El canto del gallo: símbolo de vigilia, traición y despertar
El mundo no sólo contiene
símbolos: es simbólico. Y a veces no hay que mirar demasiado alto para
descubrir lo sagrado. Basta con escuchar a un gallo.
Y quien no percibe la
dimensión simbólica de lo cotidiano, no sólo se pierde los símbolos, sino
aquello a lo que los símbolos remiten: esa parte honda, vibrante y vertiginosa
de la realidad.
¿Por qué el gallo?
Vamos a hablar
del gallo; de por qué canta; de por qué ese canto atraviesa religiones,
mitologías, culturas; de por qué Sócrates, lo último que dice antes de morir,
es que debe un gallo a Esculapio; de por qué Pedro llora cuando oye cantar al
gallo; de por qué hay gallos en los campanarios, en las veletas, en la
astrología, en el Feng Shui, en la Lotería Mexicana.
Y también
vamos a hablar de la gallina, porque sin ella no hay equilibrio.
Pero, como
siempre, sobre todo, vamos a hablar de nosotros, de nuestra vida, de lo que nos
pasa.
Porque el canto del
gallo no es un canto cualquiera: es una señal, un aviso, un umbral.
Canta para que no se
nos pase lo que está pasando. Para decirnos: vigila, algo está cambiando.
El gallo en la ciencia… y en el alma
La ciencia nos dice
que el gallo canta guiado por su ritmo circadiano, una suerte de reloj
biológico que detecta los cambios. Por eso canta al amanecer… o en mitad de la
noche, como en el Evangelio.
Ese canto marca el
momento exacto en que Pedro se da cuenta de su traición. Es el instante en que
despierta.
Y eso es lo que hace
el símbolo: no contradice la naturaleza, la prolonga y revela. El gallo no sólo
canta, también anuncia, convoca, mueve.
Por eso aparece en tantas
iglesias medievales: en lo alto, vigilante, marcando el viento: el pneuma,
en griego, la misma palabra que para espíritu. El gallo nos enseña a
estar atentos a lo importante.
Cirlot, Jung, Elíade… Sócrates
El Diccionario de símbolos, de Cirlot
define al gallo como símbolo de luz, vigilancia y resurrección. En la alquimia
representa el fuego que transforma.
Para Jung (Símbolos de transformación), el gallo
señala el paso de la sombra a la consciencia, el inicio del despertar interior.
Elíade (Lo sagrado y lo profano) lo presenta
como guardián de los umbrales: entre el día y la noche, entre la sabiduría y la
ignoracia, entre el profano y lo sagrado.
Y Sócrates, antes de
morir, dice: “Critón, le debemos un gallo
a Esculapio”. No es sólo ironía. Esculapio es el dios de la medicina y
ahí, Sócrates está indicando que entiende la muerte como una curación, como un
paso de umbral. El gallo no canta la muerte, canta el despertar final.
Un símbolo universal
En todo el mundo, el
gallo canta. Y su canto se entiende aunque no hablemos el mismo idioma, porque su canto no es de este mundo,
sino de la frontera entre mundos.
En México, el gallo es la carta número 1 de la lotería:
inaugura el juego, anuncia lo que comienza, y simboliza al mensajero entre
mundos.
En Francia, es el símbolo nacional: representa el orgullo,
la vigilancia y la lucidez, una conciencia despierta que no teme al amanecer.
En China, forma parte del zodiaco: se asocia al orden, la
belleza y la protección frente a fuerzas destructivas, tanto externas como
internas.
En
todas estas culturas, el gallo no está puesto como adorno: está llamando.
Aparece cuando hace falta marcar un umbral, señalar que algo importante se
mueve.
En la India, el dios guerrero Skanda lleva un gallo en su
estandarte: encarna la lucha contra la oscuridad interior, el combate por la
claridad del alma.
Y en muchas regiones de África, el gallo aparece en ritos de
paso, como guía entre los umbrales del nacimiento, la transformación y la
muerte.
El gallo aparece siempre donde algo va a cambiar,
donde algo va a comenzar (porque cuando algo acaba, también algo comienza).
¿Y la gallina?
No podíamos olvidarla.
Si el gallo protege,
la gallina cuida, mantiene la vida. Es símbolo de maternidad, calor, arraigo,
cuidado esencial. Esa imagen de los polluelos bajo sus alas nos habla de lo que
sostiene la vida en lo pequeño y concreto.
Canta porque algo amanece
El gallo es territorial,
insistente, ruidoso. Canta para marcar un inicio.
Y precisamente por eso
se convierte en símbolo: porque la naturaleza y el alma hablan idiomas
distintos, pero dicen lo mismo.
También dentro de
nosotros hay amaneceres en marcha, transformaciones en curso. El canto del
gallo, real y simbólico, nos recuerda que hay que estar atentos, porque quizá
hoy empiece algo nuevo. Y quizá el gallo que necesitamos escuchar no
está fuera, sino dentro.
🎥 Puedes ver el vídeo completo en Tinta y Caos, mi canal de youtube:
👉 https://youtu.be/H_UWkEKPIp8

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