miércoles, 12 de agosto de 2026

Camino y destino

Podemos movernos mucho y no ir a ninguna parte. Cambiar de ciudad, de trabajo, de relaciones, acumular experiencias y comenzar una y otra vez. Incluso podemos sentirnos en casa en lugares distintos. Pero cuanto más fácil resulta desplazarse, más inquietante se vuelve una pregunta: ¿cómo distinguimos el camino del simple vagar? Porque caminar no consiste sólo en avanzar. Para que haya camino parece necesario que exista también alguna dirección.

Quizá por eso identidad y destino están más relacionados de lo que parece. Para saber hacia dónde voy necesito saber de algún modo quién soy; pero también descubro quién soy cuando reconozco aquello hacia lo que merece la pena dirigir mi vida. Rilke se preguntaba por qué el hombre, mientras evita el destino, lo anhela con tanta fuerza. Tal vez podamos huir de muchas Ítacas, pero resulta más difícil vivir sin representarnos alguna. Porque incluso quien decide vivir sin destino necesita responder, tarde o temprano, a una pregunta: ¿hacia dónde estoy yendo?

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