martes, 16 de enero de 2018

Ante el mal

Ocurre a veces en la vida que nos encontramos en una mala situación: una calamidad mediana o un infierno en toda regla.
A veces nuestra torpeza o malicia nos ha llevado ahí; en otras ocasiones nuestra bondad o inocencia ha permitido a otros acorralarnos.
Tanto da. El caso es que llegamos a un mal paso. Entre Escila y Caribdis, que diría Homero.
A algunos la pasividad les puede. Se bloquean. No saben qué hacer. No han entendido a Ulises: cuando se está en un infierno hay que correr, moverse, actuar. Si ahí se está mal, si así se está mal, hay que hacer algo para cambiarlo. No hay otra opción.

Algo de esto dice Vargas Llosa, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

 «Cuando las cosas no tenían marcha atrás, no valía la pena perder el tiempo preguntándose si hubiera sido preferible que no ocurrieran. Mejor tratar de enrumbarlas por el buen camino. Siempre era posible enderezar lo que andaba torcido»,

Mario Vargas Llosa, El sueño del celta

lunes, 15 de enero de 2018

Pensar y vivir con claridad

Si hemos de creer a Platón (que, en eso, coincide plenamente con Aristóteles) los animales y los dioses tienen en común la certeza en el saber: saben sin indagar, tienen a mano el conocimiento que necesitan.
Los demás tenemos que buscar para aclararnos. Los demás, en otros términos, tenemos la tarea vital de buscar amorosamente la sabiduría, que en eso consiste la filosofía.
La tarea del filósofo es, pues, quehacer que tiene que ver con aclarar, con salir de la caverna y el embrollo para vivir en la luz y la claridad.
Asunto complejo, a juzgar por algunos argumentarios de sedicientes pensadores que, más que cooperar a esa tarea tan humana, parece impulsar la sedición respecto a ella.

Algo de esto dice Ortega, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:
  
«la claridad es la cortesía del filósofo»,

Ortega y Gasset, El hombre y la gente

lunes, 18 de diciembre de 2017

Realidad y Razón

Qué son los conceptos o, lo que es lo mismo, cuál es el estatuto de los universales, es asunto que se ha tratado largamente en la historia del pensamiento.
Hay quienes sostienen (Platón, sin ir más lejos) que son la realidad más real, quedando este mundo como mera copia o participación, en cualquier caso un mundo sensible pero escasamente inteligible y como a medio hacer, imperfecto e inferior (aunque se enfade Nietzsche).
Sin llegar a esos extremos, Aristóteles sentencia que sobre lo particular no hay ciencia, que el saber científico versa sobre los universales, los conceptos.
Hay, en definitiva, una actitud que consiste en volver la espalda a lo particular, a lo existente, sea porque es inferior, sea porque es difícilmente pensable, sea porque la ciencia no puede hincarle el diente.
Kant en la Crítica de la razón pura briega con estos asuntos, con las sensaciones, las formas, las categorías, las ideas… Y queda delimitado, de-marcado, el ámbito de la ciencia, el dominio de la razón. Y también la apertura al particular aber ich denke überhaupt porque somos, sobre todo, seres pensantes. Razonar, hacer ciencia, es un modo. Sólo eso. Hay más.

Decir que hay algo (sea lo que sea “ese algo”) y nada más lleva al cierre, al -ismo.

Algo de esto le entiendo a Ortega. Ahí lo dejo, por si interesa:

 «el racionalismo es una forma de beatería intelectual que al pensar sobre una realidad procura tener a ésta lo menos posible en cuenta»,
Ortega y Gasset, El hombre y la gente

domingo, 17 de diciembre de 2017

Atinar

Es difícil escapar de los modos de ver el mundo que están vigentes en cada momento que, por eso y en otras palabras, son modas. Y las modas, lo moderno, van y vienen al son de nuevas in-novaciones.
En suma, la amalgama de idola fori et tribus, que diría Bacon, que a veces nos hace olvidar quién somos e intentar aparecer y actuar de otro modo: un modo superior o inferior, tanto da, pero que nunca es mejor, sencillamente porque no es el que toca.

