lunes, 11 de mayo de 2026

La nostalgia y el regreso

Hoy entendemos la nostalgia como una especie de melancolía dirigida hacia el pasado. Echamos de menos una época, una persona, una situación que ya no está. Y eso es cierto. Pero quizá no sea exactamente el sentido originario de la palabra.

“Nostalgia” viene de dos términos griegos: nostos y algia. Algia significa dolor. Nostos, regreso. Más exactamente: regreso al hogar.

La nostalgia sería entonces el dolor del regreso.

Y esto cambia bastante las cosas.

Porque en Homero —que es donde el asunto adquiere una dimensión decisiva— la cuestión no consiste simplemente en recordar tiempos mejores. Ulises no vive atrapado en una especie de sentimentalismo retrospectivo. La Odisea no es la historia de alguien que añora el pasado, sino la de alguien que intenta volver a casa sin perderse por el camino.

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Regresar al hogar, a los suyos, a sí mismo.

Por eso quizá la nostalgia puede adoptar dos formas muy distintas.

Puede convertirse en refugio paralizante. Hay personas que viven instaladas en el recuerdo, comparando continuamente el presente con un pasado idealizado. Y entonces la nostalgia deja de orientar la vida para sustituirla. Uno deja de caminar y empieza simplemente a habitar el recuerdo.

Pero existe también otra posibilidad.

A veces el recuerdo de algo valioso —una experiencia, una persona, una forma más verdadera de vivir— actúa como una especie de brújula interior. No para encerrarnos en el pasado, sino para ayudarnos a orientarnos hacia delante.

Tal vez por eso el ser humano no puede vivir sólo de cálculo, utilidad o pura adaptación práctica. Necesita sentido. Necesita imágenes capaces de orientarlo. Necesita algún tipo de hogar espiritual hacia el que caminar.

Y quizá ahí siga hablándonos Homero, después de tantos siglos.

Porque todos, de una forma u otra, estamos intentando regresar a casa.

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