Cuando el Principito no entiende lo que pasa con la rosa,
no se queda.
Se va.
No porque no le importe.
Sino porque no sabe qué hacer con eso que le importa.
Y quedarse así —sin entender— pesa.
Descoloca.
Inquieta.
Cansa.
Irse, en cambio, ordena algo.
Permite tomar distancia.
Recuperar una cierta sensación de control.
Volver a un terreno donde uno se maneja mejor.
Por eso no siempre nos vamos de lo que no queremos.
A veces nos vamos de lo que sí queremos…
pero no sabemos sostener.
Y entonces el problema no desaparece.
Solo cambia de forma.
***
Esto lo trabajaremos con calma los jueves de mayo en un seminario.
Si te interesa, escríbeme a
seminarios.tintaycaos@gmail.com
y te cuento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario