Cuando el dato no basta
Hay épocas en las que
abundan los datos y escasea la comprensión. Se publican estadísticas, se
desclasifican documentos, se acumulan cifras que describen con creciente
precisión lo que ocurrió.
Pero saber más no equivale necesariamente a entender mejor. Quien ha sufrido fiebre, vómitos y dolor de cabeza sabe que los síntomas, por evidentes que sean, no constituyen todavía un diagnóstico: una indisposición pasajera y un embarazo pueden compartir señales, y no significan lo mismo. También en la vida económica acumulamos cifras, indicadores y proyecciones. Pero el dato, por preciso que sea, no sustituye al juicio que lo interpreta.
