domingo, 21 de enero de 2018

Entre el estrés y el sosiego

El ambiente cultural que respiramos se deja caracterizar con la célebre frase “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”.
Desde esa perspectiva no se entiende que Ulises renunciara a vivir en una isla paradisíaca junto a una bella diosa siendo él mismo inmortal. Ulises deja eso, abandona la isla y la diosa porque, dice, quería ser hombre, envejecer, vivir una vida cargada de días y afanes, y volver a casa, con su mujer y su hijo, con su familia.
Ulises vive intensamente, que no es vivir rápido y con estrés, se las ingenia para esquivar la muerte y ve la belleza de la vejez y la grandeza de las cicatrices, que son recuerdos grabados en la piel.

Algo de esto le entiendo a Vargas Llosa. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«En nuestros días el consumo masivo de marihuana, cocaína, éxtasis, crack, heroína, etcétera, responde a un entorno cultural que empuja a hombres y mujeres a la busca de placeres fáciles y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación y la responsabilidad, en lugar del encuentro consigo mismos a través de la reflexión y la introspección, actividades eminentemente intelectuales que a la cultura veleidosa y lúdica le resultan aburridas»,
Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo

sábado, 20 de enero de 2018

El discreto encanto de la progresía

Orwell señala que uno de los rasgos de las sociedades modernas es proclamar ostentosamente lo contrario de lo que se hace (como el ministerio de la Verdad, encargado de difundir mentiras o el de la Paz, que organiza la guerra).
Y así anda la plaga progresista, a lomos de su óptima superioridad moral.

Algo de esto le entiendo a Vargas Llosa. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Uno de los rasgos de la poscultura es no creer en el progreso, el eclipse de la idea según la cual la historia sigue una curva ascendente, el predominio del Kulturpessimismus o nuevo realismo estoico»,
Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo

viernes, 19 de enero de 2018

Calidad o igualitarismo

El aforismo tot capita, tot sententia lo expresa Descartes con mayor claridad cuando dice aquello de que todos pensamos estar bien provistos de inteligencia.
Y de ahí podría seguirse que si no llegamos a catedráticos o premio Nobel es por deficiencias estructurales: la sociedad (que nos corrompe, al decir de Rousseau), la educación (que no está bien diseñada) o vaya usted a saber.
Si eso fuera así, lo suyo sería que todos fuésemos unos genios. No ya una pirámide invertida sino un único punto, muy denso, en el vértice superior de la pirámide. Donde nadie es mejor ni peor, sino igual.

Algo de eso debe fallar porque no parece que las cosas funcionen así en el mundo real. Y si se trabaja sobre una hipótesis falsa, mal vamos.
Algo de esto dice Vargas Llosa, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«La ingenua idea de que, a través de la educación, se puede transmitir la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyendo la «alta cultura», pues la única manera de conseguir esa democratización universal de la cultura es empobreciéndola, volviéndola cada día más superficial»,
Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo

miércoles, 17 de enero de 2018

La persona, entre la dignidad y el realismo

El monstruo de lo políticamente correcto, la imposición de ideologías que son cabezas de esa hidra, está siendo posible entre otras causas porque el hombre actual ha rendido su capacidad de pensar por sí mismo (y los que más, los que reivindican fanáticamente el monopolio de esta bandera) y se ha habituado al “realismo” de que “esto es lo que hay”, siendo esto la mayor parte de las veces, lo peor, lo que más bien reclama rechazo y reforma.
La persona es, dice Kant, siempre digna de respeto. Radica su dignidad en que está hecha para el bien y la verdad. Puede equivocarse, claro. Porque también está hecha para ser ayudada y para rectificar. Ahí también radica su grandeza y su dignidad.
Ah, y es libre. También puede elegir mal. Puede elegir el mal, puede ser “realista”. Pero entonces ya no es tan grande ni tan digna.
En fin, cada paso del camino nos acerca a nuestro destino.

