Leer con hambre
Disfrutar con el sentido profundo de la lectura
Manuel Ballester
1. Leemos poco. Y peor aún: leemos mal
En un mundo saturado de palabras, cada vez es más raro
encontrar el silencio fértil donde nace una lectura profunda. Vivimos rodeados de palabras, de mensajes, de
páginas y pantallas. Pero la abundancia no garantiza profundidad. Leemos mucho, pero no necesariamente bien.
Se publican miles de libros cada año. Las cifras son espectaculares. Y sin
embargo, cada vez cuesta más encontrar lectores verdaderamente formados.
¿Qué está ocurriendo? Que hemos confundido información con sabiduría, volumen con sentido. Y sobre todo, hemos perdido el hambre.
