viernes, 28 de agosto de 2026

Si el otro fuera como yo quiero

A veces pensamos que nuestras relaciones serían mejores si pudiéramos cambiar algunas cosas de las personas que queremos. Y seguramente es verdad. Todos tenemos defectos y amar a alguien no significa pensar que todo en él está bien ni renunciar al deseo de que mejore. Pero hay una diferencia importante entre querer que alguien sea mejor y querer que sea como nosotros queremos. En el segundo caso, si pudiéramos llevar nuestro deseo hasta el final, quizá conseguiríamos una persona que pensara como nosotros, reaccionara como esperamos y nunca hiciera nada que pudiera decepcionarnos. Habríamos eliminado muchos problemas. Aunque no está claro que todavía quedara alguien al otro lado con quien encontrarnos.

Porque quizá el encuentro comienza precisamente allí donde el otro no coincide conmigo. Sus diferencias pueden irritarme, obligarme a esperar, poner a prueba mi paciencia y, en ocasiones, hacerme sufrir. Pero también pueden mostrarme cosas que yo no veía y obligarme a salir de mí mismo. Naturalmente, querer a alguien imperfecto no significa aceptar cualquier comportamiento ni dejar de ayudarle a cambiar. Significa reconocer que, mientras él cambia, acaso yo también tenga algo que aprender. Quizá una relación perfecta no sea aquella en la que conseguimos que el otro sea como queremos, sino aquella en la que ninguno de los dos necesita dejar de ser otro para poder encontrarse.

jueves, 27 de agosto de 2026

El precio de no sufrir

 Se repite a veces que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Hay algo verdadero en la frase: no elegimos muchas de las cosas que nos ocurren, pero sí podemos aprender a afrontarlas de maneras diferentes. Sin embargo, basta pensar en alguien a quien queremos para descubrir que la fórmula necesita algún matiz. Si a un hijo le va mal, sufrimos. No porque hayamos decidido equivocadamente nuestra actitud ante el dolor, sino porque su vida nos importa. Podríamos protegernos, ciertamente: tomar distancia, no implicarnos demasiado, procurar que lo que le ocurra no nos afecte. Quizá sufriríamos menos.

Pero pagaríamos un precio. Porque no solo nos hace vulnerables el dolor; también el amor. Querer a alguien significa aceptar que lo que le ocurra puede alegrarnos o herirnos, precisamente porque hemos decidido que su vida forme parte de la nuestra. La cuestión quizá no sea conseguir una existencia en la que nada pueda hacernos sufrir, sino aprender qué hacer con el sufrimiento cuando llega. Hay dolores que pueden evitarse cerrando puertas. El problema es que, a veces, al otro lado de esas mismas puertas estaba también el amor.

martes, 25 de agosto de 2026

¿Cuántos meses al año trabaja usted para el Estado?

 




¿Cuántos meses al año trabaja usted para el Estado?

Imagine que cada 1 de enero empezara a trabajar, pero durante los primeros meses del año no recibiera nada de lo que gana. Su salario, íntegro, iría destinado a pagar impuestos. Sólo después de haber satisfecho todas sus obligaciones fiscales comenzaría usted a trabajar para sí mismo.

La ficción tiene un nombre: Día de la Liberación Fiscal. Se trata de calcular qué día del año habríamos terminado de pagar todos los impuestos que soportamos si, en lugar de hacerlo poco a poco y de maneras diferentes, los concentrásemos al comienzo del año.

Lo que no elegimos




 

LO QUE NO ELEGIMOS

Sobre la libertad frente a lo dado

 

En el artículo anterior examinábamos una idea muy extendida: identificar la libertad con la capacidad de elegir entre opciones. Veíamos entonces que esa concepción, siendo verdadera en parte, resulta insuficiente. Porque elegir no consiste sólo en mantener abiertas posibilidades, sino también en dar forma a una vida mediante decisiones que cierran otras alternativas. Quedó así planteada una cuestión que es precisamente la que ahora vamos a abordar: ¿qué ocurre con aquello que no elegimos?

No todo en la vida se presenta como una opción.

sábado, 22 de agosto de 2026

Prepararnos para vivir

 



Prepararnos para vivir

Pasamos buena parte de nuestra vida preparándonos para cosas que todavía no han ocurrido.

Estudiamos pensando en un trabajo futuro, ahorramos un dinero que podríamos gastar hoy, cuidamos nuestro cuerpo para una vejez que quizá tarde muchos años en llegar.

Parece razonable.

Pero también conocemos personas que han pasado tanto tiempo preparándose para vivir que, cuando finalmente levantan la cabeza, descubren que la vida era precisamente aquello que estaba sucediendo mientras se preparaban.

viernes, 21 de agosto de 2026

Un presente que tenga futuro

Ayer pregunté en la comunidad de YouTube de mi canal qué haríamos si tuviéramos una tarde completamente libre: dedicarla a algo que nos apetece ahora o emplearla en algo que quizá no nos apetezca, pero que nuestro yo futuro agradecerá. Las respuestas han ido en muchas direcciones: quien estudia una oposición, quien aprovecha el ocio para aprender o pintar, quien practica con la guitarra pensando que quizá algún día llegue a mejores escenarios, quien reivindica simplemente mirar los pájaros y las nubes. Y alguien contó que una tarde aparentemente insignificante invitó a una chica al cine y, dieciocho años después, siguen juntos.

Quizá por eso la alternativa entre vivir el presente y preparar el futuro esté mal planteada. Hay presentes que se consumen y presentes que, mientras los vivimos, van construyendo posibilidades. Estudiar, cultivar una amistad, aprender a tocar la guitarra o detenerse a contemplar el horizonte pueden ser ya formas de vivir y, al mismo tiempo, estar haciendo posible algo que todavía no existe. Prepararnos para el futuro no debería consistir en aplazar la vida hasta mañana. Tampoco vivir el presente significa actuar como si mañana no fuéramos a estar aquí. Tal vez se trate de algo más difícil y más interesante: construir un presente que tenga futuro.

jueves, 20 de agosto de 2026

Cuando los comentarios se convierten en conversación

Esta mañana he dedicado un rato a los comentarios de mi canal de YouTube, Tinta y Caos. El último vídeo había generado bastantes y yo ya había respondido a todos, pero descubrí una segunda capa que normalmente miro menos: las respuestas a mis respuestas. Y ahí estaba ocurriendo algo interesante. Un espectador retomaba una idea y la llevaba más lejos; otro entraba en la conversación para introducir un matiz; alguien respondía a este último diciendo que no lo había pensado así. En otros hilos aparecían espectadores que se reconocían en lo que otro había dicho o que contaban cómo una reflexión seguía acompañándolos camino a casa o al gimnasio. De pronto comprendí que aquello ya no era simplemente una colección de comentarios sobre un vídeo.

Hay una diferencia importante entre recibir comentarios y provocar una conversación. Lo segundo ocurre cuando una idea empieza a vivir por su cuenta: suscita una pregunta que uno no había previsto, pasa de una persona a otra y continúa desarrollándose sin necesidad de que quien inició la conversación intervenga continuamente. Quizá por eso tampoco convenga responder siempre ni empeñarse en tener la última palabra. A veces hay que contestar, precisar o preguntar; otras, lo mejor es apartarse un poco y contemplar cómo unas personas ayudan a otras a pensar. Esta mañana he tenido la agradable sensación de que estaba ocurriendo algo así.