¿Por qué escribían un diario los
hombres más sabios?
Hay costumbres
que parecen haber desaparecido porque las hemos dado por superadas. Una de
ellas es escribir un diario.
Hoy disponemos de teléfonos capaces de registrar cada instante de nuestra vida. Guardamos miles de fotografías, vídeos, mensajes y conversaciones. Nunca había sido tan fácil conservar recuerdos. Sin embargo, cabe preguntarse si eso era realmente lo que buscaban quienes, durante siglos, dedicaron parte de cada jornada a escribir unas páginas sobre su propia vida.
Cuando uno se
acerca a los grandes diarios descubre algo sorprendente. Marco Aurelio no
escribe sus Meditaciones para que las lea la posteridad. San Agustín no
redacta las Confesiones con la intención de convertirse en un clásico. Ana
Frank o Etty Hillesum tampoco imaginan que millones de personas leerán algún
día lo que escriben. Todos tienen, sin embargo, algo en común: utilizan la
escritura para comprender su vida mientras la están viviendo.
Quizá esa sea
la primera gran enseñanza de un diario. No escribimos únicamente cuando ya
sabemos qué pensamos. Muy a menudo ocurre justamente lo contrario. Escribimos
porque todavía no lo sabemos. Hay algo que nos inquieta, nos duele o nos
desconcierta y necesitamos ponerlo delante de nosotros para poder entenderlo.
La escritura deja entonces de ser un simple archivo de recuerdos y se convierte
en una herramienta de pensamiento.
Pero existe
todavía un nivel más profundo. Hay quienes escriben no sólo para comprender,
sino para transformarse. Escriben para corregirse, para recordar quién quieren
ser, para no desviarse del camino que han elegido. En ese sentido, un buen
diario se parece menos a un álbum de recuerdos que a un examen de conciencia o
a una conversación honesta con uno mismo. No conserva únicamente el pasado;
ayuda a construir el futuro.
Quizá por eso
seguimos leyendo, siglos después, los grandes diarios. No porque nos interesen
únicamente los acontecimientos que narran, sino porque asistimos al esfuerzo de
un hombre por dar sentido a su vida. Y esa tarea nunca deja de ser actual.
Cambian las circunstancias, cambian las épocas, cambian los problemas
concretos, pero permanece la misma pregunta: ¿qué voy a hacer con eso que me ha
tocado vivir?
He querido
reflexionar sobre esta cuestión en el nuevo vídeo de Tinta y Caos,
recorriendo los diarios de Marco Aurelio, san Agustín, Ana Frank y Etty
Hillesum para descubrir por qué algunos de los hombres más lúcidos de la
historia consideraron que escribir era una de las mejores maneras de aprender a
vivir.

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