martes, 16 de junio de 2026

La afinidad y la pertenencia

A menudo confundimos dos cosas distintas: la afinidad y la pertenencia.

La afinidad surge cuando encontramos personas que comparten nuestros intereses, nuestras ideas o nuestra sensibilidad. Produce una sensación agradable de comprensión mutua. Nos sentimos vistos, entendidos, acompañados.

La pertenencia es algo diferente.

No consiste necesariamente en pensar igual ni en compartir las mismas inquietudes. Consiste en estar vinculado. En formar parte de una realidad que nos sostiene incluso cuando aparecen las diferencias.

Por eso podemos sentir una gran afinidad hacia personas con las que apenas compartimos un tramo del camino. Y, sin embargo, pertenecer profundamente a otras con quienes mantenemos desacuerdos importantes.

Quizá una parte de la confusión contemporánea provenga de que buscamos pertenencia donde sólo hay afinidad. Esperamos que quienes piensan como nosotros se conviertan automáticamente en nuestro hogar.

Pero un hogar es algo más exigente.

La afinidad nos acerca.

La pertenencia nos arraiga.

Y no siempre coinciden.

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