Más allá de la seducción: Casanova o la fama (2)
Entusiasmo por la realidad (17)
Manuel Ballester
Casanova y Don Juan, como tipos humanos, comparten idéntica
fascinación por la feminidad. La mujer es atractiva y ellos quieren ser los
dueños de lo que les fascina.
Les mueve el deseo de poseer y gozar. Deseo infinito que,
por eso mismo, choca con la realidad, ya que todas y cada una de las mujeres
son finitas. Y nada finito puede saciar un afán infinito, ninguna mujer puede
satisfacer a quien espolea el impulso siempre renovado de poseer y gozar la
feminidad.
Ésta parece ser, en cualquier caso, la dinámica del deseo: codiciarlo todo, anhelar lo infinito, aspirar a lo absoluto o, como dice Nietzsche: «el placer quiere eternidad, profunda, profunda eternidad»[1]. Y ahí parecen permanecer atrapados los personajes y las personas cuyo estado anímico viene regido por el deseo.