martes, 19 de noviembre de 2013

20.1. Pinocho reemprende su camino

Attilio Mussino (1911)

En Atrapabobos sólo pueden vivir malas personas. De distinto tipo, pero ambos malos. Hay ladrones, gente que vive del engaño. Y ser estafador es ser mala persona. Y hay también gente que, por no saber estar en su sitio, son engañadas. Y carecer de habilidad, de juicio y corazón, es también malo.

Pinocho quiere ser buena persona. Su itinerario se encamina a convertirse en un bambino davvero, un hombre maduro, una persona en plenitud. Por eso, debe huir de ambos modos de ser. Por eso abandona esa ciudad.

Recupera así la orientación correcta. La libertad para dirigirse a su objetivo es la fuente de la alegría y el dinamismo con que reinicia su andadura.

lunes, 18 de noviembre de 2013

viernes, 15 de noviembre de 2013

Valor

«¿Qué importa sobren armas, si falta el valor? Eso más sería llevarlas para el enemigo»

Gracián, El criticón.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Moral-Debilidad


«El principio que extraemos de la debilidad de la naturaleza humana es el siguiente: las leyes morales nunca han de ser dispuestas con arreglo a la debilidad humana, sino que tales leyes han de presentarse como santas, puras y éticamente perfectas, independientemente de como quiera que sea el hombre. Esto es de suma importancia»

Kant, Lecciones de ética.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Tolerancia

«El ideal tolerante de muchos estriba en esa impúdica equidistancia que se cree ecuánime por tratar igual a los desiguales: a los que argumentan y a los cerriles, a las víctimas lo mismo que a sus perseguidores o a los cómplices de éstos, a los que ponen los muertos y a los que recogen los frutos de la matanza»

Arteta, Tantos tontos tópicos.

martes, 12 de noviembre de 2013

19. Le roban y, por tanto, es condenado

Carlo Chiostri (1901)

El final del capítulo anterior es transparente para el lector. Opaco para Pinocho, al que Collodi califica como dulce salado, dolce di sale: ha enterrado las monedas, las ha regado y ahora piensa que sólo tiene que esperar un poco para que la tierra le haga rico.
Cuando se dirige a recoger las riquezas esperadas, éstas van creciendo en su imaginación. Crecen y crecen y, al mismo ritmo, se incrementan las posesiones de ese «gran señor» que sería Pinocho. Y al mismo tiempo se olvida el destino originario del dinero: ya ha olvidado el frío de su pobre padre y el Abecedario, ahora quiere dulces, juguetes, palacios…

lunes, 11 de noviembre de 2013