sábado, 22 de agosto de 2026

Prepararnos para vivir

 



Prepararnos para vivir

Pasamos buena parte de nuestra vida preparándonos para cosas que todavía no han ocurrido.

Estudiamos pensando en un trabajo futuro, ahorramos un dinero que podríamos gastar hoy, cuidamos nuestro cuerpo para una vejez que quizá tarde muchos años en llegar.

Parece razonable.

Pero también conocemos personas que han pasado tanto tiempo preparándose para vivir que, cuando finalmente levantan la cabeza, descubren que la vida era precisamente aquello que estaba sucediendo mientras se preparaban.

Los tres cerditos plantea este problema de una manera mucho más interesante de lo que solemos recordar. Los dos primeros construyen rápidamente sus casas; el tercero emplea más tiempo y esfuerzo en levantar una casa de ladrillo. Lo importante es que, cuando toman sus decisiones, el lobo todavía no ha aparecido. El tercer cerdito hace algo difícil: incorpora a sus decisiones presentes la posibilidad de un futuro que aún no puede ver.

Los griegos tenían dos figuras magníficas para expresar esta diferencia: Prometeo y Epimeteo. Sus nombres aluden, aproximadamente, al que comprende antes y al que comprende después. Epimeteo también acaba comprendiendo lo que ha ocurrido; el problema es que lo hace cuando ya es demasiado tarde. Y quizá una parte importante de la prudencia consista precisamente en eso: ser capaces de comprender algunas cosas antes de que la realidad nos obligue a comprenderlas.

Hay cosas que sólo podemos construir antes de necesitarlas. Una amistad cuando todavía no estamos solos. Unos ahorros antes de que aparezca el problema. Una formación antes de perder el trabajo. Un cuerpo cuidado antes de enfermar. Una cierta vida interior antes de que llegue la pérdida. Cuando aparece el lobo, no siempre tenemos tiempo de improvisar los ladrillos.

Pero aquí el cuento da un giro que quizá hemos olvidado. En la versión tradicional, la historia no termina cuando el lobo fracasa ante la casa de ladrillos. El tercer cerdito sigue saliendo. Va a buscar comida, recoge manzanas, acude a una feria. Es decir: vive.

Y esto cambia bastante la moraleja. La casa sólida no está construida para encerrarse dentro de ella. Está construida precisamente para que sea posible salir.

También nosotros podemos convertir la prudencia en miedo. Podemos ahorrar tanto para mañana que dejemos de disfrutar hoy; protegernos tanto del dolor que acabemos evitando el amor; buscar tanta seguridad que terminemos construyendo una vida en la que ya no sucede nada.

Prepararse para el futuro no debería significar sacrificar el presente. Quizá consista en algo más difícil: construir un presente que tenga futuro.

El tercer cerdito necesita una casa suficientemente sólida para protegerse del lobo, pero también una puerta por la que salir al mundo.


De esto hablo en el nuevo vídeo de Tinta y Caos: Los tres cerditos: ¿prepararse o vivir?

https://youtu.be/VB8YsUGDQlA

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