domingo, 26 de abril de 2026

Escribir para entender

 Escribir no consiste en sacar lo que uno lleva dentro, como si bastara con volcarlo sobre el papel.

De hecho, cuando la escritura se limita a eso —a descargar, a “vomitar” lo que uno siente—, puede incluso reforzar aquello mismo de lo que uno querría salir. Se repite, se fija, se vuelve a recorrer el mismo camino sin avanzar.

Cyrulnik lo formula con precisión: «No es el acto de escribir lo que tiene efecto curativo, sino la elaboración que se produce durante la escritura», Escribí soles de noche, 123.

La diferencia está en ese matiz: elaborar.

Escribir obliga a detenerse, a ordenar, a jerarquizar, a encontrar palabras que no estaban dadas de antemano. Y en ese proceso, lo que nos pasa deja de ser algo que simplemente padecemos para convertirse, poco a poco, en algo que podemos mirar.

No desaparece. Pero cambia de lugar.

Y eso ya es mucho.

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