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domingo, 23 de febrero de 2025

Alicia y la maravilla de ser uno mismo




 

Alicia y la maravilla de ser uno mismo

 

 

¿Quién soy? ¿Qué me define? Alicia se hace estas preguntas mientras atraviesa el País de las Maravillas. Pero, ¿no son las mismas que todos nos hacemos al crecer?

El País de las Maravillas y el viaje del crecimiento

A veces, los niños hacen preguntas que nos descolocan. Todos hemos sido niños, pero al crecer, o las olvidamos o dejamos de pensar en ellas porque pertenecían al mundo de la maravilla, mientras que los adultos habitan el mundo de la utilidad. Madurar tiene la ventaja de ganar autonomía, pero hay que pagar un precio.

¿Vale la pena responder a un niño? ¿Vale la pena responder una pregunta infantil? No es fácil. Hay que aparcar nuestro mundo de prisas y eficacia y arrodillarse ante el misterio.

lunes, 20 de enero de 2025

El Principito y la soledad moderna

 




El Principito y la soledad moderna



Hay momentos en la vida en que experimentamos de un modo vivo y doloroso nuestra soledad.

Incluso rodeados de compañeros, amigos o familiares, a veces nos sentimos profundamente solos.

Si no me equivoco, la sensación de no tener a nadie con quien hablar verdaderamente es el tema central de El Principito. Se trata de un rasgo típicamente moderno: la carencia de conexión auténtica con los demás.

En El principito, el símbolo de la soledad es el desierto. Ahí ocurren los acontecimientos, encuentros y enseñanzas fundamentales.

miércoles, 24 de abril de 2024

Volver a casa

De alguna manera, madurar es abandonar el hogar para conquistar el mundo y nuestra propia vida.

Después entendemos que nos hemos ido del lugar donde hemos sido queridos incondicionalmente.

Y toda nuestra vida es ya un intento de volver. O algo de esto le entiendo a Hesse:

«“Nunca vuelves a casa”, dijo amablemente [Frau Eva]. “Pero cuando convergen caminos amistosos, el mundo entero parece estar en casa durante una hora”;

„Heim kommt man nie,“ sagte sie freundlich. „Aber wo befreundete Wege zusammenlaufen, da sieht die ganze Welt für eine Stunde wie Heimat aus.“ »,

Hesse, H., Demian, 173.

jueves, 11 de abril de 2024

Soledad y madurez

Madurar, crecer, supone alejarse del hogar protector para conquistar el mundo exterior.

Eso puede hacerse renegando del origen (“matar al padre” lo llama Freud) o asumiendo la tradición para vivificarla y vivir de la riqueza que nos han legado. En el primer caso, se siente el desarraigo (l’enracinement, que diría Weil); en el segundo, las raíces profundizan y permiten que las ramas lleguen más lejos.

Algo de esto le entiendo a Hesse:

«Todo el mundo tiene que dar el paso que le separa de su padre y de sus profesores; todo el mundo tiene que sentir algo de la dureza de la soledad, aunque la mayoría de la gente no puede soportarla mucho y pronto vuelve a esconderse;

Jeder muß einmal den Schritt tun, der ihn von seinem Vater, von seinen Lehrern trennt, jeder muß etwas von der Härte der Einsamkeit spüren, wenn auch die meisten Menschen wenig davon ertragen können und bald wieder unterkriechen»,

Hesse, Demian, 152

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Esfuerzo por enterarse

 

Parte de madurar consiste en aceptar que llegamos tarde a los asuntos importantes. De nuestra vida, del mundo, de la cultura y la vida en general. Nos incorporamos a una conversación que la humanidad mantiene desde hace milenios. Asumido esto, tiene sentido esforzarse sosegadamente por enterarse de qué va todo esto.

Algo de esto le entiendo a Gabriel Zaid. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«El apetito por seguir una conversación que no se entiende es un síntoma de salud, no de falta de preparación. La disciplina es buena al servicio del apetito, no en lugar del apetito. Sin apetito, no hay cultura viva»,

Zaid, G., Los libros y la conversación, p. 114

miércoles, 17 de junio de 2020

Verne y Defoe frente a Robinson


▷ Libro Escuela de Robinsones gratis en PDF,ePub - Elejandria                         Robinson Crusoe: Adventure  and Sea stories (Annotated) (English Edition) de [Daniel  Defoe]


Verne y Defoe frente a Robinson



Manuel Ballester



La imagen del hombre moderno es la del individualista, la del hombre que se enfrenta solo a la tarea de sobrevivir y construir un hogar confortable. ¿Y qué otra cosa es esto que la historia de un náufrago en una isla?

