Quererse bien: el amor propio en la literatura
Emma Bovary, Dorian Gray, el Principito, Narciso, Jane Eyre... y nosotros
Oímos hablar de
autoestima, de cuidarse, de amor propio, pero también de narcisismo y egoísmo.
¿Qué significa realmente quererse a sí mismo? ¿Ponerse por delante, cuidarse
más, exigirse más, consentirse…?
Querer y quererse
suena bien, pero no es algo mágico.
No basta con querer:
ni quererse, ni querer al otro, porque puede ocurrir que queramos mal, que
queramos de modo inadecuado.
La literatura está
llena de personajes que lo hacen bien y que lo hacen mal. Y en ellos podemos
ver con una claridad que a veces la vida no nos permite.
Porque si la
literatura sirve para algo, quizás es para esto: para mirar y vernos con
claridad, para mirar lo humano desde fuera, como quien reconoce las cosas en un
espejo.
¿Se puede querer mal?
En este recorrido
literario vamos a analizar formas distintas de amor propio a través de
personajes que, de forma más o menos trágica, nos muestran nuestras propias
heridas.
Y luego, con ayuda de Aristóteles,
pondremos nombre a estos modos de quererse… y de perderse.
Emma Bovary: el amor como huida
Emma no ama a los
hombres: quiere lo que ellos le dan. Prestigio, escape, emoción,
aventura. Cada nuevo amor es un intento de huida.
Emma no ama su vida
ni a sí misma, y por eso tampoco puede querer de verdad a nadie. Se mueve
por utilidad emocional, no por amor. Lo útil es su motor.
Dorian Gray: placer sin verdad
Dorian busca placer,
belleza, juventud. Quiere gozar sin pagar ningún precio. Sólo se quiere cuando
se ve brillante, fascinante, joven. Rechaza su propia imagen cuando deja de ser
perfecta.
Como Emma, se queda en
la superficie. Lo suyo no es amor, ni por sí mismo ni por otros: es consumo
emocional.
El Principito: aprender a amar lo esencial
A diferencia de Emma o
Dorian, el Principito no huye de la realidad, sino que sale a buscar sentido.
Ama a su rosa, pero tiene que aprender lo que significa la espina.
El amor real no es
fácil, ni cómodo, ni inmediato. Es un aprendizaje, una fidelidad, una forma
de mirar con más profundidad. Y el Principito tiene que crecer para volver a
amar bien.
Aristóteles: tres tipos de bien
Todos buscamos el
bien. Emma, Dorian, el Principito... pero no todos buscan el mismo tipo de bien.
Cuando nos movemos por
lo útil o lo agradable, nos tratamos como consumidores. Pero cuando amamos lo
verdaderamente valioso (en nosotros y en los demás), emerge la dignidad.
Narciso: la parálisis de la imagen
Narciso se ama como
objeto de contemplación. Ama su reflejo, pero no crece, no actúa, no
arriesga. No quiere transformarse.
Vive de la imagen que
proyecta y necesita que los demás lo refuercen. Pero eso es un amor pasivo,
estéril, cerrado. No puede abrirse a sí mismo ni a los otros.
Jane Eyre: la dignidad que no se negocia
Jane se enfrenta a una
elección dura: quedarse con el hombre que ama... o respetar su integridad.
Y elige irse. No por
orgullo, sino porque hay algo en ella que vale más que su deseo. Ese gesto es
amor propio del bueno: fidelidad a lo que somos en lo más alto.
Jane no se justifica
ni busca validación. Actúa con lucidez y dignidad.
Entonces... ¿Qué significa quererse bien?
Quererse no es mirarse
al espejo y repetirse frases de autoayuda. No es vanidad ni comodidad. Es reconocerse
con verdad.
Quererse a sí mismo no
es un capricho moderno: es una necesidad profunda, urgente y transformadora.
🎥 Mira el vídeo completo
Si este texto te ha
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donde lo exploro con más detalle y voz:
👉 https://youtu.be/mrba8MDlKN0

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