Dios ha nacido en el exilio.
Vintila Horia y la revelación en los márgenes
El exilio suele pensarse
como una pérdida: de tierra, de lengua, de pertenencia. Pero en la novela Dios
ha nacido en el exilio, el escritor rumano Vintila Horia se atreve a darle
la vuelta. ¿Y si el exilio, más que un castigo, fuese una revelación?
Horia imagina el diario perdido de Ovidio, el poeta romano, durante los ocho años que pasó desterrado en Tomis, una ciudad bárbara situada en los márgenes del Imperio. A través de una prosa íntima y llena de grietas, Ovidio va dejando atrás su nostalgia y su grandeza para enfrentarse, sin máscaras, a sí mismo.
Lo que comienza como
una crónica del sufrimiento se convierte poco a poco en una meditación sobre el
alma, la libertad, el destino… y Dios.
Sin nombrarlo
directamente, sin convertir el relato en alegoría religiosa, Horia logra algo
más delicado y más hondo: construir una transformación espiritual sin dogma,
nacida del vacío, de la intemperie y del silencio.
¿Puede el hombre cambiar?
Esta es una de las
preguntas centrales del libro.
Ovidio, autor de Las
Metamorfosis, parece admitir que los dioses cambian... pero los hombres,
no. Somos esencialmente lo mismo, incluso cuando las circunstancias nos
zarandean.
Pero el paso del
tiempo, la soledad y el frío de Tomis van produciendo en él una grieta. Y por
esa grieta empieza a entrar una luz desconocida.
No hay iluminación
repentina. No hay milagros. Sólo un proceso lento y lúcido en el que el exilio
deja de ser exterior y se vuelve interior… y fértil.
La salvación no está en el centro
Uno de los momentos
más potentes de la obra —y el que le da título— llega cuando Ovidio anota:
“Dios ha nacido en el
exilio”.
No en Roma. No en los
templos. No en el corazón del poder.
Sino en los márgenes,
en la intemperie, donde no hay certezas.
Y ahí, justamente ahí,
es donde empieza a vislumbrarse algo parecido a una redención.
Es una afirmación que
resuena más allá del contexto histórico o teológico: como si el libro susurrara
que la verdad no se impone desde el centro, sino que nace donde menos se la
espera.
En quienes han sido
expulsados. En quienes no tienen voz. En quienes han sido despojados de todo…
salvo de sí mismos.
Literatura espiritual sin ser religiosa
La novela de Vintila
Horia es un ejemplo raro y valioso de literatura espiritual sin pretensión de
adoctrinar.
Su fuerza está en el
tono, en la evolución del personaje, en el mundo simbólico que se abre sin
necesidad de ser explicado.
Por eso su lectura hoy
sigue siendo poderosa: porque nos habla, en el fondo, de un tipo de
transformación que todos intuimos como posible… pero que pocos se atreven a
vivir.
No una mejora moral.
No un giro ideológico. Sino una metamorfosis silenciosa, nacida del desgarro y
la pérdida, que cambia la forma en que vemos el alma, el mundo y a Dios.
🎥 Mira el vídeo completo
He dedicado un
episodio de la serie Tinta Breve a explorar esta obra.
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