¿El amor es “cuchi-cuchi”… o puede salvar? (2/2)
Gracia, intercesión y segunda
oportunidad
(Segunda parte
del artículo. Tras recorrer los primeros peldaños del amor —fascinación,
aventura y transformación—, nos detenemos ahora en su forma más alta.)
Si el amor puede
invitar a la transformación pero no imponerla, parecería que todo concluye
donde el hombre decide quedarse.
Así ocurre en el Don
Juan de Tirso de Molina o en el Don Giovanni de Mozart: el que no se
transforma, cae. El juicio es implacable.
Pero Zorrilla se atreve a abrir una puerta que los otros cierran.
4. El amor como gracia y salvación
En Don Juan Tenorio
ocurre algo inesperado.
Don Juan no se
transforma a tiempo. No reorganiza su vida cuando el amor irrumpe. No llega a
ser lo que Doña Inés necesitaba que fuera.
Y, sin embargo, la
historia no se cierra en ese fracaso.
Doña Inés no ama sólo
sintiendo ni sólo actuando. Ama intercediendo. Ama poniéndose delante. Ama
ofreciendo su vida por la del otro.
Si Cyrano puede decir:
“por tu felicidad daría yo la mía”, Inés da un paso más radical: por tu alma
doy la mía.
Aquí el amor atraviesa el límite de lo humano. No busca sólo
la felicidad del amado: busca su salvación.
Y esa salvación no llega como
premio, ni como salario moral, ni como consecuencia automática del esfuerzo. Llega
como don.
Don Juan no se salva por sí
mismo (ni siquiera lo merece). Es salvado porque es amado.
Toda acción nos va
configurando. Fumar nos hace fumadores. Vivir de cierto modo nos convierte en
cierto tipo de persona. Amar nos construye como amantes. Amar bien nos hace
dignos, nos hace verdaderos, nos da una forma interior coherente.
Podríamos pensar que, llegados
a ese punto, merecemos ser amados. Tal vez. Pero el merecimiento no garantiza
nada. Si somos amados, siempre será un don, un regalo, una gracia que nos
rescata.
La salvación, el abrazo,
cuando se da… viene de otro.
Por eso el amor más alto no es
sólo aventura ni sólo transformación. Es gracia.
Si miramos el
recorrido completo, aparece una progresión clara:
- Fascinación romántica: puede absolutizarse y romperlo todo (Romeo y Julieta).
- Aventura y profundización: el amor se convierte en acción y construye al amante (Cyrano).
- Transformación: exige cambiarse a uno mismo para poder amar de verdad (Cyrano lo logra; Don Juan no).
- Gracia y salvación: cuando el hombre fracasa, un amor mayor puede abrir una segunda oportunidad (Doña Inés).
6. ¿Y nosotros?
La literatura no nos
ofrece teorías. Nos ofrece destinos.
Romeo ama intensamente
y rompe la estructura.
Cyrano ama
transformándose y se ennoblece.
Don Juan ama tarde y
rehúye cambiar.
Doña Inés ama
abrazando y salva a quien no lo merece.
No se trata de
Julieta, Roxana o el Tenorio.
Es literatura: siempre
se trata de nosotros.
¿Nos gustaría ser
amados así, incondicionalmente, incluso cuando fallamos?
Y si alguien nos
tendiera esa mano, ¿seríamos capaces de aceptarla?
¿Seríamos capaces de
transformarnos?
¿Seríamos capaces de
dejarnos salvar?
Seguimos leyendo para vivir intensamente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario