A Dios pongo por testigo de que no volveré a pasar hambre.
Pertenezco a una generación a la que Escarlata O’Hara puso
los pelos como escarpias con esas palabras. En pantalla grande, que aquello no
cabía en una sesión de sobremesa ¡Qué fuerza, qué nervio, oiga!
Argumento sólido, puesta en escena magnífica, actores de
primera: había que ver a Vivien Leigh y a Clark Gable dándole la réplica. No
obstante, no me extrañaría que los yanquis, esos insensibles liberales, no les
hubieran dado ninguna subvención.