La metáfora no es baladí y quizá sea eso lo que explique el interés en el género de novelas de náufrago. Entre ellas, destaca con nombre propio Robinson Crusoe (1719), a raíz de la cual ha habido diversas versiones para el cine y la literatura. Destacan dos: Der Schwizerische Robinson (El Robinson suizo o, también, Familia de Robinsones, 1812) de Johann David Wyss y Escuela de Robinsones (1882) de Julio Verne (1828-1905).

lunes, 12 de marzo de 2018

El bien imposible


La gente buena quiere el bien. Es lo suyo. El bien para ellos y para los demás.
La gente sabia intuye que la realidad no es simple, que está llena de contradicciones: que si naturaleza y cultura, que si idealidad y existencia… y tantas otras.
La gente sabia no ignora que hay bienes más buenos que otros. Y que, así son las cosas, si la gente disfruta el bien de la libertad, a veces, obra mal.
La gente sabia y buena es paciente, sabe que hay que dejar madurar a los demás, mostrarles el bien, animarles a la perfección. Pero imponer cierto ámbito de bien supone anular la libertad, que es algo muy humano.
Por eso imponer no es sabio; puede ser obra de gente buena, pero no sabios (y la sabiduría es un fruto maduro de la humanidad).
Por eso imponer es la acción, en el mejor de los casos, de los totalitarios virtuoso o tontos útiles. En el mejor de los casos; puede ser peor.

Algo de esto le entiendo a Popper. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«aún los conflictos más graves provienen de algo no menos admirable y firme que peligroso, a saber, nuestra impaciencia por mejorar la suerte de nuestro prójimo»,
Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos

jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Mantenerse joven?

Madurar en una profesión significa dominar las exigencias que ésta comporta, saber qué se puede y qué no se puede hacer. Lo contrario es no saber (ser ignorante) en qué consiste esa tarea.
El joven, por serlo, vive en la ignorancia de lo que será; vive en la búsqueda de sí mismo. Por eso aún no está en condiciones de asumir deberes (dice Aristóteles que, por serlo, el joven es incapaz de amistad: al no poseerse, no puede entregarse). El joven está vertido al futuro: al no ser nada, vive como si tuviera que experimentarlo todo, probarlo todo; es todo posibilidad, poca realidad. Tiene que determinarse, concretar la meta de su existencia, elegir la tarea en la que empeñará sus esfuerzos. Tiene, en una palabra, que aprender a vivir y aprender que realizarse es, estrictamente, “hacerse real” o, más precisamente, “hacer real la mejor posibilidad”.

De ahí, si lo entiendo bien, la perplejidad de Ortega ante los ancianos con chandal y peluquín. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Esta esquividad para toda obligación explica, en parte, el fenómeno, entre ridículo y escandaloso, de que se haya hecho en nuestros días una plataforma de la «juventud» como tal. Quizá no ofrezca nuestro tiempo rasgo más grotesco. Las gentes, cómicamente, se declaran «jóvenes» porque han oído que el joven tiene más derechos que obligaciones, ya que puede demorar el cumplimiento de éstas hasta las calendas griegas de la madurez. Siempre el joven, como tal, se ha considerado eximido de hacer o haber hecho ya hazañas. Siempre ha vivido de crédito. Esto se halla en la naturaleza de lo humano. Era como un falso derecho, entre irónico y tierno, que los no jóvenes concedían a los motes. Pero es estupefaciente que ahora lo tomen éstos como un derecho efectivo, precisamente para atribuirse todos los demás que pertenecen sólo a quien haya hecho ya algo»,
Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

martes, 29 de abril de 2014

26.3. Por un motivo noble


26.3. Por un motivo noble


Los colegas han aprovechado su interés por el Tiburón, le han hecho desear ir a verlo. Pinocho ve claro que se trata de una invitación a abandonar la escuela. El motivo es noble. Si pospone la escuela es llevado por su buen corazón, por el amor a su padre.

No es la primera vez que Pinocho se ve tentado para alejarse del camino correcto. La primera vez fueron los pífanos, la llamada de la feria o, dicho de otra manera, el dejar para mañana la obligación y dedicarse ahora a lo que a uno le apetece, se justificó así: «Hoy (oggi) iré a oír los pífanos y mañana (domani) a la escuela; para ir a la escuela siempre hay tiempo». En otra ocasión cogió una uvas, sólo unos racimos, y la razón era la necesidad, tenía hambre.

martes, 25 de marzo de 2014

26.2. Los compañeros de escuela


Pinocho ha empezado a formarse. Da sus primeros pasos por la escuela. Ha entrado en contacto con otros niños y ha comenzado con buen pie porque ha sabido actuar correctamente. Al afrontar adecuadamente la primera dificultad se ha ganado el respeto y, por eso, sus compañeros «le querían mucho. Hasta el maestro estaba muy satisfecho».
Los encargados de ayudarle en su formación (el Hada, el maestro) están contentos porque ven que da muestras de gran cordura. Se va convirtiendo en una persona sensata. Va bien, parece situado ante un futuro luminoso en el que, eso sí, aparece como una nubecilla ya que «el único defecto que tenía era el de frecuentar a demasiados compañeros; entre los cuales había muchos pilluelos conocidos por sus pocas ganas de estudiar y de portarse bien».

Parece que Pinocho tendrá que enfrentarse a un nuevo problema. La sabiduría popular alude a ella cuando sentencia “dime con quién andas y te diré quién eres”.

martes, 4 de marzo de 2014

25. Promete al hada que será bueno


En el capítulo anterior Pinocho pide ayuda. No la merece y él lo sabe. Cabalmente, no le auxilian ya que está en condiciones de cubrir sus necesidades trabajando. Así se lo espetan, con distintos tonos, diversos personajes.

Aparece entonces una misteriosa mujercita. Tampoco le da limosna, también le recuerda su deber. Pero introduce un matiz significativo que supone un progreso: consigue que Pinocho quiera trabajar y, efectivamente, gane su pan cumpliendo con su deber.