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Copeland |
Al rehusar el pacto con las garduñas, Pinocho rechaza la
obtención de una ventaja que le habría afianzado en la animalidad. De aceptar,
se habría consolidado como perro, más concretamente como mal perro. Al impedir
que las circunstancias le degraden, Pinocho reafirma su poder de hombre, su
capacidad de dirigirse hacia su mejor posibilidad. Recupera, en otras palabras,
su libertad.
Inmediatamente, atravesó los campos «y no se detuvo ni un
minuto hasta que alcanzó el camino recto (la
strada maestra)», el camino correcto que es, en definitiva, la senda que conducía
de casa de Geppetto a la escuela o de casa del Hada al encuentro con el padre.