lunes, 31 de marzo de 2025

A propósito de Historias que no olvidarás, de Eduardo Camino

  

 


 

A propósito de Historias que no olvidarás, de Eduardo Camino

 

 

Hay cosas que olvidamos fácilmente; otras, nunca.

Podemos saber y, por tanto, olvidar fundamentalmente de dos modos. Esto lo expresa de manera hermosa la lengua italiana, que dispone de dos términos para referirse al acto de olvidar: dimenticare, que deriva del latín dementicare (de mens, mentis: mente), y apunta a un olvido racional o intelectual; y scordare, también del latín: ex-cordare, que literalmente significa “sacar del corazón”, refiriéndose a un olvido emocional, que se produce cuando algo que alguna vez ha significado mucho deja de resonar en nuestro interior. En definitiva, si hacemos caso a esta pista italiana, olvidar algo puede deberse a que lo hemos sacado de nuestro pensamiento (dimenticare) o de nuestro corazón (scordare).

El evocador título del libro de Eduardo Camino promete contarnos o recordarnos historias que aspiran a no ser olvidadas, que aspiran a permanecer en nosotros, sin ser expulsadas ¿de la mente o del corazón? Veamos cuál es el contenido y el enfoque.

Algunas de estas historias son sobradamente conocidas, forman parte del legado cultural universal y llegan a nosotros a través de grandes obras literarias como Los miserables, de Victor Hugo, que explora profundamente el sentido de justicia, misericordia y redención; El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, que simboliza la inocencia, la amistad y la necesidad vital de conexión auténtica; Los Buddenbrook, de Thomas Mann, una reflexión honda sobre la decadencia y el peso de la herencia familiar, sobre la pertenencia a la tradición (familiar, en primera instancia) y el margen de maniobra individual o, lo que es lo mismo, el peso de las decisiones libres sobre cada persona; o la célebre Apología de Sócrates, de Platón, tan breve como preñada de significado pues sitúa al hombre ante lo que importa y, por tanto, configura su actitud ante todo lo demás (la polis, la familia, sí mismo).

Alude también a otras historias que quizá hemos experimentado visualmente gracias al cine, como sucede con Cadena perpetua, un relato intenso sobre la libertad interior, la esperanza y la actitud correcta ante las circunstancias adversas.

Eduardo Camino presenta también historias menos conocidas o directamente inéditas para el lector. En estos casos, será imprescindible primero escuchar con atención, dejar que las palabras e imágenes propuestas por el autor se asienten lentamente en nuestra memoria, para que puedan convertirse en parte de esos recuerdos indelebles que iluminan y orientan nuestra vida.

El enfoque desde el que Eduardo Camino aborda todas estas narraciones no se limita a un mero repaso o resumen argumental; al contrario, busca penetrar en los niveles más profundos del significado humano. Son historias que intentan revelar algo sobre nosotros mismos, sobre nuestra naturaleza, nuestros anhelos y nuestros conflictos más íntimos. Se trata de historias sobre “el misterio del ser humano”, y es precisamente en este misterio donde radica su poder transformador y la razón por la cual, una vez leídas, difícilmente serán olvidadas. Porque, en última instancia, recordar y olvidar son actos que definen quiénes somos y en qué creemos, actos que muestran la huella que las historias han dejado en nuestro propio camino vital.

Los doce capítulos de la obra se organizan en tres partes: Distintas maneras de morir, Descubriéndonos ante las pruebas y Desenmascarando nuestro querer. Estas tres secciones componen un itinerario existencial completo.

Que a veces desertamos de la vida que nos corresponde es una evidencia que forma parte del misterio del ser humano ¿Qué nos impulsa a abandonar nuestra vida (¿y qué otra cosa es el morir?) y cambiarla por otra? Que se trate, como en alguna de las obras analizadas, de un alejamiento físico o interior, no cambia lo esencial: la decisión profunda de abandonar la vida que nos corresponde. No se trata tampoco que la otra vida sea mejor o peor, se trata de que no es la nuestra, se trata de que si una gallina eligiese volar, ya no sería gallina. La primera parte aborda diversas obras en las que el protagonista abandona su mundo, su hogar, a los suyos, es decir, su vida. El autor nos lleva a acercarnos a esos arquetipos humanos que hacen precisamente eso, tan extraño y alienante como frecuente. Quizá cada lector haya sentido alguna vez el extrañamiento respecto a la propia vida y la tentación, por tanto, de alejarse. Quizá por eso, el texto de Eduardo Camino, nos atañe, nos revela, nos muestra los caminos que nos han descaminado o que estuvieron a punto de hacerlo; habla, por tanto, con nosotros y de nosotros.

Nuestra identidad, lo que somos, no es algo estático. Se configura en lo que decidimos hacer en momentos decisivos, esos momentos que los griegos llamaron kairós, es decir, oportunidades o encrucijadas existenciales que destacan frente al tiempo cronológico, que discurre manso y plano. Cuando se nos presenta (o provocamos) una situación en la que debemos elegir, también nos estamos eligiendo a nosotros mismos: si, por ejemplo, alguien tiene la posibilidad de enriquecerse ilícitamente y lo hace, no sólo está optando por el dinero sino que está convirtiéndose en un delincuente. Lo mismo sucede en decisiones cotidianas menos dramáticas, como optar por la comodidad o por el esfuerzo en el día a día: cada elección nos construye y nos transforma. Esto revela la plasticidad de la naturaleza humana, nuestra peculiar capacidad de relacionarnos con la realidad (algo de lo que carecen las gallinas que, precisamente por eso, nunca se equivocan). Por decirlo en términos clásicos, esto revela la libertad.

Y llegamos así a la tercera parte de la obra. El hombre, para serlo, tiene que saber en qué consiste. Tiene que aceptar su mundo y su vida, tiene que elegirlo. Y eso es su tarea, su misión o su vocación, que por nombres no va a quedar. De ahí que la última sección se dedique precisamente a clarificar las fuentes y despliegue vital de la libertad.

Es difícil ser hombre. Ocurre muchas veces que no sabemos lo que queremos, ni lo que queremos ser, ni lo que somos. No lo sabemos, no está en nuestra mente y, aunque alguna vez hayamos tenido claridad conceptual, es relativamente fácil olvidarlo (“sacarlo de la mente”, dimenticare). Pero si este saber ha empapado nuestras entrañas, al buscar en los pliegues del alma, encontraremos nuestra verdad, nuestra realidad profunda y auténtica. Y este modo de saber es más difícil de olvidar (“sacarlo del corazón”, scordare). Conozcamos o no los relatos a los que se refiere la obra, podría ser que el libro de Eduardo Camino intente vitalizar esa dimensión íntima en la que habita nuestra verdad más profunda. En definitiva, esta última sección es una invitación a que cada lector reconozca y asuma su propio camino.



Publicado en la revista Letras de Parnaso, Año XII (II etapa), nº 91, pp. 122-123:

Enlace Revista (formato PDF para imprimir)

http://www.los4murosdejpellicer.com/EdicionesyPortadasPD/Edicion%2091%C2%A9.pdf

Enlace Revista (visualización en línea formato libro)

https://www.calameo.com/read/0005525923187b505876c

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