Caperucita Roja: el cuento que cambió muchas veces (y un lobo que no cambia
nunca)
El cuento ha cambiado
con los siglos, las versiones, los intérpretes. Pero el lobo, no.
Una niña se adentra en
el bosque. Lleva una capa roja. En algunas versiones, come carne humana sin
saberlo; en otras, se mete en la cama con el lobo y escapa sola. En otras, la
rescata un cazador. Pero hay algo que se mantiene inalterable en todos los
relatos: el lobo.
¿Qué tiene este cuento
que ha sobrevivido a los siglos, que ha sido contado, recontado, censurado,
endulzado, y aún hoy sigue inquietándonos?
Tres versiones, tres caperucitas
La tradición más antigua conocida se remonta al siglo XI, cuando
el diácono Egberto de Lieja incluyó en su Fecunda
Ratis una historia titulada De
puella a lupellis servata (“La niña salvada de los lobos”), donde
ya aparecen los elementos esenciales del cuento: la niña, el bosque, los lobos
y el peligro. Esta versión es brutal: la
niña come la carne y bebe la sangre de su abuela sin saberlo. Luego se desnuda,
se mete en la cama con el lobo… y escapa sola. No hay cazadores. No hay
moralejas. Solo una transformación: ya no es la misma que al inicio.
Unos siglos más tarde,
Charles Perrault (1697) introduce una advertencia explícita: “no hables con
desconocidos”. La niña desobedece y el castigo es inmediato. El cuento se
convierte en norma, en guía de comportamiento.
Después, los hermanos
Grimm (1812) suavizan el relato. Aparece un cazador que salva a la niña y a la
abuela. Hay final feliz, pero también una nueva figura: la niña ya no se salva,
es salvada.
¿Y qué nos dice hoy este cuento?
Caperucita Roja no ha dejado de hablarnos, pero cada época
ha interpretado su voz según sus propios valores y deseos. Por eso no hay una
única lectura del cuento: hay muchas, y todas revelan tanto sobre nosotros
como sobre la propia historia. Aquí van algunas de las interpretaciones más
influyentes:
Enfoque didáctico
Desde sus primeras versiones, el cuento ha funcionado como
advertencia. La niña recibe un encargo claro (“no te salgas del camino”) y
cuando lo desobedece, el castigo llega. La historia se convierte así en un
relato ejemplarizante, con moraleja: los actos tienen
consecuencias. Perrault lo deja explícito al final: “las niñas
bonitas no deben hablar con desconocidos”. El cuento educa, corrige, protege.
Quiere marcar límites. Y aunque esto puede sonar autoritario, no deja de
reflejar la preocupación por quienes aún no distinguen el peligro.
Enfoque psicoanalítico
Autores psicoanalíticos y, en especial Bruno Bettelheim, han
leído en este cuento un relato simbólico sobre el despertar sexual. La capa
roja representa la menstruación, el paso a la pubertad. El lobo no es solo un
depredador, sino una figura de seducción. Que Caperucita se meta en la cama con
él no es un accidente, sino una metáfora poderosa. Esta lectura no pretende
escandalizar, sino mostrar que los cuentos populares contienen verdades
profundas sobre el crecimiento, el deseo, el cuerpo. Aquí el bosque ya no es
solo un lugar peligroso: es el umbral hacia la edad adulta.
Enfoque feminista
Desde esta perspectiva, el cuento ha sido criticado por su
estructura de poder. Caperucita es presentada como una niña indefensa, cuya
salvación depende de un varón: el cazador. El relato reproduce así el esquema
masculino-activo / femenino-pasivo. Además, el mandato de obedecer aparece como
una forma de control sobre la libertad de la protagonista. Las relecturas
feministas han recuperado versiones más antiguas —donde la niña escapa sola—
para rescatar su autonomía, su astucia y su capacidad de decisión. En este
enfoque, el cuento es una oportunidad para revisar los roles de género que
hemos heredado.
Enfoque simbólico (Jung)
Desde la psicología profunda de Carl Gustav Jung, Caperucita
Roja se convierte en un mapa del alma. El bosque simboliza el
inconsciente, la parte no explorada de nuestra psique. El lobo es la sombra,
esa parte de nosotros mismos que tememos, que reprimimos o negamos. Atraviesas
el bosque, te enfrentas al lobo, y al hacerlo te transformas. No es un cuento
para asustar, sino para animar a crecer. Es un relato de maduración. Hay que
entrar en lo desconocido, mirar al lobo a los ojos, e integrar lo que somos.
Solo así se madura.
Enfoque iniciático
Este enfoque recupera la versión oral más antigua, donde la
niña no es salvada, sino que se salva sola. Aquí el cuento no enseña a
obedecer, sino a aprender a distinguir quienes (como la madre) quieren
ayudarnos y quienes (como el lobo) quieren perjudicarnos. El cuento, entonces,
no pretende protegernos del mundo, sino prepararnos para enfrentarlo con los
ojos abiertos.
Aprender a reconocer al lobo
No todos los consejos
nos coartan, ni toda rebeldía nos libera.
Crecer es aprender a
distinguir, a saber en quién confiar y a quien temer.
Y esa es la verdadera
enseñanza que Caperucita todavía nos ofrece.
Porque si el cuento ha
cambiado muchas veces… el lobo, casi nunca.
🎥 Mira el vídeo completo en YouTube:
“El secreto de
Caperucita Roja: canibalismo, deseo y el lobo que nunca cambia”
👉 https://youtu.be/yNd1LJjCrjI
🎧 O escúchalo en Spotify:
https://n9.cl/hgsen
