reparará; si comete errores, alguien pagará por ellos.

Sus actos, en su imaginación, no tienen consecuencias reales. Vive encerrado en su propio mundo, en sus ideas sobre cómo deberían ser las cosas; no sabe que la tozuda realidad no se deja gobernar por sus ensoñaciones. “Los que sueñan viven en un mundo propio; los que están despiertos, habitan un mundo común”, decía Heráclito. Y el niño mimado no ha despertado… aunque se llame woke.

 No comprende que los logros de la civilización, tanto materiales (infraestructuras, servicios, seguridad) como espirituales (estado de derecho, libertad, responsabilidad cívica) no son eternos ni naturales, sino frágiles frutos de un esfuerzo cultural que puede deshacerse si se deja de cuidar.

Ortega y Gasset lo anticipó con claridad en La rebelión de las masas:

“Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser de que todo le está permitido y a nada está obligado”. Desde ahí, diagnosticó la psicología del hombre-masa, ese tipo humano moderno cuyos derechos están garantizados, pero que rehúye toda responsabilidad, todo deber.

Esta no es una observación clínica, sino una crítica cultural: Ortega hablaba de un sujeto que ha crecido convencido de que el mundo está ahí para sostenerle, protegerle, aplaudirle... incluso si lo insulta o lo destruye.

Y no hablamos aquí de adolescentes malcriados, sino de adultos públicos (activistas, políticos, influencers, figuras mediáticas) cuya forma de actuar reproduce esta infantilización profunda de la conciencia.

El conflicto de Gaza ha sido, como tantos otros momentos, una pantalla donde se proyecta este fenómeno con nitidez.

 

El niño mimado que expulsa al padre… y luego lo llama

Un ejemplo especialmente gráfico lo ofreció Ada Colau, exalcaldesa de Barcelona (España). Durante su mandato impulsó simbólicamente la expulsión del ejército español de espacios municipales, vetando su presencia en ferias o actos públicos bajo el discurso de la desmilitarización y el pacifismo institucional.

Muchos lectores no españoles deben saber que este tipo de gestos (que en otros países podrían parecer anecdóticos) en España tienen una fuerte carga ideológica, pues implican un rechazo explícito del Estado español y sus símbolos.

Pues bien, Ada Colau participó en la célebre flotilla propalestina que intentaba llegar a Gaza y fue bloqueada por Israel. En ese momento y en ese contexto, Colau pidió la intervención del ejército español en Gaza, así como la actuación del gobierno de España, precisamente aquellos a los que tantas veces había despreciado.

La paradoja es evidente: quien ha rechazado sistemáticamente al Estado, invoca ahora su amparo como garante último, como si el poder despreciado tuviera, en cualquier caso, la obligación moral de acudir rápidamente en socorro de su niña tan rebelde como mimada.

Esta actitud no es incoherente por descuido, sino expresión de una lógica profundamente infantilizada: puedo rechazar al “padre” simbólico (el Estado, la autoridad, la ley) y, al mismo tiempo, exigirle que actúe como padre amoroso cuando me he metido en un lío, lo necesito… o, simplemente, se me antoja.

Es el gesto clásico del niño mimado: destruye lo que le sostiene… convencido de que alguien pagará los platos rotos. Las instituciones, el derecho, la civilización... son, para este tipo de sujetos, garantías eternas, no logros frágiles que pueden desaparecer si se dinamitan.

Entre la emoción y el desprecio

Otro caso, igualmente significativo, lo protagonizó Greta Thunberg. La activista publicó en redes una imagen de Evyatar David, un joven israelí secuestrado por Hamas, utilizándola para ilustrar un mensaje en apoyo a Palestina y a los presos palestinos. Tras ser advertida del paradójico error —estaba mostrando a una víctima israelí como si fuera una figura palestina—, Thunberg eliminó la publicación sin ofrecer explicación alguna.

El gesto es elocuente: ¿qué importa la realidad si la imagen ya ha activado la emoción deseada?

Una vez más, los hechos se subordinan al relato.

El niño mimado no necesita verificar: cree que basta con sentir para tener razón.

Para este tipo de sujetos, el mundo debe amoldarse a sus emociones.

La historia no es una trama compleja que exige comprensión, sino una secuencia editable al gusto, como si cada uno pudiera narrar su cuento.

No se trata de Gaza

Este texto no busca posicionarse sobre el conflicto entre Israel y Palestina.

De hecho, lo que inquieta no es la complejidad del conflicto, sino la simplicidad con la que muchos lo abordan.

Gaza es sólo el espejo donde se refleja una patología más profunda: la desconexión de parte de la conciencia pública respecto a la realidad.

Vivimos rodeados de sujetos que desprecian las estructuras que los sostienen (el derecho, la nación, la historia, la ley) convencidos de que esas estructuras van a sobrevivirles, hagan lo que hagan.

Creen que pueden insultar la cultura y luego exigir que esa misma cultura los defienda, que pueden quemar cajeros y luego reclamar al Estado becas, salud pública o vivienda.

Creen que pueden banalizar el mal y confiar en que el bien lo resolverá todo por sí solo.

Como si la civilización —su orden, su justicia, su lenguaje— fuera un decorado indestructible. Como si la historia no estuviera llena de momentos en los que todo eso se perdió… porque muchos pensaron que jamás se perdería.

¿Una nueva forma de barbarie?

Lo advertía Gustavo Bueno con su idea del pensamiento Alicia: un discurso público que vive en un cuento de hadas, donde basta con tener buenos deseos para que el mal desaparezca.

Y lo veía Ortega, cuando denunciaba el surgimiento de una generación convencida de que no debía nada al pasado, ni a nadie más que a sí misma.

Pero la realidad no siempre rescata.

Y cuando todo se rompe, no siempre hay un “papá Estado” que llegue a tiempo. A veces el adulto no llega.

Y entonces, lo que nos queda no es la revolución, ni la justicia, ni la liberación, sino la barbarie con cara de Barbie: una sonrisa pintada sobre el vacío, una conciencia infantilizada que cree que destruir es un juego, y que la historia, como el maquillaje, puede borrarse con agua.




Publicado en la Sección "Entusiasmo por la realidad" de la revista Letras de Parnaso, Año XII (II Etapa), nº 95 (Diciembre 2025), ISSN 2387-1601, pp. 42-43:

 

 Enlace Revista (formato PDF para imprimir)

https://www.los4murosdejpellicer.com/EdicionesyPortadasPD/Edicion%2095%C2%A9.pdf