Lealtad al mundo
La dualidad del mundo
Que en el mundo hay cosas buenas y malas, es una obviedad.
Esto explica que haya dos tipos de personas en principio
irreconciliables: el pesimista y el optimista. Ambas opciones son básicamente
idénticas en cuanto que absolutizan uno de los aspectos del mundo y niegan el
otro. El optimista se aferra a las bondades del mundo, mientras que el
pesimista lo percibe únicamente en sus tonos más sombríos.
La ironía
Con uno de esos giros tan del gusto de Chesterton, ironiza y pone en perspectiva estos extremos: «Llegué a la conclusión de que el optimista pensaba que todo era bueno, excepto el pesimista, y que el pesimista pensaba que todo era malo, excepto él mismo». Este comentario suaviza los extremos en cuanto que, por una parte, el optimista no puede considerar bueno al pesimista (por tanto, no todo es bueno) y, por otro lado, el pesimista se considera a sí mismo bueno (por tanto, no todo es malo).
