¿Qué vale más que tu propia felicidad?
Hay preguntas
que sólo aparecen cuando la vida nos obliga a detenernos.
Mientras todo
gira alrededor de nuestros proyectos, solemos preguntarnos qué queremos
conseguir. Aspiramos a una vida mejor, imaginamos cómo sería alcanzar
determinados objetivos y confiamos en que, cuando lleguen, encontraremos la
felicidad.
Robert Louis
Stevenson aborda esta cuestión en una novela breve y extraordinaria: El
diablo de la botella. La premisa parece propia de un cuento fantástico.
Existe una botella capaz de conceder cualquier deseo. Quien la posee puede
alcanzar riqueza, prestigio, salud o cualquier otro bien imaginable. Pero la
botella encierra una condición que transforma por completo la historia y obliga
al protagonista a replantearse qué merece realmente la pena.
Lo admirable de
Stevenson no es la invención de un objeto mágico. Lo admirable es que utiliza
esa ficción para conducir al lector hacia una de las cuestiones fundamentales
de la existencia.
¿Existe algo
que valga más que nuestra propia felicidad?
Vivimos en una
cultura que identifica casi siempre el bien con la satisfacción de los propios
deseos. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece sugerir otra cosa. El
nacimiento de un hijo, la amistad verdadera, el cuidado de un enfermo, el amor
o la fidelidad muestran que los bienes más valiosos suelen exigir renuncias, responsabilidad
y, en ocasiones, sacrificio. No disminuyen nuestra vida; al contrario, la
ensanchan.
Quizá por eso
las cosas más importantes no pueden comprarse ni exigirse. No son objetos que
podamos adquirir. Son realidades que sólo pueden recibirse, agradecerse, cuidar
y corresponder.
He querido
reflexionar sobre estas cuestiones en el nuevo vídeo de Tinta y Caos,
dedicado a una de las obras menos conocidas y, a mi juicio, más profundas de
Robert Louis Stevenson.

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