Cyrano: El amor que no pide nada
Cyrano de Bergerac se estrenó en 1897, en una época
en que el teatro realista dominaba la escena europea. En ese contexto, Edmond
Rostand recuperó el verso, la emoción y el heroísmo, pero no desde una
ingenuidad romántica, sino con lucidez y profundidad. Su obra no ignora el amor
apasionado, pero lo pone a prueba.
No repite el esquema típico del yo enamorado que exige ser
amado. Propone otra figura: alguien que, sin renunciar al amor romántico, lo
habita desde lo hondo… y lo lleva hasta su conclusión lógica: más allá de sí
mismo.
Un triángulo inesperado
La acción transcurre en el París del siglo XVII. Cyrano es
un brillante espadachín y gran poeta, pero acomplejado por una nariz deforme y
enorme. Ama en secreto a su prima, Roxana, pero no se atreve a decírselo. Cree
que su defecto físico le impide ser amado.
Roxana, por su parte, se enamora de Christian: un joven
apuesto, honesto, pero sin talento para la palabra. Entonces ocurre algo
inesperado: Cyrano presta su voz a Christian. Pondrá su ingenio al servicio del
amor de otro, escribiéndole brillantes y vibrantes cartas de amor.
Roxana las recibe y se va enamorando de ese espíritu que se
expresa en el papel. Pero no sabe de quién se enamora realmente. El espectador,
sí.
Y ese desajuste entre lo que nosotros sabemos y lo que ella
ignora convierte a la obra en algo más que un drama romántico. Es una
meditación sobre el amor, el lenguaje, y lo que realmente ocurre cuando amamos
y somos amados.
Tres ejes para entender Cyrano
Voy a fijarme en tres aspectos clave que permiten una mirada
más profunda a la obra:
·
Las lágrimas y el sufrimiento
·
La escalera del amor
·
La dignidad del que ama sin pedir nada a cambio
1. Las lágrimas que dicen la verdad
Entre los
muchos momentos memorables de la obra hay uno que suele pasar desapercibido,
pero me parece muy importante para entender el mundo interior de Cyrano.
Estamos en el
asedio de Arras, los cadetes están exhaustos, sin víveres. Algunos lloran de
puro hambre y desesperación.
Entonces
Cyrano les habla, evoca la patria lejana, la Gascuña, la dignidad de la lucha.
Los enardece con poesía y una gaita improvisada. Y vuelven a llorar.
Pero ahora,
dice Cyrano, el llanto ha cambiado de víscera. No lloran por el estómago, sino
por el corazón.
Cyrano no
niega la realidad, no niega el sufrimiento.
Tienen hambre
y están lejos de la patria, pero ennoblece el sufrimiento. Llorar de nostalgia
es más noble que llorar por hambre. Y lloran, pero se ennoblecen.
Y esto es
Cyrano. Cyrano no niega la realidad, no niega el sufrimiento, no niega su
nariz, pero lo ennoblece. No se engaña, no hay en él impostura.
Mira de frente
la realidad y le saca el mejor partido posible. La lágrima, que expresa
sufrimiento, la conecta con lo más hondo del alma. Ya no es llanto del cuerpo,
sino del espíritu.
Y este es un
gran tema de la obra. Y este es un gran tema de la vida. El sufrimiento no
desaparece, pero puede ser ennoblecido.
Y por eso
Cyrano no sólo es un personaje trágico, es un personaje ético.
2. El amor como ascenso
La obra no presenta el amor como un fogonazo ciego e
inmediato. Lo plantea como una construcción, un proceso, una escalera
que se asciende peldaño a peldaño.
Desde lo físico (la belleza, el hambre, la nariz…) hasta lo
esencial (el alma, el carácter), el amor va descubriendo niveles más profundos
de la persona. Roxana se siente atraída por Christian por su belleza. Luego se
enamora de sus cartas, sin saber que en realidad son de Cyrano.
Ella sube la escalera sin saberlo. Cyrano, en cambio, ya
está en lo alto, ama desde el fondo… y sabe que su amor no puede expresarse. No
puede recorrer los peldaños iniciales con su amada. Su amor está completo, pero
no tiene recorrido. Es una plenitud sin esperanza. Una plenitud trágica.
3. Amar sin esperar
Cyrano no ama
para ser amado, no espera correspondencia, no es que no la desee, es que no la
ve posible. No ama para mostrarse, para ser descubierto, para ser reconocido,
para ser elegido. Ama sin esperar nada a cambio.
Por eso hay un
momento en el que suplantando la voz de Christian le dice a Rosana: “por tu
felicidad daría yo la mía aunque tú jamás llegases a saberlo”.
Eso no es
resignación, no es martirio, eso es querer a Rosana y quererla
incondicionalmente en su sentido más profundo. No a condición de que
correspondas, sino sin que correspondas.
No para
conquistarte, no para que me recuerdes, sino para que tú seas amada, aunque sea
por otro. Eso, dar sin esperar, amar sin pedir, desaparecer sin amargura, no es
debilidad, es altura, nobleza.
¿Cyrano es un perdedor?
A simple vista, Cyrano podría parecer el típico “romántico
sensible” destinado al fracaso. En lenguaje moderno, alguien diría que es un
“pringado” que no se atrevió a declararse. Pero si lo escuchamos con atención,
veremos que es el más fuerte de toda la obra.
Porque Cyrano de Bergerac no es solo la historia de
un amor imposible. Es una reflexión sobre la dignidad, la entrega silenciosa,
el amor que no busca recompensa.
Y aquí llega la pregunta inquietante:
¿Quién no querría ser amado así: con respeto, con belleza, incluso en la
sombra?
Pero si ese tipo de amor no se improvisa, entonces también
debemos preguntarnos:
¿Sería yo capaz de amar así?
Quizá este sea el único amor verdadero, al final de la
escalera.
Continuaremos esta reflexión en otra ocasión.
🎥 Mira el vídeo completo
Si este texto te ha hecho pensar, te invito a ver el vídeo completo en el
canal de youtube Tinta y Caos, donde
lo exploro con más detalle y voz:

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