viernes, 4 de agosto de 2017

Mera cultura

Es propio de niños asumir todo lo que se les da como un derecho. Todo: la comida, la ropa, el afecto, la lengua, la educación… la vida, en suma. Con su dimensión biológica y su elevación cultural.
Y está bien que los niños se nutran de ese líquido amniótico. Para que crezcan y se fortalezcan protegidos. Está bien que el niño sea infantil... porque es niño.
Ese infantilismo es letal cuando se mantiene en adolescentes y gentes de más edad.
Así lo ve Ortega, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo, por si interesa:

«el hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la naturaleza, y no piensa nunca en los esfuerzos geniales de individuos excelentes que supone su creación. Menos todavía admitirá la idea de que todas estas facilidades siguen apoyándose en ciertas difíciles virtudes de los hombres, el menor fallo de los cuales volatilizaría rápidamente la magnífica construcción».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

jueves, 3 de agosto de 2017

Masa y poder

El poder es sinónimo de fuerza. Debiera serlo también de autoridad.
La masa es fuerza, poder ciego. Atropella cuanto se pone en su paso. Tanto tonto útil que los pícaros saben encauzar.
Con permiso de Canetti, es lo que da de sí la masa y el poder. Y quizá por eso Ortega dice lo que dice. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Así ha sido siempre el poder público cuando lo ejercieron directamente las masas: omnipotente y efímero. El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

martes, 1 de agosto de 2017

El niño y el éxito

El niño dice que ve al rey desnudo.
Los expertos en medrar del engaño, no.
¿Se creerán la falsedad o se despreciarán?
A eso le llaman realismo y pragmatismo. Y traje a lo del rey. Será por nombres…

Vida y libertad

Estar vivo significa participar en un movimiento, un proceso hacia sí mismo y la plenitud, si hemos de fiarnos de Aristóteles. Y así van los seres vivos, desde la ameba al elefante.
El hombre también. Eso sí, el hombre lo sabe. Sabe que hay una plenitud que le es propia y única. Que le está esperando como un ideal. Que necesita de su decisión para hacerse real. Para hacerlo real. El hombre lo sabe y vive bregando para realizar una existencia superior. O mira para otro lado y se funde en la masa, que también podría ser.
Y no es lo mismo. O algo de esto podría leerse en Ortega, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:


«Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

viernes, 28 de julio de 2017

Herencia y circunstancia

Nuestra herencia, lo que recibimos, constituye la condición de posibilidad de nuestra vida.
Haber intentado comprender al hombre como si sólo la herencia biológica fuera algo serio es un error, otro más, de las sedicentes ciencias de la educación.
Y si no, que lo diga Ortega. Y ahí lo dejo. Por si interesa:


«La circunstancia —las posibilidades— es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. Ello constituye lo que llamamos el mundo».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

jueves, 27 de julio de 2017

Perfección o realidad

Que la perfección no es de este mundo, sino de otro, es una lectura posible de Platón. Y si tiene razón, y no sería la primera vez, también ha de entenderse que hay que tener paciencia porque este mundo va como puede. Este mundo, y las gentes de este mundo. Y todos somos gente.
Algo de esto le entiendo a Ortega. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«cuando algo que fue ideal se hace ingrediente de la realidad, inexorablemente deja de ser ideal».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

martes, 25 de julio de 2017

Pasar por el mundo. O construirlo

La vida que vamos haciendo se teje en los vínculos que establecemos.
Con los demás, naturalmente.
Pero el modo en que cada quien se relaciona consigo mismo quizá no sea baladí y, también quizá, sea la base del resto de afinidades electivas.
Y ahí mismo, en ese cimiento, cabe ver dos grandes tipos de personas. O algo de esto le entiendo a Ortega. Y aquí lo dejo. Por si interesa:

«Y es indudable que la división más radical que cabe hacer de la humanidad es ésta, en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva».


Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.