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miércoles, 19 de febrero de 2025

Lealtad al mundo

 




Lealtad al mundo

 A propósito de Ortodoxia, IV

 

 

La dualidad del mundo

Que en el mundo hay cosas buenas y malas, es una obviedad.

Esto explica que haya dos tipos de personas en principio irreconciliables: el pesimista y el optimista. Ambas opciones son básicamente idénticas en cuanto que absolutizan uno de los aspectos del mundo y niegan el otro. El optimista se aferra a las bondades del mundo, mientras que el pesimista lo percibe únicamente en sus tonos más sombríos.

La ironía

Con uno de esos giros tan del gusto de Chesterton, ironiza y pone en perspectiva estos extremos: «Llegué a la conclusión de que el optimista pensaba que todo era bueno, excepto el pesimista, y que el pesimista pensaba que todo era malo, excepto él mismo». Este comentario suaviza los extremos en cuanto que, por una parte, el optimista no puede considerar bueno al pesimista (por tanto, no todo es bueno) y, por otro lado, el pesimista se considera a sí mismo bueno (por tanto, no todo es malo).

sábado, 29 de abril de 2023

Paciencia y acción

Cuando una realidad podría (o, incluso, debería) ser mejor, la vemos como algo insuficiente, deficiente o, en otros términos, lo llamamos malo.

Algunos fijan la atención en el bien, se esfuerzan por realizarlo. Se fortalecen y llenan de esperanza porque, si lo entiendo bien,

«Vienen buenos tiempos, pero vienen despacio;

Good times are coming […] but they’re sure coming slow», Neil Young

lunes, 12 de marzo de 2018

El bien imposible


La gente buena quiere el bien. Es lo suyo. El bien para ellos y para los demás.
La gente sabia intuye que la realidad no es simple, que está llena de contradicciones: que si naturaleza y cultura, que si idealidad y existencia… y tantas otras.
La gente sabia no ignora que hay bienes más buenos que otros. Y que, así son las cosas, si la gente disfruta el bien de la libertad, a veces, obra mal.
La gente sabia y buena es paciente, sabe que hay que dejar madurar a los demás, mostrarles el bien, animarles a la perfección. Pero imponer cierto ámbito de bien supone anular la libertad, que es algo muy humano.
Por eso imponer no es sabio; puede ser obra de gente buena, pero no sabios (y la sabiduría es un fruto maduro de la humanidad).
Por eso imponer es la acción, en el mejor de los casos, de los totalitarios virtuoso o tontos útiles. En el mejor de los casos; puede ser peor.

Algo de esto le entiendo a Popper. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«aún los conflictos más graves provienen de algo no menos admirable y firme que peligroso, a saber, nuestra impaciencia por mejorar la suerte de nuestro prójimo»,
Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos

jueves, 22 de junio de 2017

Realidad y paciencia

La gradualidad, el avanzar paso a paso, parece algo constitutivo de la realidad humana. Y paradójico, porque nos gustaría lograr instantáneamente el objeto de nuestras ilusiones y nuestras voliciones.
Quizá por eso, en La Eva futura queda escrito lo que dejo en mi blog. Por si interesa:

«il paraît que pour trouver l'Idéal, il faut d'abord passer par le royaume des taupes».

«parece que para hallar el ideal primero hay que pasar por el reino de los topos»


Auguste Villiers de L'Isle-Adam, L'Eve Future

sábado, 17 de junio de 2017

Decisión y acción

O del dicho al hecho porque aunque no falta gente admirable, de personalidad firme y rotunda, lo habitual es que la construcción de nuestra vida sea tarea de la paciencia. De decidir nuestra meta y poner un paso después del otro, de despistarnos (como los lotófagos, incluso) y volver a intentarlo una y otra vez.
Por eso, y pese a que es ilusionante, no siempre podemos seguir a Malègue. Pero ahí lo dejo. Por si interesa:

«Les véritables décisions n’ont pas besoin d’arcs-boutants».

«Las verdaderas decisiones no necesitan arbotantes».

Joseph Malègue, Augustin ou le Maître est là