Prepararnos
para vivir
Pasamos buena parte de
nuestra vida preparándonos para cosas que todavía no han ocurrido.
Estudiamos pensando en
un trabajo futuro, ahorramos un dinero que podríamos gastar hoy, cuidamos
nuestro cuerpo para una vejez que quizá tarde muchos años en llegar.
Parece razonable.
Pero también conocemos personas que han pasado tanto tiempo preparándose para vivir que, cuando finalmente levantan la cabeza, descubren que la vida era precisamente aquello que estaba sucediendo mientras se preparaban.
Los tres cerditos plantea este problema de una manera mucho más
interesante de lo que solemos recordar. Los dos primeros construyen rápidamente
sus casas; el tercero emplea más tiempo y esfuerzo en levantar una casa de
ladrillo. Lo importante es que, cuando toman sus decisiones, el lobo todavía no
ha aparecido. El tercer cerdito hace algo difícil: incorpora a sus decisiones
presentes la posibilidad de un futuro que aún no puede ver.
Los griegos tenían dos
figuras magníficas para expresar esta diferencia: Prometeo y Epimeteo. Sus
nombres aluden, aproximadamente, al que comprende antes y al que comprende
después. Epimeteo también acaba comprendiendo lo que ha ocurrido; el problema
es que lo hace cuando ya es demasiado tarde. Y quizá una parte importante de la
prudencia consista precisamente en eso: ser capaces de comprender algunas cosas
antes de que la realidad nos obligue a comprenderlas.
Hay cosas que sólo
podemos construir antes de necesitarlas. Una amistad cuando todavía no estamos
solos. Unos ahorros antes de que aparezca el problema. Una formación antes de
perder el trabajo. Un cuerpo cuidado antes de enfermar. Una cierta vida
interior antes de que llegue la pérdida. Cuando aparece el lobo, no siempre
tenemos tiempo de improvisar los ladrillos.
Pero aquí el cuento da
un giro que quizá hemos olvidado. En la versión tradicional, la historia no
termina cuando el lobo fracasa ante la casa de ladrillos. El tercer cerdito
sigue saliendo. Va a buscar comida, recoge manzanas, acude a una feria. Es
decir: vive.
Y esto cambia bastante
la moraleja. La casa sólida no está construida para encerrarse dentro de ella.
Está construida precisamente para que sea posible salir.
También nosotros
podemos convertir la prudencia en miedo. Podemos ahorrar tanto para mañana que
dejemos de disfrutar hoy; protegernos tanto del dolor que acabemos evitando el
amor; buscar tanta seguridad que terminemos construyendo una vida en la que ya
no sucede nada.
Prepararse para el
futuro no debería significar sacrificar el presente. Quizá consista en algo más
difícil: construir un presente que tenga futuro.
El tercer cerdito
necesita una casa suficientemente sólida para protegerse del lobo, pero también
una puerta por la que salir al mundo.
De esto hablo en el
nuevo vídeo de Tinta y Caos: Los tres cerditos: ¿prepararse o vivir?

No hay comentarios:
Publicar un comentario