Las panaderías no venden gasolina
Hay negocios que cambian y prosperan. La panadería de toda
la vida empieza a servir café, coloca unas mesas y convierte la compra del pan
en un momento de encuentro. La gasolinera incorpora una pequeña tienda, vende
pan recién hecho o prepara desayunos para quienes están de viaje. Han cambiado
mucho más de lo que parece, pero nadie diría que han dejado de ser una
panadería o una gasolinera.
En cambio, también existen empresas que parecen no saber ya qué son. Cada temporada prueban una idea distinta. Hoy venden una cosa, mañana otra. Abren una línea de negocio para cerrarla unos meses después. No transmiten la impresión de estar evolucionando, sino de ir tanteando a oscuras. El problema no es que cambien; el problema es que parecen haber perdido la respuesta a una pregunta elemental: ¿qué somos?




