A veces querríamos empezar de nuevo. Otra casa, otro trabajo, otra ciudad, quizá otras personas. Y hay ocasiones en que hacerlo es necesario: permanecer puede ser cobardía y marcharse, la única manera de recuperar la propia vida. Pero empezar de nuevo tiene una dificultad: podemos dejar atrás casi todo menos a nosotros mismos. Cambiamos de escenario llevando con nosotros nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras heridas y esa sorprendente capacidad para volver a cometer, en lugares distintos, errores bastante parecidos.
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