sábado, 17 de enero de 2026

Quererse bien: el amor propio en la literatura


 



Quererse bien: el amor propio en la literatura

Emma Bovary, Dorian Gray, el Principito, Narciso, Jane Eyre... y nosotros

 

 

Oímos hablar de autoestima, de cuidarse, de amor propio, pero también de narcisismo y egoísmo. ¿Qué significa realmente quererse a sí mismo? ¿Ponerse por delante, cuidarse más, exigirse más, consentirse…?

Querer y quererse suena bien, pero no es algo mágico.

No basta con querer: ni quererse, ni querer al otro, porque puede ocurrir que queramos mal, que queramos de modo inadecuado.

La literatura está llena de personajes que lo hacen bien y que lo hacen mal. Y en ellos podemos ver con una claridad que a veces la vida no nos permite.

Porque si la literatura sirve para algo, quizás es para esto: para mirar y vernos con claridad, para mirar lo humano desde fuera, como quien reconoce las cosas en un espejo.

 

¿Se puede querer mal?

En este recorrido literario vamos a analizar formas distintas de amor propio a través de personajes que, de forma más o menos trágica, nos muestran nuestras propias heridas.

Y luego, con ayuda de Aristóteles, pondremos nombre a estos modos de quererse… y de perderse.

 

Emma Bovary: el amor como huida

Emma no ama a los hombres: quiere lo que ellos le dan. Prestigio, escape, emoción, aventura. Cada nuevo amor es un intento de huida.

Emma no ama su vida ni a sí misma, y por eso tampoco puede querer de verdad a nadie. Se mueve por utilidad emocional, no por amor. Lo útil es su motor.

 

Dorian Gray: placer sin verdad

Dorian busca placer, belleza, juventud. Quiere gozar sin pagar ningún precio. Sólo se quiere cuando se ve brillante, fascinante, joven. Rechaza su propia imagen cuando deja de ser perfecta.

Como Emma, se queda en la superficie. Lo suyo no es amor, ni por sí mismo ni por otros: es consumo emocional.

 

El Principito: aprender a amar lo esencial

A diferencia de Emma o Dorian, el Principito no huye de la realidad, sino que sale a buscar sentido. Ama a su rosa, pero tiene que aprender lo que significa la espina.

El amor real no es fácil, ni cómodo, ni inmediato. Es un aprendizaje, una fidelidad, una forma de mirar con más profundidad. Y el Principito tiene que crecer para volver a amar bien.

 

Aristóteles: tres tipos de bien

Todos buscamos el bien. Emma, Dorian, el Principito... pero no todos buscan el mismo tipo de bien.

Dice Aristóteles que hay tres tipos: lo útil, lo agradable y lo valioso en sí.
Solo este último da sentido y plenitud.

Cuando nos movemos por lo útil o lo agradable, nos tratamos como consumidores. Pero cuando amamos lo verdaderamente valioso (en nosotros y en los demás), emerge la dignidad.

 

Narciso: la parálisis de la imagen

Narciso se ama como objeto de contemplación. Ama su reflejo, pero no crece, no actúa, no arriesga. No quiere transformarse.

Vive de la imagen que proyecta y necesita que los demás lo refuercen. Pero eso es un amor pasivo, estéril, cerrado. No puede abrirse a sí mismo ni a los otros.

 

Jane Eyre: la dignidad que no se negocia

Jane se enfrenta a una elección dura: quedarse con el hombre que ama... o respetar su integridad.

Y elige irse. No por orgullo, sino porque hay algo en ella que vale más que su deseo. Ese gesto es amor propio del bueno: fidelidad a lo que somos en lo más alto.

Jane no se justifica ni busca validación. Actúa con lucidez y dignidad.

 

Entonces... ¿Qué significa quererse bien?

Quererse no es mirarse al espejo y repetirse frases de autoayuda. No es vanidad ni comodidad. Es reconocerse con verdad.

Emma, Dorian, Narciso... se buscaron, pero no se encontraron.
El Principito y Jane, por el contrario, se respetaron. Y en ese respeto encontraron algo más que placer o utilidad: sentido, verdad, dignidad.

Quererse a sí mismo no es un capricho moderno: es una necesidad profunda, urgente y transformadora.

 

 

🎥 Mira el vídeo completo

Si este texto te ha hecho pensar, te invito a ver el vídeo completo en el canal Tinta y Caos, donde lo exploro con más detalle y voz:

👉 https://youtu.be/mrba8MDlKN0



No hay comentarios:

Publicar un comentario