Hay momentos en los que todo parece funcionar. Uno avanza, consigue lo que se propone, cumple objetivos… y, sin embargo, algo no termina de encajar.
No es un problema visible. Desde fuera, todo
está en orden. Pero por dentro aparece una especie de desajuste difícil de
nombrar, como si el movimiento no tuviera del todo sentido.
Quizá el problema no está en lo que se hace,
sino en para qué se hace.
Hölderlin lo formula de manera muy precisa:
«Conquistarás y olvidarás para qué has conquistado; Du wirst erobern, rief Diotima, und
vergessen, wofür?», Hyperion.
Y entonces todo funciona… pero no basta.
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