Del caos al
sentido: tres pasos para reconstruir lo que importa
Las vacaciones a veces
se convierten en un pequeño apocalipsis. Lo que esperábamos como descanso,
armonía y disfrute, acaba transformándose en discusiones, silencios, cansancio
o heridas que parecían ya cicatrizadas.
Podemos tener la
tentación de pensar que hemos tenido mala suerte. Pero a poco que nos fijemos,
descubriremos que eso le pasa a bastante gente. Parece algo estructural y, por
tanto, vale la pena pensarlo.
Veámoslo con una pequeña metáfora doméstica. Tenemos nuestra casa organizada y de pronto decidimos darle otro aire. Empezamos a cambiar muebles de sitio, a mover los cuadros y, por eso mismo, a descubrir que hay manchas, desconchones, humedades, grietas… que no se veían porque los tapaban los muebles y los cuadros.
