martes, 26 de mayo de 2026

Ulises, las sirenas y la pérdida del hogar

En la Odisea, Ulises no vence a las sirenas porque sea inmune a su canto. Al contrario: sabe perfectamente que también él puede sucumbir. Por eso necesita atarse al mástil y pide a sus compañeros que no lo liberen aunque lo suplique desesperadamente. Hay en Homero una intuición muy profunda: la libertad no consiste en obedecer cualquier deseo, sino también en reconocer que existen melodías capaces de arrastrarnos y que, a veces, necesitamos límites, memoria y ayuda de otros para no perdernos.

Pero quizá hay algo todavía más importante: Ulises puede resistir a las sirenas porque existe Ítaca. Existe un hogar al que regresar, una dirección, un sentido. Las sirenas son peligrosas precisamente porque apartan del camino.
Tal vez por eso la modernidad resulta tan inquietante. En el Ulises de Joyce, Bloom parece ya un hombre sin verdadera Ítaca: deriva entre estímulos, deseos y melodías en un mundo donde el hogar mismo se ha vuelto ambiguo. Y cuando desaparece el horizonte, las sirenas dejan de ser un desvío para convertirse en refugio.

 Algo de esta cuestión aparece también en el reciente vídeo sobre El Flautista de Hamelín:
https://youtu.be/121aZ5csCVc

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