Se dice con frecuencia que el amor no es un sentimiento, sino una decisión. La afirmación corrige un error, pero puede introducir otro. Porque también hay decisiones torpes, ciegas o precipitadas. La voluntad humana no actúa sola: necesita de la inteligencia. Antes de comprometernos con alguien debemos conocerlo suficientemente como para poder decir, con verdad, «merece la pena recorrer la vida a su lado». Ese conocimiento nunca es completo, pero sí puede ser suficiente para una decisión libre y razonable. Esperar a conocer plenamente al otro antes de decidir sería condenarse a no decidir nunca.
Sin embargo, el verdadero conocimiento comienza precisamente después de esa decisión. Hay aspectos de una persona que sólo se revelan en la convivencia, en la fidelidad, en los años compartidos, en la enfermedad, en el trabajo cotidiano, en las alegrías y en las pérdidas. No permanecemos porque ya lo sabemos todo del otro; más bien sucede lo contrario: llegamos a conocerlo de verdad porque hemos decidido permanecer. La fidelidad no es el premio de un conocimiento perfecto, sino la condición para alcanzar un conocimiento que, de otro modo, permanecería siempre fuera de nuestro alcance.
El problema es encontrar un equilibrio convincente para la apuesta.
ResponderEliminarPorque, además, una cosa es una relación y otra la entrega de amor, si cabe, quiero decir, que no siempre es recíproco, y no me refiero a que no sea una condición que se procure obtener, pero no es determinante…y eso no significa que no se tenga amor propio…¿no sé si me entiende?
Si lo que se busca es una relación, entonces dependerá de cuál sea esta, y si ese conocimiento es suficiente para ambas partes y si entre ellas hay, al menos, cierta proporción en los riesgos asumidos…o si hay coincidencia de lo que se quiere de la vida, que no significa que se piense igual… podría seguir sumando…lo que trato de decirle es que el amor no siempre encontrará un equilibrio, y menos en el arranque.
…¿podría agregar fe a su texto? . Es decir, la elección de creer en la relación antes del compromiso, que no es amor ciego, a ver, con el paso del tiempo terminas queriendo en el otro, valores que aprecias, es más, valores que priorizas.
Puede ser el oficio, siempre estoy pensando en las últimas instancias, entonces estimas la generosidad y la compasión en las personas antes que la sola inteligencia o la coherencia, repito, en última instancia y siempre mejor concretar y reducir la tensión entre ellas…lo que tengo claro a estas alturas es que, de forma inversa, me irritan más los justicieros incoherentes en los casos concretos …y sobre todo: la maldad sutil y banal
Muchas gracias por la reflexión. Creo que tiene razón al introducir la confianza. Siempre hay un elemento de fe —en el sentido de cum fide, confiar—, porque nunca conocemos plenamente a la otra persona antes de comprometernos.
EliminarPero esa confianza tampoco es ciega: confiamos en alguien que, razonablemente, se ha mostrado digno de confianza. Después, el conocimiento continúa creciendo con la convivencia y la fidelidad.
También me parece importante distinguir entre la relación y el amor. Muchas relaciones, como la amistad, tienen un componente condicional: permanecen mientras se sigan dando ciertas condiciones. En cambio, el amor más pleno —el que vemos, por ejemplo, entre padres e hijos— aspira a ser incondicional. Quizá la pregunta decisiva sea: ¿cómo queremos ser queridos nosotros?
Gracias por enriquecer el diálogo.
Y también como estrategia
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