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martes, 12 de noviembre de 2013

19. Le roban y, por tanto, es condenado

Carlo Chiostri (1901)

El final del capítulo anterior es transparente para el lector. Opaco para Pinocho, al que Collodi califica como dulce salado, dolce di sale: ha enterrado las monedas, las ha regado y ahora piensa que sólo tiene que esperar un poco para que la tierra le haga rico.
Cuando se dirige a recoger las riquezas esperadas, éstas van creciendo en su imaginación. Crecen y crecen y, al mismo ritmo, se incrementan las posesiones de ese «gran señor» que sería Pinocho. Y al mismo tiempo se olvida el destino originario del dinero: ya ha olvidado el frío de su pobre padre y el Abecedario, ahora quiere dulces, juguetes, palacios…