domingo, 7 de junio de 2026

Los deseos y su origen

Solemos preguntarnos qué queremos conseguir. Un trabajo mejor, una relación, más tiempo, más dinero, más reconocimiento. Prestamos mucha atención al objeto del deseo porque creemos que ahí está la clave de nuestra felicidad. Sin embargo, quizá la pregunta más importante sea otra: ¿desde dónde nace ese deseo?

Hay deseos que brotan de necesidades reales. Necesitamos alimento, cobijo, afecto, seguridad. Hay otros que nacen de una insatisfacción que parece no agotarse nunca y que siempre reclama algo más. Pero existe también una tercera posibilidad. Hay deseos que nacen de una vida abundante, agradecida, capaz de salir de sí misma. El deseo de ayudar a un hijo, de alegrar a un amigo, de enseñar algo valioso, de que a otra persona le vaya bien. No son deseos impulsados por la carencia, sino por la generosidad.

Tal vez una parte importante de la madurez consista en aprender a distinguir unos de otros. No basta con preguntarnos qué deseamos. Conviene preguntarnos también quién seremos si ese deseo se cumple y qué dice de nosotros el hecho mismo de desearlo.

He reflexionado sobre esta cuestión a propósito de La pata de mono, de W. W. Jacobs, en este vídeo:

https://youtu.be/JM7zHiwxna0

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