El ambiente cultural
que respiramos se deja caracterizar con la célebre lema de la cultura pop “Vive
rápido, muere joven y deja un bonito cadáver; Live fast, die young, and leave a good-looking corpse”.
Desde esa perspectiva
no se entiende que el héroe de la Odisea
renunciara a la inmortalidad y a la compañía de una diosa para
regresar a una vida mundana con su familia. Ulises deja eso, abandona la isla y la diosa porque, dice, quería ser
hombre, envejecer, vivir una vida cargada de días y afanes, y volver a casa,
con su mujer y su hijo, con su familia.
Ulises vive
intensamente, que no es vivir rápido y con estrés, se las ingenia para esquivar
la muerte y ve la belleza de la vejez y la grandeza de las cicatrices, que son
recuerdos grabados en la piel.
Algo de esto le
entiendo a Vargas Llosa cuando, en su obra La
civilización del espectáculo, critica la búsqueda de gratificación
instantánea que define nuestro entorno cultural. Y ahí lo dejo. Por si interesa:
«En nuestros días el consumo
masivo de marihuana, cocaína, éxtasis, crack, heroína, etcétera, responde a un
entorno cultural que empuja a hombres y mujeres a la busca de placeres fáciles
y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación y la responsabilidad, en
lugar del encuentro consigo mismos a través de la reflexión y la introspección,
actividades eminentemente intelectuales que a la cultura veleidosa y lúdica le
resultan aburridas».
En mi opinión, estas palabras de Vargas Llosa concuerdan con la elección de Ulises, invitándonos a reconsiderar lo que valoramos y cómo vivimos nuestras vidas. ¿Optamos por el placer fugaz o por el enriquecimiento duradero que ofrece una vida reflexiva?