Algo de esto le entiendo a Vargas Llosa. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Hay muchas maneras de definir lo respetable. En lo que a mí se refiere, me merece respeto el intelectual o el político que dice lo que cree, hace lo que dice y no utiliza las ideas y las palabras como una coartada para el arribismo».


Mario Vargas Llosa, El pez en el agua

martes, 16 de enero de 2018

Ante el mal

Ocurre a veces en la vida que nos encontramos en una mala situación: una calamidad mediana o un infierno en toda regla.
A veces nuestra torpeza o malicia nos ha llevado ahí; en otras ocasiones nuestra bondad o inocencia ha permitido a otros acorralarnos.
Tanto da. El caso es que llegamos a un mal paso. Entre Escila y Caribdis, que diría Homero.
A algunos la pasividad les puede. Se bloquean. No saben qué hacer. No han entendido a Ulises: cuando se está en un infierno hay que correr, moverse, actuar. Si ahí se está mal, si así se está mal, hay que hacer algo para cambiarlo. No hay otra opción.

Algo de esto dice Vargas Llosa, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

 «Cuando las cosas no tenían marcha atrás, no valía la pena perder el tiempo preguntándose si hubiera sido preferible que no ocurrieran. Mejor tratar de enrumbarlas por el buen camino. Siempre era posible enderezar lo que andaba torcido»,

Mario Vargas Llosa, El sueño del celta

lunes, 15 de enero de 2018

Pensar y vivir con claridad

Si hemos de creer a Platón (que, en eso, coincide plenamente con Aristóteles) los animales y los dioses tienen en común la certeza en el saber: saben sin indagar, tienen a mano el conocimiento que necesitan.
Los demás tenemos que buscar para aclararnos. Los demás, en otros términos, tenemos la tarea vital de buscar amorosamente la sabiduría, que en eso consiste la filosofía.
La tarea del filósofo es, pues, quehacer que tiene que ver con aclarar, con salir de la caverna y el embrollo para vivir en la luz y la claridad.
Asunto complejo, a juzgar por algunos argumentarios de sedicientes pensadores que, más que cooperar a esa tarea tan humana, parece impulsar la sedición respecto a ella.

Algo de esto dice Ortega, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:
  
«la claridad es la cortesía del filósofo»,

Ortega y Gasset, El hombre y la gente

lunes, 18 de diciembre de 2017

Realidad y Razón

Qué son los conceptos o, lo que es lo mismo, cuál es el estatuto de los universales, es asunto que se ha tratado largamente en la historia del pensamiento.
Hay quienes sostienen (Platón, sin ir más lejos) que son la realidad más real, quedando este mundo como mera copia o participación, en cualquier caso un mundo sensible pero escasamente inteligible y como a medio hacer, imperfecto e inferior (aunque se enfade Nietzsche).
Sin llegar a esos extremos, Aristóteles sentencia que sobre lo particular no hay ciencia, que el saber científico versa sobre los universales, los conceptos.
Hay, en definitiva, una actitud que consiste en volver la espalda a lo particular, a lo existente, sea porque es inferior, sea porque es difícilmente pensable, sea porque la ciencia no puede hincarle el diente.
Kant en la Crítica de la razón pura briega con estos asuntos, con las sensaciones, las formas, las categorías, las ideas… Y queda delimitado, de-marcado, el ámbito de la ciencia, el dominio de la razón. Y también la apertura al particular aber ich denke überhaupt porque somos, sobre todo, seres pensantes. Razonar, hacer ciencia, es un modo. Sólo eso. Hay más.

Decir que hay algo (sea lo que sea “ese algo”) y nada más lleva al cierre, al -ismo.

Algo de esto le entiendo a Ortega. Ahí lo dejo, por si interesa:

 «el racionalismo es una forma de beatería intelectual que al pensar sobre una realidad procura tener a ésta lo menos posible en cuenta»,
Ortega y Gasset, El hombre y la gente