Los tiempos, las modas y los idola cambian, pero Sísifo acarrea y tropieza una y otra vez con la misma piedra.

Atinar con lo que toca, sin pasarse ni quedarse corto, es cuestión tan difícil como valiosa. Aristóteles la llamó excelencia, areté, y nosotros heredando el término latino solemos denominarla con el gastado nombre de virtud.

Quizá por eso Ortega, gastando tanta claridad como ironía, dice lo que dice. Ahí lo dejo. Por si interesa :

 «a mediados del último siglo y comienzos de éste la filosofía, so el apodo de positivismo, pretendía ser una ciencia, es decir quería «hacer de ciencia», pero no hay que formalizar la cosa, se trata sólo de un breve ataque de modestia que la pobre sufrió!».

El hombre y la gente.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Dios, luz y ausencia

El concepto es un instrumento con el que entendemos las realidades (la sensación sin concepto es ciega, dirá Kant) o un medio en el que entendemos las cosas. El concepto es, en cualquier caso, algo tan distinto de la realidad conceptualizada como del sujeto pensante: es un tercero.
Por otra parte, nadie reza a un concepto. Dios, si es, no es un concepto.
Sirvan estas obviedades para entender por qué gentes de corte intelectual, que buscan y gustan de conceptos, al llegar a Dios su pensamiento se enmaraña. Como si la luz les deslumbrara al salir de la caverna, que diría Platón. Quien lo probó, lo sabe. El que no, no sabe nada.

Quizá por eso Ortega dice lo que dice. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«Dios no es nunca un tercero, porque su presencia está hecha de esencial ausencia; Dios es el que es presente precisamente como ausente, es el inmenso ausente que en todo presente brilla —brilla por su ausencia—».

El hombre y la gente.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Sentido de la juventud

Cada época de la vida tiene su tarea, tiene algo que aportar a la vida en su conjunto. Y volcarse vibrante a ese quehacer constituye la plenitud, el sentido de ese momento. Y madurar, para iniciar con paso firme la siguiente etapa, la siguiente tarea.
Hay tiempo de sembrar y de recoger, de enamorarse y de pasear nietos. Todo fascinante cuando se hace a su debido tiempo. Todo con ventajas, gozos y esfuerzos, éxitos y fracasos, que de todo hay.
Pero no hay una etapa en la vida que consista en no hacer nada, en el simple vivir de las rentas ajenas.

Quizá por eso Ortega dice lo que dice, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:
  
«La juventud de ahora, tan gloriosa, corre el riesgo de arribar a una madurez inepta. Hoy goza el ocio floreciente que le han creado generaciones sin juventud»,

Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Elegir la sumisión

La naturaleza humana es deficitaria en muchos aspectos. Es un modo de decir que no hay ajuste entre lo que somos y nuestra propia plenitud.
Se puede vivir esa carencia como menesterosidad, como necesidad o, como diría Hegel, como negatividad. También es posible vivirla como posibilidad, potencia o virtualidad, como acentúa Aristóteles. Cada quien la vive a su manera.
Bien es cierto que quien fía el logro de su plenitud personal al otro, al reconocimiento (al decir de Hegel), muestra su dimensión más pobre. No es la única posibilidad, pero así viven algunos sus desajustes.
Y así lo describe Ortega, si lo entiendo bien. Y ahí lo dejo. Por si interesa:

«El gesto servil lo es porque el ser no gravita sobre sí mismo, no está seguro de su propio valer y en todo instante vive comparándose con otros. Necesita de ellos en una u otra forma; necesita de su aprobación para tranquilizarle, cuando no de su benevolencia y su perdón. Por eso el gesto lleva siempre una referencia al prójimo. Servir es llenar nuestra vida de actos que tienen valor sólo porque otro ser los aprueba o aprovecha. Tienen sentido mirados desde la vida de este otro ser, no desde la vida nuestra. Y esta es, en principio, la servidumbre: vivir desde otro, no desde sí mismo»,

Ortega y Gasset, La rebelión de las masas.