Novela,
vida, eternidad
A propósito de Cómo se hace una
novela, de Unamuno
Todos los seres intentan
alcanzar la eternidad. Cada uno lo intenta a su modo, que no es lo mismo una
rosa que un hombre. Para inmortalizarnos hacemos lo que hacemos, unos
sabiéndolo y otros sin sospecharlo siquiera. Pero en ese ambiente nos movemos,
existimos y somos. Al menos, así lo plantea Aristóteles. Y, si acierta,
entonces habrá que decir que tanto quien escribe novelas como quien las lee, el
autor y el lector, hacen lo que hacen movidos por el anhelo de trascendencia.
Saber qué nos mueve, tener claro el fin, es mucho. Pero, aún compartiendo el mismo destino, los corazones de los hombres recorren muchos y variados caminos, cada uno marcado por sus propias pruebas y maravillas. La vía que nos ocupa ahora, siguiendo al desterrado Unamuno (1864-1936) es la novela y la vida (si es que, al final, no son lo mismo).