jueves, 3 de octubre de 2019

El esclavo de los abalorios



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El esclavo de los abalorios




Manuel Ballester


Entre los muchos méritos literarios de Herman Hesse (1877-1962) que contribuyeron a la concesión del premio Nobel de literatura (1946) destaca El juego de los abalorios (1943). El subtítulo de la obra, Ensayo de biografía de Josef Knecht, 'magister ludi', seguido de los escritos que dejó, presenta a la persona, al personaje, que servirá de hilo conductor.

La obra pinta una sociedad futura que aglutina la sabiduría que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de milenios. Es una comunidad que ocupa un espacio físico, la región de Castalia, y que se ejercita en la actividad intelectual. Lo que la inteligencia humana ha sido capaz de descubrir y construir, todo, puede ser enseñado y aprendido en Castalia.

martes, 1 de octubre de 2019

Leer


Leer tiene que ver con introducir en nuestro mundo algo externo. Integrarlo en una unidad de sentido que es nuestra perspectiva: para que la confirme o para que la zarandee; para que la fortalezca, en cualquier caso.
Leer es, por eso, una actividad (no pasividad) y una actividad individual porque cada uno es un mundo.

Algo de esto le entiendo a Gabriel Zaid. Y ahí lo dejo, por si interesa:

«Lo que yo leo nunca es lo que tú lees. Aunque lleguemos a compartir por completo una lectura, el centro de tu lectura está en ti, como el de la mía está en mí», La lectura concreta, p. 55.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Negro muerde perro






Negro muerde perro y otros cuentos progres




Manuel Ballester


Bertrand O,Dongo es camerunés, un negro. Así como suena. Podemos decirlo sin (excesivo) temor a la censura progre porque el muchacho es de Vox. En caso contrario, los de la corrección política nos obligarían a denominarlo “persona de color”. Un negro, como les decía. Circula por la mar oceána del internet un vídeo en que los de la monserga progre pacifista insultan a unos chicos de Vox con todo el repertorio: facista, xenófobo, ¡¡¡racista!!!, le dicen a Bertrand. Y él responde: “pero ¡si soy negro!”. Y la progresía, que nunca dejará que la realidad le estropee un buen insulto responde rápidamente: “racista con los pobres”.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Cambiar el mundo


Queremos que el mundo cambie. A mejor, claro. Pero formamos parte del mundo. Querer que el mundo cambie, incluso contribuyendo activamente a ello, es empezar por lo fácil y externo. Aunque no lo consigamos, siempre podrá decirse que hemos hecho lo que podíamos y que los malos, los culpables y “el infierno” son los otros.

Quizá por eso Gabriel Zaid dice lo que dice:

«No se puede cambiar el mundo sin cambiar la propia vida, ni cambiar la propia vida sin hacer que el mundo cambie. Y esos cambios requieren algún poder», “La ambición de la poesía total”, p. 44

jueves, 26 de septiembre de 2019

Comprender la experiencia


La experiencia de algo, la vivencia en primera persona, no es nada si no se incorpora en una vida comprendida, con sentido. Así se entiende lo que se vive, así nos entendemos a nosotros mismos.
Aunque todos experimenten el mismo paisaje, no es lo mismo el vagabundo o el turista que el peregrino porque, como diría Kant, la intuición sin conceptos es ciega.

Algo de esto le entiendo a Gabriel Zaid. Y ahí lo dejo, por si interesa:

«A toda persona le llega la visitación de una “noche del alma”. Pero uno, Juan de la Cruz, sabe leerla, reconocerla y sufrirla, mientras otro dice: “Qué aburrido me siento” y se pone a ver la televisión», Lo expresivo y lo oprimente, p. 38.

martes, 24 de septiembre de 2019

Compromiso, ideología y realidad



Es una pena que bastantes intelectuales se hayan comprometido con ciertas ideas en vez de con la realidad. Algo de esto le entiendo a Zaid:


“el poeta y el artista tienen en su contra tanto al intelectual “comprometido” como al tendero de la esquina. Y también a sí mismos, naturalmente”,
Zaid, G., “La efectividad poética”

lunes, 23 de septiembre de 2019

Lector y realidad




«Si leer no sirve para ser más reales, ¿para qué demonios sirve?»

 

La cuestión la plantea Gabriel Zaid. Y no es el único.

Leer supone apertura, sopesar pensamientos pensados por otros, experimentar sentimientos sentidos por otros… otros mundos. La apertura hace posible que nos enriquezcamos, que nos realicemos, que eso es hacernos más reales.

Pero se puede leer también para matar el tiempo, para confirmar nuestros pensamientos, para blindar nuestro mundo. Entonces no hay apertura sino simple lucha contra el aburrimiento o, peor, obsesión. Así, lejos de enriquecernos, la lectura puede cerrarnos y aislarnos. Y entonces, ¿para qué demonios sirve?