Una mirada a la sabiduría de los antiguos
Manuel Ballester
Al avanzar por la vida todos cometemos errores y tenemos
aciertos, caemos en trampas y salimos de enredos. Quien aprende a distinguir
los caminos que le llevan al desastre y los que le enriquecen, ese y no otro,
es sabio.
A veces la sabiduría llega con la edad madura, cuando ya no
podemos recoger los frutos. Los pueblos antiguos veneraban a los ancianos
precisamente por eso: por su sabiduría. Las familias sensatas veneran a los
abuelos precisamente porque en ellos reside la capacidad de guiar a las nuevas
generaciones.
A lo largo de la historia de la humanidad, cada pueblo ha
intentado transmitir lo mejor y más noble a las siguientes generaciones. Y lo
ha hecho mediante narraciones que bien podríamos llamar “sapienciales” porque
tienen la habilidad de ponernos ante las encrucijadas de nuestra vida y señalar
cuál es la mejor opción.
La Historia y enseñanzas de Ahikar (siglo VIII aC) recoge un relato de este tipo. Ahikar (al que también se denomina Ahiqar, Ajicar o Achiacharus) fue, al parecer, un célebre sabio asirio.