![]() |
| Carlo Chiostri (1901) |
El final del capítulo anterior es transparente para
el lector. Opaco para Pinocho, al que Collodi califica como dulce salado, dolce di sale: ha enterrado las
monedas, las ha regado y ahora piensa que sólo tiene que esperar un poco para
que la tierra le haga rico.
Cuando se dirige a recoger las riquezas esperadas,
éstas van creciendo en su imaginación. Crecen y crecen y, al mismo ritmo, se
incrementan las posesiones de ese «gran señor» que sería Pinocho. Y al mismo
tiempo se olvida el destino originario del dinero: ya ha olvidado el frío de su
pobre padre y el Abecedario, ahora quiere dulces, juguetes, palacios…
