domingo, 1 de marzo de 2015

El poliedro educativo


El poliedro educativo




Manuel Ballester


El asunto de la educación se asemeja a un poliedro con muchas caras. Una de ellas viene constituida por la perspectiva del alumno. Todos la conocemos de primera mano, sabemos cómo percibe los deberes y los juegos, el periodo lectivo y las vacaciones y con qué vivas tonalidades pinta el maravilloso País de los juguetes descrito en Las aventuras de Pinocho: "allí no hay escuelas, allí no hay maestros, allí no hay libros. En ese bendito país no se estudia nunca. El jueves no se va a la escuela; y las semanas se componen de seis jueves y un domingo".

Perspectiva comprensible para todo aquel que ha sido niño y alumno. Se entiende que Pinocho y su compañero Lucignolo acudan a ese fabuloso país ¿Qué niño no lo haría? Porque desde el ángulo del alumno no se ve que el disfrute en el País de los juguetes acaba convirtiendo a los niños en burros.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Requisito de grandeza

 «el hombre selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone»,


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

domingo, 15 de febrero de 2015

"Estrategia" populista

 «En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías. Esto puede servir como símbolo del comportamiento que, en vastas y sutiles proporciones, usan las masas actuales frente a la civilización que las nutre»,


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Estado

«Imagínese que sobreviene en la vida pública de un país cualquiera dificultad, conflicto o problema: el hombre-masa tenderá a exigir que inmediatamente lo asuma el Estado, que se encargue directamente de resolverlo con sus gigantescos e incontrastables medios.
Este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado»,


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

jueves, 5 de febrero de 2015

La "irritante" vocación

Tener vocación para algo y sentirse vocacionalmente llamado a ello es algo hermoso que le pasa a ciertas personas. Quizá a todas.

La vocación parece algo no sólo hermoso sino también profundo, arrebatador, que moviliza (motiva, dicen en el lenguaje al uso) las energías del sujeto para dedicarse a una tarea precisa.

Tiene, como es sabido, entraña religiosa. Así se entiende que alguien sienta la llamada, la vocación, abandone la vieja Europa y se vaya al Tercer Mundo o al Quinto Pino a curar enfermos o enseñar analfabetos.

Me parece admirable. Con una condición: que no se confunda la vocación con la competencia profesional. Puede que el motivo (subjetivo) por el que alguien abandona las comodidades de su vida burguesa sea que se siente llamado, pero si quiere sanar enfermos tendrá que aprender medicina y ser un médico competente.

La vocación hace referencia a las motivaciones subjetivas escondidas en lo profundo de nuestra alma y Dios, que ve lo escondido, lo premiará. Por la vocación están donde están, pero si sanan enfermos es porque saben medicina y porque saben matemáticas las enseñan.

Cuando se dice que alguien es un "maestro vocacional" es como si a un enfermo de ébola se le dice que le envían un "misionero vocacional". Casi prefiero un médico profesionalmente competente, sin entrar en sus interioridades vocacionales. De maestros vocacionales, otro tanto.

miércoles, 21 de enero de 2015

El hombre-masa y el niño mimado

Dos rasgos del hombre-masa: «la libre expresión de sus deseos vitales -por lo tanto, de su persona- y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado»



Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

martes, 20 de enero de 2015

Celebraciones, alegría y jarana

Cuando la fiesta celebra algo, el gozo apunta hacia lo que es motivo de alegría. Todos sabemos qué celebramos y el festejo mira a los otros, los invita a alegrarse también. Porque la soledad no es buena para el hombre.

Puede haber fiesta que no celebre nada porque no tiene causa y suple con bullicio la falta de fundamento. Entonces el bullicio se concreta en sobreexcitación y ajetreo.


Ejemplos… A buen, pocas. A mal, para qué.