jueves, 21 de mayo de 2026

El hombre técnico y el misterio de la vida

 Vivimos intentando gestionarlo todo. El trabajo, la familia, el tiempo, el futuro, nuestras emociones e incluso nuestra propia identidad. Saltamos continuamente de un papel a otro: ahora profesional, ahora padre, ahora esposo, ahora individuo que intenta “realizarse”. Y muchas veces acabamos agotados sin saber exactamente por qué. Desde fuera, incluso, puede parecer que todo va bien.

Parte de este malestar tiene que ver con el tipo de hombre que nuestra cultura impulsa: un sujeto técnico, orientado al control, la previsión y la eficacia. El Principito percibe muy bien ese problema. Por eso contrapone continuamente el mundo de los adultos —obsesionados con cifras, utilidad y dominio— a una mirada más abierta al encuentro, al asombro y al misterio. El pozo en el desierto no es sólo agua: es descubrimiento de que hay dimensiones esenciales de la vida que no pueden fabricarse ni gestionarse técnicamente.

Pero quizá nuestra tarea no consista simplemente en “volver a ser niños” en sentido romántico o sentimental. Tal vez haya que aprender algo más difícil: aceptar que la vida misma tiene algo de don y de misterio. Que no todo puede controlarse. Y que algunas de las realidades más importantes —el amor, los hijos, la alegría, el sufrimiento o Dios— sólo pueden ser verdaderamente vividas cuando, en vez de intentar dominarlas o gestionarlas continuamente, dejamos que pasen; cuando nos movemos en ellas, existimos y somos… un poco como los niños.

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