domingo, 20 de septiembre de 2026

Una puerta

 A veces necesitamos apartarnos. Después de haber sido heridos, juzgados o simplemente agotados por el ruido de los demás, la soledad puede convertirse en un refugio. Cerramos la puerta y, por fin, descansamos. Hay puertas que es necesario cerrar. El problema comienza cuando, para asegurarnos de que nadie vuelva a hacernos daño, echamos la llave y acabamos tapiando la puerta. Entonces el refugio se convierte poco a poco en fortaleza.

Una fortaleza es un lugar magnífico para que no entre el enemigo. La dificultad es que tampoco entra nadie más. Podemos construir una vida en la que nadie pueda arrebatarnos la libertad, alterar nuestra paz o decepcionarnos. Pero quizá algunas de las cosas que hacen que la vida merezca la pena solo pueden llegar desde fuera. Por eso una casa necesita paredes, pero también una puerta.

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