martes, 17 de febrero de 2026

¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (2/2)

 

¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (2/2)

Gracia, intercesión y segunda oportunidad

(Segunda parte del artículo. Tras recorrer los primeros peldaños del amor —fascinación, aventura y transformación—, nos detenemos ahora en su forma más alta.)

 

 

Si el amor puede invitar a la transformación pero no imponerla, parecería que todo concluye donde el hombre decide quedarse.

Así ocurre en el Don Juan de Tirso de Molina o en el Don Giovanni de Mozart: el que no se transforma, cae. El juicio es implacable.

Pero Zorrilla se atreve a abrir una puerta que los otros cierran.

4. El amor como gracia y salvación

En Don Juan Tenorio ocurre algo inesperado.

Don Juan no se transforma a tiempo. No reorganiza su vida cuando el amor irrumpe. No llega a ser lo que Doña Inés necesitaba que fuera.

Y, sin embargo, la historia no se cierra en ese fracaso.

Doña Inés no ama sólo sintiendo ni sólo actuando. Ama intercediendo. Ama poniéndose delante. Ama ofreciendo su vida por la del otro.

Si Cyrano puede decir: “por tu felicidad daría yo la mía”, Inés da un paso más radical: por tu alma doy la mía.

Aquí el amor atraviesa el límite de lo humano. No busca sólo la felicidad del amado: busca su salvación.

Y esa salvación no llega como premio, ni como salario moral, ni como consecuencia automática del esfuerzo. Llega como don.

Don Juan no se salva por sí mismo (ni siquiera lo merece). Es salvado porque es amado.

Toda acción nos va configurando. Fumar nos hace fumadores. Vivir de cierto modo nos convierte en cierto tipo de persona. Amar nos construye como amantes. Amar bien nos hace dignos, nos hace verdaderos, nos da una forma interior coherente.

Podríamos pensar que, llegados a ese punto, merecemos ser amados. Tal vez. Pero el merecimiento no garantiza nada. Si somos amados, siempre será un don, un regalo, una gracia que nos rescata.

La salvación, el abrazo, cuando se da… viene de otro.

Por eso el amor más alto no es sólo aventura ni sólo transformación. Es gracia.

5. La escalera del amor

Si miramos el recorrido completo, aparece una progresión clara:

    • Fascinación romántica: puede absolutizarse y romperlo todo (Romeo y Julieta).
    • Aventura y profundización: el amor se convierte en acción y construye al amante (Cyrano).
    • Transformación: exige cambiarse a uno mismo para poder amar de verdad (Cyrano lo logra; Don Juan no).
    • Gracia y salvación: cuando el hombre fracasa, un amor mayor puede abrir una segunda oportunidad (Doña Inés).

6. ¿Y nosotros?

La literatura no nos ofrece teorías. Nos ofrece destinos.

 

Romeo ama intensamente y rompe la estructura.

Cyrano ama transformándose y se ennoblece.

Don Juan ama tarde y rehúye cambiar.

Doña Inés ama abrazando y salva a quien no lo merece.

 

No se trata de Julieta, Roxana o el Tenorio.

Es literatura: siempre se trata de nosotros.

 

¿Nos gustaría ser amados así, incondicionalmente, incluso cuando fallamos?

Y si alguien nos tendiera esa mano, ¿seríamos capaces de aceptarla?

¿Seríamos capaces de transformarnos?

¿Seríamos capaces de dejarnos salvar?

 

Seguimos leyendo para vivir intensamente.



No hay comentarios:

Publicar un comentario